"Hablamos sobre Cuba porque es uno de los temas que están sobre el tapete. Escuchamos que el gobierno argentino anunció que seabstendrá en la próxima votación de la ONU sobre eltema de los derechos humanos, pero ese voto aún no se produjo y no sabemos quépasará. Yo expliqué la posición de mi gobierno. El presidente Kirchner se disculpó por los 20 años de silencio de la democracia sobre las violaciones a los derechos humanos en la Argentina; las democracias de la región no deben mantener silencio sobre los 45 años de dictadura y violaciones a los derechos humanos en Cuba. Prefiero dejarlo así." Otto Reich, enviado especial para el Hemisferio Occidental del gobierno estadounidense, remató así ayer su frase, dura, y dicha casi con una mueca de disgusto, sobre la actitud de la Argentina y otros países latinoamericanos (como Brasil) respecto del régimen de Fidel Castro.
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Reich, el hombre más influyente en el gobierno de George Bush en temas latinoamericanos, mantuvo ayer un contacto con la prensa en el que repasó los temas que centraron su visita al país, durante la que se reunió con los ministros Rafael Bielsa, Roberto Lavagna, Julio De Vido y Gustavo Béliz, así como con legisladores y economistas. «Una reunión con el presidente Kirchner no estaba prevista, pero un encuentro así siempre sería un placer», señaló.
El estadounidense, que milita en el ala más dura de la administración republicana, dijo que «Cuba fue uno de los temas que trató» con Bielsa, pero a juzgar por el tiempo y el tono que le dedicó en su charla con el periodismo, fue uno de los más importantes.
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Según el embajador Reich, el tema de la inmunidad para que las tropas estadounidenses participen en ejercicios militares en la Argentina no formó parte del diálogo con Bielsa, al quetodo un clásico-describió como «sumamente cordial, franco y fructífero». También aseguró que no hubo un pedido de tropas para Irak, aunque admitió que «nos gustaría que más democracias se sumaran a la coalición de 70 países» presente allí. Por lo demás, dijo que se habló de «los temas que cualquiera podría imaginar como de interés leyendo cualquier diario, como los derechos humanos y la mejor manera de estabilizar la democracia en algunos países donde no está tan estable como sería conveniente» (léase Bolivia).
Volviendo al tema de Castro, una obsesión de este cubano-estadounidense, Reich salió al cruce del augurio de Felipe González, quien había dicho que EE.UU. levantará el año que viene el embargo a la isla. «En primer lugar, no se trata de un bloqueo, que es un acto de guerra. Se trata de un embargo comercial, ya que Estados Unidos se reserva la potestad de decidir con quién comercia. De cualquier manera, el presidente Bush ha dicho que la política hacia Cuba no va a cambiar. En su momento, Estados Unidos propuso levantar el embargo si Cuba permitía el desarrollo de ciertas libertades básicas. La respuesta del señor Castro fue ejecutar y fusilar a más gente, encarcelar a más disidentes por tener la 'osadía' de publicar un artículo diciendo que la economía marchaba por un camino equivocado.» Luego remató con dos mensajes directos: recordó que «en la Argentina hubo hombres entrenados por Fidel Castro para cometer hechos de violencia»; y advirtió que «la Argentina sufrió una dictadura y violaciones a los derechos humanos y, gracias a Dios, hoy es una democracia. El pueblo argentino debería identificarse con las víctimas de Cuba y no con la dictadura».
Reich reveló que la administración Bush ya está estudiando qué hacer en la eventualidad de una caída del régimen comunista en la isla. Y prometió ayudar en la transición «cuando haya un gobierno que así lo pida». Dijo que EE.UU. debería atender a la posibilidad de una marea de balseros dirigiéndose a las costas de Florida, pero aclaró que no se piensa en una intervención como la realizada recientemente en Haití. Sobre las palabras de Roger Noriega, subsecretario de Estado para Asuntos Hemisféricos, acerca de un «giro a la izquierda de la Argentina», Reich afirmó: «Lo dicho por mi amigo Noriega ya fue aclarado. Lo que yo encontré en la Argentina fue una disposición a trabajar por el fortalecimiento de la democracia. La democracia no es de izquierda ni de derecha. Diría que es de centro».
En lo que respecta a la iniciativa argentino-brasileña de que el Fondo Monetario Internacional altere su cálculo del superávit fiscal primario de los países a los que asiste, dando lugar a un mayor gasto en infraestructura, Reich eludió siquiera sugerir un apoyo de la Casa Blanca. «El Tesoro se ocupa de las relaciones con el FMI, pero sí puedo decir que hemos tratado de ayudar a que Brasil y la Argentina lleguen a acuerdos beneficiosos para todas las partes».
También se refirió al ALCA. En este punto, reiteró la postura de su gobierno de que EE.UU. «no obliga a nadie a negociar ni a hacerlo de un modo u otro. No fui a la reunión (con Bielsa) esperando un cambio radical en la posición argentina, pero es bueno avanzar y dialogar».
Por último, con humor, se quejó de que trascendiera su sorpresa por la mala imagen que tiene su país en varias naciones latinoamericanas. «Lo dije en una reunión privada, pero ahora veo que era semiprivada. En realidad, creo que Estados Unidos tal vez no ha explicado suficientemente bien sus posiciones en torno a Irak o al ALCA. Y, además, hay sectores interesados en que éstas no se entiendan.»
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