30 de marzo 2005 - 00:00

Rumsfeld comprobó que el país es clave para la paz regional

Ciertos sectores de la opinión pública vinculan la visita de Donald Rumsfeld, secretario de Defensa de los Estados Unidos, con presuntas dificultades en la relación bilateral. No se ha tenido en cuenta, una vez más, que en toda negociación lo decisivo es definir la posición propia, antes que esperar la propuesta de la contraparte.Y si de seguridad internacional y defensa se trata, bueno es señalar que la Argentina tiene desde hace tiempo una política de Estado apoyada en un consenso interpartidario bastante amplio, que va sufriendo las modificaciones propias de los nuevos tiempos, sin apartarse por eso de los acuerdos básicos. Con el tema Haití no podía haber turbulencia. La Argentina, Brasil y Chile definieron una política común al respecto. Se sumaron a una misión de paz resuelta en el seno de la ONU, cuyo carácter es básicamente humanitario y que debe concluir no sólo con la normalización política, sino muy en especial con la reconstrucción económica y social. Hay que poner sobre sus pies a un nuevo estado haitiano y para ello hace falta que la prometida ayuda económica llegue ya, pues la estabilización alcanzada es precaria. Esto fue planteado al secretario Rumsfeld, quien reconoció francamente el aporte argentino y regional. A futuro sólo resta ver los hechos.

Respecto de la radarización, con visita o sin visita del funcionario estadounidense, la Argentina ya había tomado la decisión de abordar un control más estricto de su espacio aéreo. Para este año fiscal, se han dispuesto 386 millones de pesos afectados a tres programas de modernización y construcción de radares, atendiendo a un doble objetivo: vigilar los vuelos no identificados que pueden ser vehículo de transporte de droga, armas o contrabando, y mejorar la seguridad de los vuelos aerocomerciales. La novedad en este caso es que se ha previsto un rol destacado para el INVAP ( Investigaciones Aplicadas Sociedad del Estado) en la investigación, el desarrollo y la construcción de los radares. Esto contribuirá al crecimiento de la ciencia y técnica locales, elemento imprescindible para contar con una industria de producción para la defensa sustentable en el tiempo y que pueda ofrecer puestos de trabajo de alta calidad.

• Cooperación

El compromiso argentino en la lucha contra el terrorismo es claro y decidido. No podría ser de otra manera, no sólo porque hemos sufrido dos atentados criminales que no olvidamos. Sabemos que la cooperación internacional es decisiva en estos asuntos y por ello debemos continuar en ese camino, porque en este punto el interés es compartido no sólo por los Estados Unidos, sino también por la comunidad de naciones.

En cuanto a la gobernabilidad democrática en América del Sur, no puede haber objetivo más deseado que éste.

Sabemos de los problemas que afectan al arco andino, y, para alejarel fantasma de la ingobernabilidad, tanto la Argentina como Brasil han hecho y seguirán haciendo esfuerzos constantes para ayudar a consolidar el sistema político boliviano, del mismo modo que se hace también con Venezuela.

Estados Unidos ha terminado por entender que la principal contribución que pueden hacer países como la Argentina es ayudar a crear un ambiente de seguridad, paz y desarrollo en el Cono Sur
. El rol de nuestro país en este sentido es uno de los aspectos más positivos de la política exterior de los gobiernos democráticos desde 1983 hasta el presente. Nuestras Fuerzas Armadas necesitan ejercitar sus aptitudes profesionales con otras fuerzas de países más desarrollados en la materia. En un mundo globalizado no se puede vivir en el aislamiento y menos aún convalidar la postergación profesional. De ahí la importancia de los ejercicios combinados o conjuntos. Pero el logro de este objetivo no puede lesionar la política argentina de derechos humanos, que entre sus pilares tiene la construcción de un sistema internacional de justicia que ponga en el banquillo a los acusados de genocidio y otros crímenes de lesa humanidad. El Tratado de Roma, mediante el cual se creó la Corte Penal Internacional, fue aprobadopor una inmensa mayoría de naciones, entre ellas la Argentina, que no sólo fue uno de los impulsores más activos de esta iniciativa, sino que además ha aportado el fiscal del tribunal y su adjunto. Entonces no es admisible que se eche por tierra todo este esfuerzo, para terminar aceptando la pretensión americana de exceptuar a sus ciudadanos de las obligaciones del mencionado tratado, concediéndoles una inmunidad amplia frente a esos jueces.

En ese caso, estaríamos contrariando lo que se construyó con tanto empeño. A futuro, les corresponderá a las cancillerías de ambos países analizar qué soluciones se podrían encontrar a lo que es sin duda una diferencia por ahora insalvable, al menos tal como está el tema en el ámbito parlamentario.

Por último, la apuesta argentina a la construcción de la paz universal, que se ha concretado en el Cono Sur, es fuerte y permanente en el tiempo. Ese objetivo estratégico les da forma y sustancia a las políticas de defensa y seguridad internacional, y desde ahí se puede hacer una lectura fiel de las posiciones argentinas, que se han tornado confiables, predecibles y claras. Uno de esos logros es haber alejado el espectro de la guerra en el extremo sur del continente.

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