4 de diciembre 2007 - 00:00

¿A quién perjudicó la jefa del ARI?

Elisa Carrió
Elisa Carrió
La misma noche del 28 de octubre, Roberto Lavagna,a la vez que admitía su derrota, buscaba excusas: «Enfrentamos numerosos obstáculos en el camino, más de los convenientes en una democracia». Su jefe de campaña, Eduardo Camaño, había denunciado días antes que «los encuestadores pasan primero por la Casa Rosada, donde les dicen qué es lo que tienen que decir. Una de esas cosas es que Elisa Carrió se ubica segunda detrás de Cristina Kirchner».

Hay quienes están convencidos de que el gobierno hizo algo más que incentivar a los encuestadores para que favorezcan a «Lilita» con sus números. Los obstáculos « inconvenientes» para una democracia que denuncia el ex candidato presidencial de UNA habrían sido más tangibles. Conocido es el celo con el cual el oficialismo vigila a los empresarios para evitar hasta que hablen con sus adversarios. Ni hablar de apoyarlos.

Así, en el entorno de Lavagna todavía rumian la bronca por las dificultades que tuvieron para recolectar apoyos y sospechan que éstas respondieron directamente a una acción deliberada del gobierno, convencido de que, frente a la alternativa del ballottage, Elisa Carrió era más fácil de vencer. En esa inteligencia, habría habilitado la cesión de «efectividades conducentes» hacia la líder de la Coalición Cívica, así como las habría proscripto en dirección de otras fórmulas.

El hoy disidente del ARI Carlos Raimundi, herido porque Margarita Stolbizer le arrebató la candidatura a la gobernación bonaerense a la que aspiraba, sabe de lo que habla cuando acusa: «Hoy la Coalición recibe apoyo de sectores financieros. O sea que ahora es Goliat contra Goliat», corrigiendo así la metáfora bíblica que utilizaba Carrió durante la campaña, comparándose a sí misma con un pequeño David enfrentado a un gigante.

  • Reclamo

  • «A mí me encantaría saber quiénes están financiando la fundación Hannah Arendt», reclamó desencajado el jefe de Gabinete, Alberto-Fernández. Nadie mejor posicionado que él para saberlo. Entre los aportantes a la campaña de Carrió figuran varias empresas importantes, en particular un banco emblemático de la City.

    Pero el dilema que se le presenta al gobierno hoy es que sabe que esos grupos siguen aportando a la fuerza de Elisa Carrió. Una cosa era durante la campaña, cuando ese financiamiento podía ser funcional a la estrategia oficial. Otra cosa es ahora. Ahí está la experiencia de Raúl Alfonsín, cuando en los 80 habilitaba al entonces gobernador de La Rioja, Carlos Saúl Menem, como interlocutor en el campo opositor con la idea de que era el más inofensivo. Era el presidente imposible.

    Así se entienden las acusaciones de hipocresía y el hecho de que tanto el jefe de Gabinete como el futuro ministro del Interior, Florencio Randazzo, le hayan exigido insistente y airadamente a la chaqueña que dé explicaciones acerca de sus medios de vida. «Que no diga que se lo paga un amigo», se enojó incluso Fernández en referencia al departamento de Punta del Este donde Carrió se reponía de las fatigas de la campaña.

    Entretanto, ella insiste en que libró un combate desigual y en que quiere «recorrer el país en ojotas».

    «Yo
    no hubiera hecho mi primera conferencia de prensa para defender los intereses de los grupos monopólicos a los que el gobierno les aplica retenciones», se quejó también Raimundi, defendiendo, de paso, al gobierno. No sería extraño entonces ver pronto a alguno de los miembros de este nuevo Grupo de los Ocho instalado, como desde hace un tiempo el socialista y ex opositor Jorge Rivas, en algún despacho oficial.

    Un congreso del ARI acaba de respaldar mayoritariamente a Elisa Carrió y proclamarla «líder natural de la oposición». Ahora bien, la « facilitación» de la campaña de la Coalición Cívica no fue sin contraprestación. Pese a afirmar que, mediante fraude, le robaron algunos puntos, Elisa Carrió estaba tan exultante por haber quedado consagrada precisamente como líder «natural» de la oposición que se apresuró a agregar: «Eso no invalida la totalidad de la elección».

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