27 de septiembre 2007 - 00:00

"Peronistas debemos conducir PJ"

El congelamiento de la vida interna y de la actividad del Partido Justicialista a lo largo de estos cuatro años no es sino un elemento más del proceso de depredación institucional que ha signado la actual gestión.

De la agresión a las instituciones fundacionales de nuestra Nación a la constante descalificación de todo adversario político, en el medio hemos asistido al bastardeo de principios constitucionales, a un uso y abuso tal de la excepcionalidad que acaba por convertirla en norma, al atropello de los partidos con el argumento de una transversalidad que pasará a la historia como sinónimo de la degradación de la política y, como corolario, a un infantil ideologismo que, de cara al mundo, ha tenido por resultado nuestro aislamiento en el escenario internacional.

  • Desorden

  • Desde la idea que como peronista tengo del orden, veo esta realidad como un gran desorden que exige perentoriamente que pasemos del actual estado de convulsión institucional a un estado de armonía en el contexto de una pacífica convivencia republicana.

    No es casual que nuestro partido haya estado en situación de desmovilización forzosa en estos años pues nos gobiernan los mismos que en el pasado pretendieron desconocer el liderazgo del General Perón y hoy alientan solapadamente la calumnia a su memoria. Si alguna vez fue el " entrismo", hoy es la pretensión de amordazar al peronismo para usar impunemente de sus símbolos al servicio de políticas ajenas.

    Concibo al Justicialismo como la expresión representativa y la síntesis prospectiva de la conciencia y de la ideología nacional. Y en tanto expresión de la opinión política mayoritaria del pueblo argentino, sostengo que es la única fuerza política capaz de hacer transitar el poder de decisión hoy en manos de estas circunstancias a manos de hombres y mujeres más capaces, más leales y más inteligentes.

    La Argentina necesita ser normalizada, ordenada y reconciliada. Es por ello que la voz, el mensaje y las categorías de observación de la realidad del Justicialismo no pueden estar ausentes en el debate nacional.

    En razón de lo dicho hasta aquí, he tomado dos decisiones que quiero comunicar por este medio.

    En primer lugar, mi apoyo a la candidatura de Alberto Rodríguez Saá, mi hermano y compañero de militancia, a la presidencia de la Nación, pues aspiro a ver a la Argentina en su conjunto impregnada de la misma política portadora de eficiencia, competitividad y solidaridad que colocó a todos los puntanos en el nivel de dignidad que todo argentino se merece por la sola condición de ser argentino. Y, simultáneamente con esto, ver a la Argentina integrada al orden mundial del siglo XXI, con el mayor grado posible de autonomía política, económica y cultural.

    En segundo lugar, comunico que no cesaré de recorrer mi querida Patria para instalar, en cada provincia y en cada región que la compone, las categorías de unidad, de solidaridad y de organización con las cuales me formulo contribuir a edificar una nueva columna vertebral del Movimiento Nacional Justicialista, integrada por todos aquellos cuadros, militantes y dirigentes dispuestos a ponerse a la Argentina arriba del hombro y a comprometer su presente y porvenir con el presente y porvenir de la Patria.

  • Reorganización

    No debemos desaprovechar el aporte y la experiencia, en el pensamiento y en la acción, de ningún compañero. Debemos reorganizarnos con el firme propósito de reconstruir el tejido social, político e institucional de la Nación.

    Y, reiterando la invitación formulada por Juan Perón al regresar al país, "abriremos las puertas de nuestra casa a todos aquellos que tengan inquietudes por el destino de la Patria; les tenderemos la mano sin reservas y disculparemos errores para que también se puedan disculpar los nuestros, si los hubiera".

    Es preciso dejar de lado todo tipo de cuestión personal o ideológica, para concentrarnos solamente en el bienestar del país y unidos y solidarios encaminarnos hacia un destino de paz y de felicidad.
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