Urso, más complicado
(Una investigación del programa "Informe central" de Rolando Graña, en "América", sumió en el escándalo al juez federal Jorge Urso. Su señoría fue acusado por su empleada doméstica de maltrato, de presunto incumplimiento de la ley laboral, de despedirla sin pagarle indemnización por haber tenido un hijo y de no darle licencia por embarazo. Durante 28 minutos, Josefina González hizo un minucioso relato de la vida que llevó con el juez Urso. Lo que sigue es parte del diálogo con el periodista.)
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P.: ¿Y qué dicen los recibos?
J.G.: Que yo trabajaba para él en las tareas domésticas, y ahí figuraba el sueldo que yo ganaba, y nada, estaba la firma de él.
P.: Para Urso, los horarios de trabajo eran muy flexibles.
J.G.: Con el doctor no tenía un horario fijo, trabajaba hasta que él dijera basta; podía ser desde las 7 de la mañana hasta las 3 de la mañana del otro día.
P.: ¿Pero vos no le decías: 'Doctor, mi horario es de 9 horas'?
J.G.: No, porque él dice que es un señor juez y que se lo debe obedecer.
P.: ¿Te hizo ir a trabajar embarazada?
J.G.: Sí.
P.: ¿Hasta qué mes?
J.G.: Hasta el último día.
P.: ¿El entendía que vos ibas a tener un bebé en las próximas horas?
J.G.: No lo sé, no sabría decirle. No creo que él en algún momento pensó eso, que yo corría el riesgo y que el bebé también. Se ofendió más todavía, me preguntó si quería seguir trabajando con él, yo le dije por supuesto que sí, que lo necesitaba; entonces me dijo que tenía que ser un poco más responsable.
P.: Cuando fuiste mamá, sólo tuviste 15 días de licencia, a pesar de que te correspondían tres meses.
J.G.: A los 15 días que tuve, en la segunda semana después de tener a mi bebé, me llamó a mi celular y me obligó a venir a trabajar nuevamente. Si yo no me presentaba a trabajar, me despedía. Me preguntó adónde quería que me mandara un telegrama de despido. ¿Y cómo me iba a mandar un telegrama de despido si él nunca me blanqueó?
P.: Además de emplearte ilegalmente y de no respetar tu vida privada, Urso te trataba como una esclava.
J.G.: El, cuando estaba con otra persona, con un juez, no importa quién sea, empezaba a gritarme, a manotearme; un día me contestó estando con la señora Marcela; yo fui a preguntar si querían tomar algo, agarró y me dijo: '¿Qué querés acá?; ¡seguí adentro, en la cocina.Ya te vas!'.Yo no sé si a un perro se lo trata así; a una empleada no se la puede tratar de esa forma, siendo un juez.
P.: Los abusos llegaron al límite de la perversión.
J.G.: El, a veces, se iba a bañar y se ponía en la bañera; estaba totalmente desnudo. Me llamaba y me pedía que le sirviera algo, que le sirviese en el baño. Me parece una falta de respeto hacia su personal; es un acoso sexual...
P.: Perdoname. ¿Su señoría Urso tenía un celular en el baño, te llamaba al teléfono y vos contestabas en la cocina y te decía: 'Vení al baño'...?
J.G.: Sí, traeme agua... o champagne.
P.: ¿Y vos llegabas al baño, y en qué circunstancias estaba el doctor Urso?
J.G.: Estaba desnudo, totalmente desnudo...
P.: Claro, estaba con...
J.G.: No, no, estaba totalmente desnudo, en el agua...
P.: En el agua...
J.G.: Un día, cuando yo me encontré con él así, desnudo, cara a cara, le dije: «Perdón, no sabía que estaba desnudo». «¿Y acaso vos no tenés novio?», me contestó.
P.: La apreciación que te dio es que no le importó mucho que lo vieras así.
J.G.: Creo que no; parece que a él lo hacía feliz.




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