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George W. Bush
La cantidad de activos monetarios disponibles en la economía se distingue de la liquidez del mercado, es decir de la capacidad que tiene este último para absorber las ventas de activos rápidamente y sin baja significativa de los precios.
Así, mientras la primera es permanente y resulta de fenómenos a mediano plazo, la liquidez de mercado es más frágil, pues para existir necesita la confianza en la calidad de los activos intercambiados. Y puede, a falta de eso, agotarse.
Las turbulencias recientes han demostrado que un sistema fundado en los financiamientos de mercado es más vulnerable a los desecamientos brutales de liquidez (en privaciones de divisas los banqueros privados y públicos argentinos pueden dar cátedra), que un sistema sustentado en la intermediación tradicional basada en los depósitos bancarios. Incluso si estos últimos siempre se pueden fugar en ausencia de un sistema adecuado de garantías.
La tempestad más formidable que se está viviendo después de décadas confirma que la transparencia es esencial para el funcionamiento de los mercados.
La crisis puso en evidencia también ciertas lagunas en materia de vigilancia. Se debe pensar de inmediato en un refuerzo de la disciplina del mercado a largo plazo, en la responsabilidad y en la capacidad de los inversores para hacer su propia evaluación de los riesgos de sus inversiones.
En el mercado financiero, el volumen de transacciones debe permitir efectuar sin demoras cualquier nueva operación a los precios indicados. Se comprobó que para muchos productos complejos, la naturaleza episódica de transacciones no permite disponer de un mercado secundario que provea precios reales.
En ausencia de transacciones efectivas, el sustituto que sería la valuación sobre la base de un modelo puede dar una falsa impresión de la liquidez para numerosos compartimentos de mercado o productos, y entonces la ilusión desaparece con la llegada de la crisis.
El ejemplo de los CDO de ABS (asset-backed securities) cuyo valor cayó por las diferencias importantes entre los precios de mercado y los precios estimados por los modelos, subraya la necesidad de rever en profundidad el tema de la valuación, pues esos activos han sido incorporados en ciertos portafolios, tales como los fondos comunes de inversión, debiéndose su valor ser calculado y publicado con mayor frecuencia.
Los mecanismos de transferencias del riesgo producen muchas incertidumbres ligadas a la transferencia. En particular, cuando se trata de la localización de los riesgos y de las pérdidas, cuyo descubrimiento reviste un carácter desordenado.
Numerosos inversores encontraron que riesgos importantes habían sido transferidos a otras entidades -los conductos ABCP y los vehículos de inversiones estructuradas (structured investment vehicle-SIV)- que habían adoptado estrategias agresivas de exposición al riesgo a corto plazo.
Ahora bien, esas entidades están mucho menos armadas que los bancos para hacer frente a un deterioro del riesgo de crédito y a una crisis de liquidez en período de tensión, circunstancia que ha incrementado las inquietudes de los inversores, y abierto el ojo a muchos abogados especializados.
El mejoramiento de la transparencia de los mecanismos de transferencia del riesgo de crédito es pues indispensable.
Una vez más la crisis ha mostrado que el hecho de sacar ciertos activos de los balances bancarios no significa que los bancos no estén expuestos a sus riesgos asociados.
Al contrario, la experiencia muestra que en razón de los diferentes compromisos que no se toman en consideración en una coyuntura favorable (garantías de crédito, líneas de liquidez, riesgo de reputación,), los bancos deben asumir esos riesgos desde que la situación se deteriora.
Con desdichada nostalgia algunos inversores ya no pueden abandonar su desconfianza. Se preguntan si no son banqueros negados a la más elemental sensatez aquellos que, alejados del análisis crediticio minucioso y deductivo, dirigen los establecimientos de crédito de la banca de negocios y de inversión, tanto en Estados Unidos como en Suiza o Francia.
Ciertos ahorristas se mantienen alertas a lo real y no oyen a los banqueros, a quienes acusan diciendo que no dicen la verdad. En Wall Street y en Lombard Street, tanto como en Francfort o Ginebra, algunos bancos huelen a misa terminada, a último cirio apagado antes de fusionarse o desaparecer.




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