Tapar el sol con la mano
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La prolongación del congelamiento de algunas atrasadas tarifas públicas y la generación de tímidas actualizaciones por vía de acuerdos particulares, los compromisos de congelamiento de precios de determinados productos y servicios hasta una fecha determinada, y la reciente e improvisada medida de prohibir por un semestre las exportaciones de carne, son sólo algunas muestras de estos intentos por tratar de detener los efectos negativos que la realidad económica puede tener sobre los precios, trasladándose al índice inflacionario, en la ilusión de que atacando los efectos pueden llegar a inhibirse las causas. Mientras tanto, se siguen enviando mensajes negativos a los mercados y a los inversionistas que ven, por una parte controlado por el gobierno su posible nivel de rentabilidad y, por la otra, alentada la apetencia sindical y laboral mediante la promoción de proyectos que obstruyen el sistema de toma de decisiones empresariales, aumentan el factor de riesgo empresario, incrementan la seguridad jurídica y desalientan la creación de puestos de trabajo. Para muestra bastaría con señalar los cinco proyectos de reforma laboral propuestos al Congreso, los aumentos de sueldos dispuestos por la provincia de Santa Cruz y las expectativas de los gremios para las próximas paritarias.
Y en el plano político sucede algo semejante; cien personas -autoconvocados asambleístas- se erigen en árbitros de la política exterior argentina y establecen y deciden un bloqueo de fronteras, el levantamiento del mismo, y las condiciones a las cuales debe someterse un país limítrofe para que se restablezca el tránsito parcial del paso fronterizo; el transporte aerocomercial se encuentra colapsado bajo el liderazgo de quien, según la hora y el día, actúa como secretario de Estado de esa área o como dirigente sindical desafiante de la autoridad gubernamental; el principal aliado político del gobierno es un dirigente sindical que pretende un ajuste de salarios que disparará el espiral inflacionario que el mismo gobierno desea evitar.
Finalmente, la urgente presión para que se declararaen tiempo récord-feriado nacional la infausta fecha del 24 de marzo de 1976, generando una división más honda aún en la sociedad -pues hasta ha enfrentado a las mismas organizaciones de izquierda entre sí- o la pretendida reiteración de declaraciones de nulidad selectiva de indultos otorgados en tiempos pasados, coloca sobre el tapete temas de discusión y de debate que distraerán sobre la realidad profunda que se mantiene sin resolver.
Todos estos hechos no hacen al fondo de la cuestión. Los problemas siguen vigentes: no hay un plan económico de mediano y largo plazo; no hay una comprensión de las causas generadoras de la inflación para poder actuar sobre ellas; no hay un modelo básico de país al cual se desee apuntar; no hay una política ganadera sólida ni medidas tendientes a la retención de vientres y ampliación del stock; no hay un proyecto para las Fuerzas Armadas y respecto del rol y la tarea que las mismas deben cumplir en la sociedad democrática; no existe una política de promoción y generación de inversiones; no hay sistemas de fomento a la generación de empleo; no hay una política internacional coherente ni una posición firme respecto de la situación del medio ambiente en el Mercosur; parecería que no se alcanza a ver más allá de la próxima elección.
Nadie niega las virtudes y logros del presidente Kirchner luego de la aguda crisis de los años 2001 y 2002. El país es otro, se ha estabilizado enormemente y ha comenzado a crecer; en parte también merced a una coyuntura internacional favorable. El Presidente también ha revalidado sus títulos y ha consolidado su poder. Sin embargo, el fuerte incremento de la caja no puede confundirse con los resultados reales de la rentabilidad del país en un ámbito global, evaluado en el mediano y largo plazo. Si nos quedáramos sólo con haber salido de las crisis económica y política, y pensamos «sólo por hoy», estaremos como en medio de un eclipse, sólo intentando tapar el sol con la mano.




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