Durante décadas, la comunidad médica mundial ha buscado una “bala de plata” para poner fin a las enfermedades relacionadas con el tabaquismo. Como médico y ex presidente de la Asociación Médica Mundial, me resulta frustrante que, mientras existe una solución que está funcionando en Suecia, muchas instituciones de salud a nivel global sigan ignorándola.
Por qué Argentina debería mirar a Suecia para acabar con el tabaquismo
Mientras gran parte del mundo lucha con tasas de consumo elevadas, en Suecia el tabaquismo cayó del 15% en 2008 a aproximadamente 5,3%. El descenso se explica por una estrategia de reducción de daños que promueve alternativas sin combustión, como el uso de nicotina sin quemar tabaco.
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Suecia está a punto de convertirse en la primera nación “libre de humo”, definida por la OMS como aquella con una prevalencia de tabaquismo inferior al 5%. Mientras gran parte del mundo lucha con tasas de consumo elevadas, en Suecia el tabaquismo cayó del 15% en 2008 a aproximadamente 5,3% en la actualidad. Esto no se debe a impuestos altísimos ni a prohibiciones generalizadas, sino a un concepto llamado reducción de daños del tabaco: ofrecer a los fumadores un puente hacia una vida más segura mediante las bolsitas de nicotina.
Datos de vida o muerte
Los resultados de la estrategia sueca se traducen en vidas salvadas, no solo en números. Los suecos tenemos la tasa más baja de mortalidad relacionada con el tabaco de toda la Unión Europea. Nuestra tasa de muertes por cáncer de pulmón es menos de la mitad del promedio europeo porque, aunque los suecos siguen consumiendo nicotina, dejaron de quemar tabaco. Como dijo el fallecido profesor Michael Russell: “La gente fuma por la nicotina, pero muere por el alquitrán”. Vemos tendencias igualmente positivas en enfermedades cardiovasculares y otros cánceres orales.
En 2024, los datos mostraron que aproximadamente el 21% de los canadienses que lograron dejar de fumar utilizaron cigarrillos electrónicos u otras alternativas similares para hacer la transición. En Suecia, ese porcentaje de transición a través de nicotina oral es aún mayor. Hemos demostrado que, si se ofrece a los fumadores un producto que suministra nicotina sin las 7.000 sustancias químicas presentes en el humo del tabaco, ellos lo eligen.
Una lección para Argentina
Argentina se encuentra hoy en una encrucijada. Sus responsables políticos tienen una oportunidad única e inmediata de adoptar el “milagro sueco” como modelo para el país. Insistir en un enfoque puramente prohibicionista o punitivo, el obsoleto modelo de “dejalo o morite”, condenará a millones de fumadores argentinos a una muerte prematura que podría evitarse.
En cambio, Argentina debería adoptar una regulación inteligente basada en el principio científico ya establecido de la proporcionalidad del riesgo. Esto significa regular los productos en función de su perfil real de riesgo, tratando a los cigarrillos combustibles —la forma más letal de consumo de tabaco— de manera distinta a alternativas significativamente menos dañinas, como las bolsitas de nicotina. Implica reconocer los productos de riesgo reducido como una herramienta legítima de reducción de daños.
Argentina puede ofrecer a sus millones de fumadores una salida probada, aceptable y efectiva de los mortales cigarrillos combustibles. La lección que deja Suecia es irrefutable: cuando se brinda a los fumadores adultos un producto que satisface su necesidad de nicotina sin el cóctel tóxico del humo del tabaco, la enorme mayoría elige la opción más segura. Se trata de ofrecer un camino realista para dejar de fumar.
Un llamado al sentido común y al coraje político
No tenemos que esperar un lejano y futurista avance médico para resolver la crisis mundial del tabaquismo. Ya contamos con las herramientas. Para Argentina, el camino hacia un futuro libre de humo exige el coraje político de seguir los datos claros y la evidencia acumulada, por encima de décadas de miedos infundados e ideologías enquistadas.
Si avanza con decisión para proteger el acceso a los productos de riesgo reducido y para informar a la población sobre ellos, Argentina puede replicar el éxito sueco y reducir drásticamente su carga nacional de cáncer, enfermedades respiratorias y cardiovasculares. Los costes humanos y económicos de no hacerlo son sencillamente abrumadores. Los datos son claros, los resultados están probados y la oportunidad es ahora. Es hora de que la voluntad política finalmente esté a la altura de la realidad médica.




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