Servicios basados en el conocimiento, por debajo de su potencial en Argentina

Opiniones

Con ventas al exterior por u$s5,8 mil millones, los servicios basados en el conocimiento (SBC) son el tercer complejo exportador de Argentina después del oleaginoso y el cerealero. Pero en comparación con el mundo, los resultados son menos alentadores.

Con ventas al exterior por u$s5,8 mil millones, los servicios basados en el conocimiento (SBC) son el tercer complejo exportador de Argentina después del oleaginoso y el cerealero. A pesar de la caída reciente, en la última década estas actividades pasaron de representar 5,6% a 8,1% de las exportaciones totales.

Sin embargo, al comparar el desempeño con el resto del mundo los resultados son menos alentadores. Entre 2008 y 2019, las exportaciones argentinas de SBC crecieron 49%, a menor ritmo que el total mundial (82%) e incluso que América Latina (62%). Durante el mismo período, las ventas externas de estos servicios aumentaron 67% en Chile, se triplicaron en Colombia y se multiplicaron aproximadamente por cuatro en Costa Rica y Uruguay.

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*Elaboración propia con datos de OMC y FMI

La ley de economía del conocimiento que entró en vigor a fines de 2020 prevé incentivos fiscales y algunos beneficios adicionales para las empresas de SBC en Argentina. Si bien constituye un paso importante, la carga tributaria sigue siendo muy elevada frente a otros países de la región y del resto del mundo, especialmente teniendo en cuenta la “guerra de incentivos” que existe a nivel global (hay alrededor de 70 países que incentivan de algún modo las exportaciones de uno o más SBC, especialmente software).

En las experiencias internacionales más exitosas, los beneficios tributarios son un componente más de una estrategia amplia que incluye desarrollo del capital humano, estabilidad macroeconómica y regulatoria, políticas de atracción de inversiones, acceso a financiamiento, apoyo a la internacionalización, estímulo a la innovación y el emprendedurismo, acuerdos internacionales (incluyendo convenios para evitar la doble imposición), entre otros aspectos relevantes. Adicionalmente, dicha estrategia se basa en una visión de largo plazo construida a partir de consensos entre el sector público y el privado que garantizan la continuidad de los lineamientos, pero también su adecuación en el tiempo para escalar hacia una oferta exportable de mayor sofisticación.

Muchos de estos elementos brillan por su ausencia en una Argentina que lleva más de 15 años con alta inflación y donde el ingreso por habitante es el mismo de hace una década. Así, las exportaciones de SBC se encuentran por debajo de su potencial. A modo de ejemplo, podrían triplicarse e incluso sextuplicarse si se alcanzaran los niveles de ventas externas per cápita de SBC de Uruguay y Costa Rica, respectivamente. Esto tiene un costo enorme para Argentina, no solamente por las divisas que no ingresan sino también por los empleos que no se generan. Tomando como referencia a la industria del software, un desempeño como el uruguayo permitiría incrementar 55% la cantidad de asalariados registrados en el sector, es decir crear más de 50 mil nuevos puestos de trabajo.

Mientras Argentina aplica medidas que desalientan la exportación y la inversión, otros países están aprovechando las grandes oportunidades que existen para los SBC en el mercado mundial. No podemos darnos el lujo de dejarlas pasar.

Romina Gayá es consultora en temas de comercio internacional y economía del conocimiento e investigadora del IICE-USAL.

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