El futuro del trabajo: cómo subir al ascensor hacia el bienestar laboral

Opiniones

Es primordial que las empresas inicien un cambio de mentalidad: deben ser conscientes de que es fundamental que todos los trabajadores deben gozar de unas condiciones laborales.

Más allá de contribuir al crecimiento y funcionamiento económico, el empleo también actúa a nivel individual en la vida de las personas: por la cantidad de tiempo que le dedicamos, porque satisface nuestras necesidades tanto económicas como psicosociales, y porque se interrelaciona directa e indirectamente con otras áreas de nuestras vidas.

Así, parece ser que, con la irrupción de la pandemia, hemos aprendido a concienciarnos más sobre la centralidad del trabajo. De ahí que la importancia que le atribuimos ahora está ligada a la salud mental, la flexibilidad horaria y modelos de trabajo más saludables y colaborativos.

El valor del trabajo en la sociedad

Antes, el tipo de empleo que tenían las personas determinaba inmediatamente su estatus social. No obstante, mucho ha cambiado desde entonces.

En efecto, el trabajo es un elemento central en la sociedad en lo que refiere al desarrollo humano. No lo limitamos a una simple manera de ganarse la vida, sino a una manera definitiva de ganarse la dignidad. Porque es a través del trabajo cómo demostramos nuestro carácter moral. Y es, asimismo, donde muchos buscamos el sentido y propósito de nuestra existencia. Siendo este el caso, ¿por qué seguimos permaneciendo en trabajos que no nos aportan ni emocionan?

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Por otro lado, el contacto humano es y siempre será uno de los componentes laborales que más importancia cobra en la rutina de trabajo de cualquier persona, incluso ya antes de la pandemia. Sin embargo, muchas organizaciones siguen fomentando espacios y tareas individuales, que no hacen más que aumentar la insatisfacción y los índices de rotación de su personal.

Y llegados a este punto, quisiera mencionar a Alexander, a quien tuve el placer de conocer hace años cuando trabajábamos ambos en una empresa parisina. Alex, de naturaleza curiosa y muy honesta, me comentó un día entre café y café: «¿Sabes qué es lo que más valoro de mi día a día en la oficina? Tomar el ascensor. Porque es el único lugar y momento en el que puedo charlar distendidamente con alguien». Su respuesta me dejó totalmente perpleja.

Así pues, las palabras de Alex nos confirman lo que muchos ya sospechábamos: la estructura del trabajo está en riesgo. Y en una batalla por la resistencia moral, el salario emocional se manifiesta como ganador absoluto versus el salario económico.

La salud mental como prioridad

Probablemente ya hayas leído —en algún lugar no tan recóndito de internet— la siguiente pregunta: «¿Dejarías tu trabajo actual por tu salud mental?». También es muy posible que tu respuesta a esta cuestión sea un rotundo «sí».

Pero ¿qué ha cambiado para que ahora consideremos la salud mental como prioridad cuando estamos (re)evaluando un puesto de trabajo? Y es que ahora entendemos que es una responsabilidad compartida. Por lo que no depende simplemente de cada uno de nosotros a nivel individual, sino también de la gestión que ejercen los empleadores en el entorno laboral.

Así, se ha acabado escuchar podcasts de meditación a mitad de camino hacia el trabajo para lidiar mejor con el agotamiento omnipresente y generalizado, o ser la última persona en recoger a su hijo o hija por jornadas laborales frenéticas e infinitas.

Ahora es primordial que las empresas inicien un cambio de mentalidad. Asimismo, deben ser conscientes de que es fundamental que todos los trabajadores deben gozar de unas condiciones laborales que favorezcan —y no perjudiquen, sin quererlo ni saberlo— su bienestar personal y laboral.

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Y a pesar de que el salario emocional todavía sea una tarea pendiente para muchos equipos de recursos humanos, son muchas las empresas que ya consideran activamente algunas medidas que reflejan ya mayor concienciación empresarial. Ya sea apoyando a sus empleados y empleadas con apps para cuidar su salud mental, o estableciendo horarios más flexibles, combinando la presencialidad con el teletrabajo.

Son, pues, por las razones citadas por las que la oficina debe estar preparada, ya que millones de personas están volviendo al trabajo presencial. Es importante incluir espacios de trabajo que promuevan las colaboraciones, y todo tipo de iniciativas para ayudar a los empleados y empleadas a reconectar con ellos mismos, y con los demás.

En definitiva, la crisis sanitaria ha actuado como variante relevante en el grado de importancia que atribuimos al trabajo. Efectivamente. Por tanto, ahora más que nunca debemos entender el trabajo como el valor social que adquiere en todos los ámbitos de la sociedad. Porque ahora contamos con el margen y las herramientas suficientes para redibujar el papel que tiene el trabajo en la sociedad. Porque el futuro del trabajo debería significar trabajar, pero sintiéndonos realizados y realizadas cada día.

¿Qué le depara el futuro laboral a Alexander? Desde luego algo mucho más considerable que una cabina de ascensor. Y lo mismo aplica para todos nosotros.

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