A grandes males...
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Que enfrentamos una de las peores crisis de nuestra historia, lo advierten claramente todos los estamentos del gobierno y cualquier analista, con mediana o profunda capacidad de observación. Admitido este axioma, deben tomarse urgentes medidas en los ámbitos que correspondan, pero con una energía y rigor no mostrados hasta ahora.
Sugerencias
Con respeto por todos aquellos (economistas, analistas, politicólogos, comunicadores, etc.) que hablan y escriben sobre la actual situación, me permito sugerir algunas medidas (a pesar de que muchas de ellas ya han sido propuestas en mis columnas anteriores en Ambito Financiero), que simultáneamente y sin tibieza deben implementarse de inmediato.
a) El déficit del presupuesto. He aquí un tema que sigue teniendo rigurosa actualidad. El autor de este trabajo lo viene analizando desde 1984 en sus columnas de Ambito Financiero. Se debe aplicar la más estricta economía en los gastos del Estado (algo está haciendo el actual gobierno, pero no es suficiente). Hay todavía sectores que siguen gastando en exceso.
Pero, a no castigar más a las clases media y baja. Cuidado con el aumento de la carga tributaria. Cualquier esfuerzo para disminuirla obrará como incentivo en todas las áreas y evitará la tentación de evadir. A mayor presión impositiva, menor recaudación. (Curva de Laefer).
b) Sin que signifique implementar reintegros, deberán encontrarse herramientas para estimular la exportación. La Fundación Exportar debe dinamizarse. Por ejemplo, deben optimizarse las campañas de promoción y publicidad en el exterior y financiarse por los propios grupos productores. Además, buscar nuevos mercados, por ejemplo México.
c) La construcción, cuyo IVA, luego de mi propuesta del 12 de julio de 1995 fue reducido en 50%, debe eliminarse totalmente y anunciarse a todos los vientos. (Sus beneficios fueron expuestos en mi trabajo «Construir para crear empleos», Ambito Financiero de esa fecha.)
d) Habrá que inducir la reducción de las tasas de interés activas, convenciendo a los bancos que al disminuir el spread, multiplicarán sus operaciones y contribuirán, con beneficio para ellos y para el país a mantener el actual modelo.
e) Se habla muy poco de la explotación minera, a pesar de que importantes grupos empresarios nacionales y extranjeros han comenzado con excelente resultado a encarar esta actividad. También en esta materia habría que promover campañas donde sea posible, para atraer nuevas inversiones en este campo.
f) La obra pública. En una primera fase podría ser la iniciadora del proceso de reactivación. Se dirá que el Estado no tiene recursos. Tampoco se debe aumentar el enorme endeudamiento. Si de caminos se trata, la inversión privada, con el recurso de los peajes es una posibilidad. Pero, atención, ni hablar de subsidios. Para la construcción de barrios para la clase baja, que deberá proyectarse en escala de importancia, habrá que disponer exenciones impositivas totales, como estímulo inicial.
g) El regreso de capitales. En mi artículo: «¿Y ahora qué?» del 29-04-86 (Ambito Financiero) dije: «Implementar un régimen que permita repatriar capitales, sin falsos pudores por la palabra «blanqueo».
h) Seguridad jurídica. Es indispensable mejorar la imagen de que las reglas de juego serán sostenidas y que el Poder Judicial mantendrá plenamente su independencia. El gobierno debe dar aquí señales claras, sobre todo para evitar interpretaciones «sospechosas» de la ciudadanía. La inversión extranjera, tal vez el factor de crecimiento número uno, la considera condición «sine quanon».
i) Si se cumplen las pautas mencionadas, aparecerán las inversiones y el ahorro, requisito indispensable para la creación de nuevos puestos de trabajo. Se tonificará el consumo e irá disminuyendo la recesión que tanto daño hace a la economía. Aumentará el ingreso fiscal y disminuirá el déficit, el problema que más preocupa al gobierno en este período, imposibilitado de cumplir con sus compromisos nacionales e internacionales.
No nos dejemos hundir, como alguna vez dije, en una ciénaga histórica. Las riquezas humanas y materiales de esta Argentina privilegiada no pueden quedar expuestas a la improvisación o a la indolencia de funcionarios sin fe o sin la fuerza y decisión que requiere este momento. Harry Truman contaba en sus memorias que «un presidente siempre debe adelantarse a los acontecimientos, pues si titubea, los acontecimientos se le adelantarán a él. Nunca puede descuidarse un solo instante».
Muchas de las cosas buenas que se pueden hacer se pierden en medio de titubeos, dudas, vacilaciones y falta de determinación. No puede esperarse un minuto más.
Entonces, señores: «A grandes males, grandes remedios».
Cuando se observan las enormes potencialidades de nuestro país, en todos sus aspectos, nos preguntamos qué nos está pasando o qué clase de dirigentes políticos tenemos. Es para pensar.




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