Un banquero crítico
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Oscar García Mendoza es un banquero de tradición familiar en Venezuela. Mantener a flote una entidad financiera requiere un cotidiano y delicado equilibrio en la Venezuela de Hugo Chávez.
O.G.M.: La diferencia con el dólar paralelo es muy alta; por eso es que dependemos solamente del petróleo. Y la única estadística importante que miramos es la del petróleo. Hoy PDVSA ya tiene contratados a brokers internacionales para vender petróleo a futuro: u$s 15.000 millones contra Citgo, la cadena de refinerías que tiene en EE.UU. Es dinero para gasto corriente. El gobierno está ahora trasladando los depósitos de bancos privados a los estatales. En cuanto a las reservas, con una ley de 2005 se le permitió retirar 6.000 millones de dólares. PDVSA está autorizada a venderle divisas al Banco Central, pero los bancos interpusimos una demanda por la nulidad de esa ley.
P.: ¿Cómo los afecta el control de divisas?
O.G.M.: Es una situación complicada. Los bancos no tenemos crédito internacional. No abrimos cartas de crédito en dólares. Sí lo hacemos con el ALADI. Ya hay un retraso de 12 meses y de 4.000 millones de dólares. En las tarjetas de crédito, el retraso es de 600 millones. El tributo interno es superior al impuesto petrolero. Las tarifas de electricidad, teléfono y gasolina están congeladas desde hace 3 años. Los mejoradores petroleros (somos uno de los bancos fiduciarios de los extranjeros) llegaron aquí a partir de 1997, con la apertura petrolera. Se habían programado 16 de ellos, pero los nuevos empleados que Chávez trajo a PDVSA, por brutos, destruyeron los planos.
P.: Empresarios importantes, como el magnate de los medios de comunicación Gustavo Cisneros, ante el temor de expropiaciones, prefirieron vender parte de sus empresas y radicarse en el extranjero. ¿Ud. no pensó en irse del país?
O.G.M.: Mis hijos ya se radicaron fuera del país. Yo, por mi parte, me siento útil aquí. Y no le tengo miedo al chavismo.




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