Revolución Bernanke: auxilio a los bancos es a 10 años de plazo
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En la versión corregida del acuerdo queda asentado que afrontará los primeros u$s 1.000 millones de pérdidas que pudiera generar la liquidación de la cartera crítica transferida a la Fed. O, puesto en otros términos, Morgan tuvo que aceptar un pasivo contingente de u$s 1.000 millones para poder endulzar la oferta a los dueños de BS en otro tanto. No son, ni por asomo, cifras extravagantes. Dimon ya había reservado u$s 6.000 millones para cumplir su cometido -en primer lugar, para sufragar los costos previsibles de litigiosidad- así que todavía discurre dentro de los límites modestos de su presupuesto original. Si se piensa que su institución vale hoy u$s 33.000 millones más que antes de los anuncios, no cabe duda sobre quién se lleva la mejor tajada.
Cuando se cierre la compra de BS, la Fed de Nueva York proveerá un préstamo de u$s 29.000 millones y Morgan, otro de u$s 1.000 millones, que financiarán la citada cartera inmovilizada. Ambos a un plazo de 10 años. Los recursos de la Fed devengarán la tasa de descuento primaria (actualmente en 2,5%). La nota de Morgan -que rendirá la tasa primaria más 475 puntos base- estará subordinada a la de la Fed. Por ende, si la liquidación del portafolio generara quebrantos, Morgan sería el primero en absorberlos. Los activos serán administrados por una compañía de responsabilidad limitada constituida a ese exclusivo efecto bajo las normas del estado de Delaware.
La gestión operativa será confiada a Black Rock Financial Management conforme líneas de acción sugeridas por la Fed de Nueva York que apuntarán a «la minimización de la disrupción de los mercados financieros y la maximización del valor de recupero».
En los hechos, la Fed de Nueva York ha constituido un fondo especial de inversión (SIV) no muy distinto de los que tantos dolores de cabeza acarrearon a los bancos. Días atrás, se mencionó en estas páginas que «si la crisis de solvencia se agravase, y el Tesoro no dijese esta boca es mía para no malquistarse con plomeros y carpinteros, la Fed debería internarse por la cornisa de una disyuntiva: rechazar los pedidos de asistencia o, en silencio, convertirse en un caladero de activos averiados.




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