"Subiendo las tasas no se frena la inflación"

Opiniones

«No creo que una suba de tasas de interés ayude de ninguna manera a frenar los aumentos de precios, sino que generaría presión sobre los costos. Brinda la posibilidad de ingreso de capitales volátiles y como contrapartida provoca un deterioro del tipo de cambio, una pérdida de la solvencia fiscal y una desaceleración de la economía», aseguró la economista del Estudio Alpha, Débora Giorgi.

La ex secretaria de Industria durante la gestión de José Luis Machinea aclaró que el tema inflacionario «está lejos de alterar el horizonte de estabilidad macroeconómica» y coincidió en la necesidad de mantener las retenciones a las exportaciones ya que «hay un sector que se ha visto beneficiado con el tipo de cambio alto y las retenciones actúan como redistribuidor entre los ganadores y los perdedores del ajuste».

Estas son las principales declaraciones que hizo Débora Giorgi a Ambito Financiero:

Periodista:
¿Cree que la inflación crecerá más de lo esperado?

Débora Giorgi: Hay que ocuparse del tema inflación, pero está lejos de alterar el horizonte de estabilidad macroeconómica. Esta es una inflación esperable porque tenemos una economía que viene de una crisis, donde se produjo un cambio de precios relativos tan importante que, obviamente, iba a haber reacomodamiento de precios. Obedece a la bienvenida recuperación del poder de compra de los hogares, no solamente por los aumentos salariales, sino por el aumento del empleo. También hubo cuestiones específicas sectoriales como aumentos de precios internacionales y situaciones coyunturales específicas de sectores que encontraron nichos en el exterior.


•Influencia

P.: Los acuerdos de precios que el gobierno intenta restablecer con empresarios, ¿son efectivos?

D.G.: La herramienta es efectiva si con el conocimiento específico de cada sector se proponen soluciones graduales que preserven tanto la rentabilidad empresaria como el mantenimiento de precios, evitando cualquier argumento indexatorio para el ajuste. En el corto plazo, por el tipo de inflación que tenemos, son efectivas.


P.:
¿Y la suba de la tasa de interés?

D.G.: No creo que una suba de tasas de interés ayude de ninguna manera a frenar los aumentos de precios, sino que generaría presión en la ecuación de costos. Brinda la posibilidad de ingreso de capitales golondrina y volátiles a los que estuvimos acostumbrados en el pasado y como contrapartida, un deterioro del tipo de cambio, una pérdida de la solvencia fiscal y una desaceleración de la economía sin producir efecto alguno en materia de baja de precios.


P.:
¿Cuánto influyen en el rebote inflacionario los aumentos salariales?

D.G.: El tema de los aumentos salariales tiene que ser tratado caso por caso. Hay sectores donde se ha recuperado el poder adquisitivo anterior a la crisis. En estas circunstancias se debe hacer un análisis de cómo deben seguir adelante conjuntamente empresarios, sindicalistas y obreros, buscando un nivel de rentabilidad adecuada para que se pueda concretar la etapa posterior a estas medidas de corto plazo, que es el logro de un flujo de inversiones consistente y permanente.


• Contracara

P.: ¿Le preocupa el aumento del gasto público?

D.G.: En términos de PBI, el gasto público es uno de los más bajos de Latinoamérica. En cuanto a la necesidad de satisfacer mejor los servicios de salud, educación y asistenciales en general, de ninguna manera el aumento del gasto me parece un determinante de inflación, manteniendo la solvencia fiscal. Un tipo de cambio competitivo, que por otro lado se sostiene gracias a un superávit fiscal que permite la compra de dólares sin generar presiones en los precios, también es la contracara del mantenimiento de impuestos que usualmente pueden llamarse distorsivos, especialmente las retenciones. Pero pretender solvencia fiscal y un tipo de cambio competitivo y no tener retenciones es de una inconsistencia que no comprendo.


P.:
¿Es adecuado el nivel actual del tipo de cambio?

D.G.: El de hoy es adecuado. De ahora en más, el objetivo de mantener un tipo de cambio competitivo debe complementarse con políticas de incentivos a la inversión. Y el gobierno ya ha empezado gradualmente a actuar en sectores donde se denotan claramente competitividades nuevas (software o biotecnología). Es la forma de conseguir el flujo que permita destrabar cuellos de botella para que la inflación deje de ocuparnos.


P.:
¿Cuánto debería aumentar el porcentaje de inversión con respecto al PBI para seguir creciendo?

D.G.: Hoy está en 19 puntos del PBI. Entre 22 y 23 puntos se puede concretar un crecimiento sostenido en el mediano plazo de 4%. Hoy se presenta una buena oportunidad. Hay una macroeconomía estable hace 3 años, tipo de cambio competitivo y salimos del default con una propuesta que no sacrificó crecimiento. Estamos negociando con organismos internacionales desde nuestra propia receta.


P.: ¿Las recetas externas nunca son exitosas?

D.G.: Hice un análisis de inversión en Latinoamérica comparado con el sudeste asiático, por sus altas tasas de crecimiento, y de ahí surge claramente que los países que han sostenido altas tasas de crecimiento restauraron la estabilidad macroeconómica y no obedecieron al Consenso de Washington. Cada uno tomó parte de esa receta adaptada a su perfil productivo, a sus ventajas competitivas y a su realidad económica. En América latina, los alumnos supercumplidores del Consenso de Washington tuvieron tasas de crecimiento negativas al cumplir recetas no consistentes con su realidad. Rescato que con este gobierno empieza una etapa diferente de preservar la estabilidad macroeconómica.


P.:
¿Ve avances en la provisión energética?

D.G.: En el problema energético se han dado avances, pero la situación por la que pasa Bolivia afectó la programación del gobierno. Si no hubiera ocurrido, hoy el gasoducto nordeste estaría a 12 meses de finalización, tendríamos las dos usinas trabajando y estaríamos en una situación holgada. De cualquier forma, el momento para plantear horizontes que permitan asegurar la oferta energética ha llegado. En las negociaciones internacionales hay que dejar de dar sin recibir.


Entrevista de Florencia Lendoiro

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