19 de abril 2005 - 00:00

"Wall Street es un enigma"

(Personificado como Gordon Gekko, de la película «Wall Street», este experto en mercados internacionales cree que no alcanza con una lectura lineal para entender lo que ocurre en la Bolsa de Nueva York, donde del temor por una economía muy recalentada se pasó al preocupante escenario del estancamiento. Cree que los mercados se deberán estabilizar antes de que los indicadores económicos den indicios claros de una mejoría. El que sigue es el diálogo que se mantuvo con Gekko.)

Wall Street es un enigma
PERIODISTA: Wall Street es un enigma. Indescifrable.Un día una explosión de euforia gracias a las minutas de la Fed. Tres días después un panorama desolador: un tsunami repentino terminó de arrasar todo lo que la Bolsa había construido desde que el presidente Bush ganó su segundo mandato en noviembre 2004. ¿Cómo se entiende?

Gordon Gekko: Con alguna dificultad. No alcanza con una lectura lineal.

P.:
Un par de meses penando por la suba de las tasas de largo plazo. Y, ahora que éstas se desploman, resulta que no eran ellas la raíz del problema...

G.G.: Como escribiera Robert Frost, el fuego puede acabar con el mundo. Pero también el hielo. Una economía muy recalentada -que eventualmente obligaría a una dosis extra de rigor monetario- fue el temor predilecto en los últimos dos meses...


P.:
Y ahora lo desplaza un nuevo fantasma: el espectro de una economía debilitándose con suma rapidez...

G.G.: Usted lo ha dicho.

P.: Y migramos así -de buenas a primeras- de un escenario difícil a otro, por cierto, no menos complicado, pero que se ubica en las antípodas.

G.G.: Quizá cueste creerlo pero doy fe que así ha sido.


P.:
¿Cuánto durará la nueva convicción? ¿Qué molino de viento nos atacará en los próximo días?

G.G.: Conoceremos los índices de precios; si arrojasen una lectura elevada, no faltará quien sugiera que la sombra de la estanflación nos acecha.


P.:
Tengo la impresión de que se ha extraviado la brújula.

G.G.: No lo culpo.

P.: ¿Qué pasó -y habrá sucedido de golpe- para que la economía a la que había que domesticar con subas de tasas de medio punto, hasta diez días atrás, ahora requiera una terapia de reanimación?

G.G.: Nada tan grave. Se esperaba -luego de un robusto segundo semestre de 2004- que los bríos se apaciguaran a comienzos de 2005. Pero ello no ocurrió y fue allí que se doblaron las apuestas por la fortaleza de la economía.


P.:
Incluyendo a la propia Reserva Federal.

G.G.: Sin dudas. El cambio de tono del ya famoso comunicado del 22 de marzo constituye el mejor ejemplo...


P.:
Y ahora resulta que la economía no avanza sino que retrocede.

G.G.: No es que retroceda pero sí que ha pisado el freno. A decir verdad, la desaceleración que se esperaba para enero o febrero y faltó entonces a la cita, se ha hecho evidente a partir de los datos económicos de marzo... Más aún: las ventas de la industria y del comercio mayorista ya habían comenzado a declinar en febrero pero esa información recién se terminó de recopilar y difundir la semana última.

P.: Finalmente se está pagando la factura del petróleo. La suba del crudo está cobrando peaje en términos de reducción en la actividad y el gasto.

G.G.:Yo diría que asistimos a un respiro en el gasto de consumo que se ajusta bastante bien a un patrón cíclico que traemos desde la década del '90. Tras dos o tres trimestres de gran firmeza siempre se intercala un trimestre moderado. La saga del petróleo no ha cambiado mucho ese perfil.


P.:
Pero un precio tan elevado del barril puede ahogar las chances de una recuperación rápida del consumo.

G.G.: No lo hizo el año pasado cuando -luego de un «bache» en el consumo del segundo trimestre- el gasto repuntó con fuerza en la mitad final del año. A pesar, le recuerdo, de la ascensión pronunciada del precio del petróleo que lo llevó a establecer nuevos máximos absolutos en octubre. Lo que observamos hoy es que el crudo ya se replegó 13% desde sus picos de precio recientes; la posición de inventarios es muchísimo más holgada y, además, estamos ingresando en una estación de baja demanda.


P.:
La caída de los mercados sí puede provocar que la debilidad de la economía se profundice.

G.G.: Eso es correcto. Los mercados han estado sometidos a la erosión de la suba del petróleo y de las tasas de largo plazo además de la amenaza de una Fed más intransigente. Ahora esos tres factores se han desactivado de golpe pero sólo porque hay que lidiar con un enemigo al que todos estos años se lo ha temido más: la idea del estancamiento. Con sus secuelas desagradables de mayores riesgos financieros (piense en las tribulaciones de las automotrices de los EE.UU.). Es natural que los mercados sufran hasta que se acomoden los portafolios. Y los mercados se deberán estabilizar antes que los indicadores económicos den indicios claros de una mejoría...

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