11 de noviembre 2001 - 00:00

9:05 hs: AFGANOS FESTEJAN CAÍDA DE TALIBANES EN MAZAR I SHARIF

9:05 hs: AFGANOS FESTEJAN CAÍDA DE TALIBANES EN MAZAR I SHARIF
Destruyeron los vestigios del régimen los habitantes de la ciudad tomada el viernes por la opositora Alianza del Norte. Agencias de noticias locales señalaron que los hombres comenzaron a cortarse sus barbas y que las mujeres ya circulan sin las tradicionales túnicas.


KABUL - Los habitantes de Mazar i Sharif destruyeron los vestigios del gobierno talibán y volvieron a saborear cierta libertad este domingo, después de tres años de
estricto control islámico.

La población rompió cassettes con discursos de dirigentes talibanes y muchos se precipitaron a alquilar cintas de vídeo, que estaban prohibidas por la milicia integrista, según la agencia Afghan Islamic Press (AIP).

Las barberías se llenaron de hombres deseosos de afeitarse la barba, obligatoria bajo los talibanes, precisó esa agencia con sede en Pakistán.

Las mujeres acudieron masivamente a los mercados liberadas de la obligación de vestir la burka, la tradicional túnica afgana que las cubre de la cabeza a los pies, salvo una pequeña rejilla para poder ver.

Pero los residentes de etnia pashtún temen represalias, señaló AIP. La ciudad está dominada por minorías que todavía recuerdan la masacre que cometieron los talibanes, pashtunes en su mayoría, cuando entraron en Mazar i Sharif en agosto de 1998.

La Alianza del Norte, que el viernes conquistó la ciudad, dice que ha cambiado muchas de las estrictas reglas de los talibanes, que buscaban imponer la forma más pura de la ley islámica.

No hay ningún observador extranjero en la ciudad para confirmar estas informaciones. Pero desde la norteña ciudad, Mohamad Sardar Saeedi, un consejero de los líderes del Partido Unificado (Hezb-i-Wahdat), una facción de musulmanes chiítas de la Alianza del norte, declaro a la AFP: "Hoy reina la tranquilidad en Mazar i Sharif".

"Los residentes vuelven a estar en la calle, la mayoría de las tiendas están abiertas. Todo está volviendo a funcionar", agregó.

En el territorio talibán, los hombres eran azotados en público o encarcelados por no llevar la barba suficientemente larga.

"Los hombres son ahora libres de cortarse la barba o afeitársela, como quieran", agregó Saeedi.

"Las mujeres también están disfrutando del sabor de la libertad y la liberación. Ya no deben ser acompañadas por un hombre cuando salen a la calle y pueden llevar una burka o un pañuelo", agregó.

Las burkas negras se han convertido en uno de los símbolos del gobierno talibán, pero muchas deberían seguir respetando la tradición afgana y llevar burkas de otros colores, estiman los analistas.

Saeedi también dijo que la radio volvía a emitir música, algo inimaginable hace sólo unos días.

La Alianza del Norte, aunque también se autodenomina "Frente Unido Islámico", trata de dar una imagen más liberal que los talibanes.

Abdul Rashid Dostam, el general de etnia uzbeka expulsado de Mazar i Sharif por los talibanes en agosto de 1998, declaró a una radio local que ordenó a gran parte de sus tropas abandonar la ciudad.

"La seguridad de la ciudad, la seguridad en todos los distritos de Mazar i Sharif será mantenida por 300 hombres. No debería haber ningún caos", dijo el sábado en una entrevista escuchada por la BBC.

Durante la década en que fue gobernada por Dostam, Mazar i Sharif, situada a 50 kilómetros de la frontera con Uzbekistán, conoció una prosperidad que contrastaba con el resto de Afganistán.

Pero la ciudad cambió cuatro veces de manos en cuatro años entre la oposición y los talibanes, y miles de personas perdieron la vida.

Los talibanes se sirvieron de uno sus rivales para entrar en Mazar i Sharif en 1997, pero el rival se arrepintió y 600 combatientes talibanes murieron cuando trataban de huir de la ciudad.

Dostam recuperó su bastión en septiembre de 1997, un año antes de que los humillados talibanes organizaran una contraofensiva y obligaran a Dostam a exiliarse otra vez.

Unos 1.400 Musulmanes chiítas hazara murieron en la batalla por la ciudad el 8 de agosto de 1998.

Los talibanes decidieron vengar entonces a sus muertos del año anterior en lo que la organización Human Rights Watch calificó como uno de los "peores ejemplos de matanzas de civiles 20 años de guerra en Afganistán", con un saldo de al menos 2.000 Muertos.

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