Elecciones 2023: la UCR lanzada al poder

Opiniones

Si consideramos la grave crisis que atraviesa el país, cabe preguntarse cuál sería el contenido de un eventual gobierno liderado por esta fuerza.

Primero fue Ernesto Sanz, a finales de febrero, que tras años de anonimato autoimpuesto volvió a la mesa nacional de Juntos por el Cambio de la mano del jujeño Gerardo Morales. Luego fue Facundo Manes, el 5 de marzo, compartiendo “una charla con vecinos” en la Ciudad de Mendoza, junto al intendente local Ulpiano Suarez, en una clara maniobra orientada a seguir nacionalizando su figura. 48hs más tarde aparecía sorpresivamente Enrique “Coti” Nosiglia, en una entrevista con el periodista Carlos Pagni en prime time de TV. Un hecho insólito si se tiene en cuenta que, en casi cuarenta años de democracia, el exministro del Interior de Raúl Alfonsín ha dado tantas entrevistas como dedos tiene una mano.

Del mencionado y llamativo ida y vuelta, podrían destacarse dos afirmaciones de Nosiglia: la apelación a los políticos con experiencia de estado que pueden evitar que “todo se desmadre” (sic) y el coqueteo permanente, durante los casi treinta minutos de entrevista, con la idea de un gobierno de coalición que incluya a los sectores moderados de la vereda de enfrente de Juntos por el Cambio. Una propuesta que el gran operador político ya había acercado a Macri ni bien llegado éste al sillón de Rivadavia en 2015.

La serie se completaría este pasado 12 de marzo con motivo del Día del Militante Radical, jornada durante la cual decenas de dirigentes de este partido subieron a sus redes consignas que, lejos de quedarse en lo meramente conmemorativo, terminaron de confirman un hecho: la Unión Cívica Radical ha decidido pasar al frente y dejar de ser el back office que garantiza cuadros y fiscalización dentro de la coalición opositora. Así lo expresó el Diputado Nacional por Formosa, Fernando Carbajal, que en su Instagram publicó un video en primer plano donde afirmó: “[…] este año es distinto, porque ese radicalismo que soñaron Alem, Yrigoyen, Illia, Lebensohn y Raul Ricardo Alfonsin, hoy está recuperándose; está posicionándose en el centro de la escena política, en el orden nacional, pero también en todas y cada una de las provincias […] Hay un nuevo radicalismo, un radicalismo que viene para gobernar, pero que viene también a transformar de base esta argentina”.

Ahora bien, es evidente que el vaticinio de una grave crisis de poder justificada por una incluso más grave crisis económica, ha acelerado los tiempos políticos como también es evidente que la UCR ha decidido tomar nota de esta aceleración y marcar la cancha dentro de la coalición que integra a fuerzas como el PRO o la Coalición Cívica. Lo que no resulta tan evidente es para qué.

Desde ya que el partido centenario resulta imprescindible por su capital de fiscalización en casi todo el país, del mismo modo que resultaría imprudente no considerar el aporte de gobernabilidad de una fuerza de esta envergadura, no solo dentro del Congreso de la Nación, sino también dentro de las diferentes legislaturas locales a lo largo y ancho del país. Lo mismo podría decirse, sin ingenuidad de por medio, de la contribución que la UCR hace en su intermediación con el Poder Judicial o con el movimiento universitario, por ejemplificar, amén de la contribución de cuadros para ocupar cargos en los diferentes niveles de gobierno frente a una muy probable victoria en 2023. Pero si consideramos la grave crisis que atraviesa el país, también cabe preguntarse cuál sería el contenido de un eventual gobierno liderado por esta fuerza.

La Unión Cívica Radical (UCR) carga sobre sí el antecedente de representantes ideológicamente contrapuestos. Si en un extremo puede mencionarse el liberalismo económico y político de un Marcelo T. de Alvear, en el otro es necesario resaltar un socialismo de acento marcado en Raúl Ricardo Alfonsín. Esta ambigüedad no sorprende, si se considera que todo partido del tipo catch all, según la histórica denominación de Maurice Duverger, contiene dentro de sí la capacidad de pivotear entre posturas ideológicas según las circunstancias históricas y políticas del país donde disputa poder. Sin embargo, este no es el caso del radicalismo.

Por el contrario, en sus máximos exponentes de las últimas décadas y en los actuales, sigue ponderando de forma casi exclusiva la impronta ideológica que llevó a Alfonsín a militar la pertenencia del radicalismo a la Internacional Socialista, que supo concretarse en 1999, tras 25 años de gestiones personales del expresidente, quién ocupó incluso entonces la vicepresidencia del organismo internacional. Por tanto, muchos jóvenes hoy militan en las filas del centenario partido desconociendo la incidencia, gravitación e ideas de otros tantos referentes de antaño y convencidos que el socialismo, como programa y rector político, es inherente al radicalismo.

El desafío proviene del hecho de que el país transita hoy una senda en la cual expresiones como inflación y déficit fiscal, tan ontológicamente características de regímenes socialistas, se han vuelto parte cotidiana de nuestro debate público. Del mismo modo, tras 19 años en los cuales el kirchnerismo ha ocupado gravitacionalmente la escena política, se vuelve clara la necesidad de ofrecer a la ciudadanía una alternativa suficientemente distante de lo que éste propone. Y en este sentido, la pregunta es: ¿puede la UCR hacer ese giro suficientemente a tiempo?

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Raúl Alfonsín.

Raúl Alfonsín.

Todo pareciera indicar que no. Por el contrario, en figuras de la talla de Gerardo Morales, Martín Lousteau o el propio Facundo Manes, y en el pintoresco folklore de la juventud radical, siguen presentes las mismas consignas atávicas que supieron ser representadas por el intelectual y referente del radicalismo, Aldo Ferrer. Del mismo modo que quienes aun pudiendo probar un marcado origen radical, han manifestado la necesidad de girar hacia posiciones más pragmáticas y liberales, como es el caso de Ricardo López Murphy, siguen sin encontrar el puente de plata que les permita regresar a esta fuerza nacional.

Desde este punto de vista, difícilmente de llegar al poder, se pueda esperar una UCR dispuesta a enfrentar cuestiones de fondo como una drástica y urgente reforma del estado, la desarticulación de los movimientos sociales, la reforma laboral, el fortalecimiento de las fuerzas armadas, el combate sin tapujos al crimen organizado, la reforma jubilatoria, la apertura de los cielos y la concomitante privatización de Aerolíneas Argentinas, entre muchas otras políticas urgentes.

Por último, cabe decir que la política no es otra cosa que el arte de lo posible. En ese sentido, así como alguna vez Carlos Menem llegó al poder diciendo una cosa para terminar haciendo la diametralmente opuesta, es posible que la sensatez termine predominando y también los radicales entiendan hoy que el país debe dar un giro de 180º y comenzar a transitar un camino de desarrollo productivo, estabilidad económica y paz social que el período democrático aún debe.

Si recordamos la fatídica caída de De la Rúa en 2001, cabe preguntarse si la propia tropa radical, como contraparte de esta renovada voluntad de poder, está dispuesta a pagar los costos en esta ocasión.

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