Ahora, como en tiempos de la Banelco, se sospecha del voto opositor que sirvió para aprobar el Presupuesto
El voto en la Cámara de Diputados para prorrogar el impuesto al cheque y el nuevo Presupuesto se decidió a puertas cerradas en el despacho del jefe del bloque oficialista, Agustín Rossi. La rebeldía de diputados peronistas, que vieron al kirchnerismo en emergencia para tener la cantidad necesaria de votos, forzó a esa negociación que en otros momentosha recibido el nombre de la marca de una tarjeta de débito. Ocurrió en el Senado con la ley laboral que signó el destino de la administración De la Rúa. Imposible saber si hubo sobres, pero seguramente la debilidad del gobierno la pagó con compensaciones en provincias, derivaciones de partidas, designaciones en cargos graciables. Aquí, la historia.
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Agustín Rossi
Comenzó entonces el extraño camino que hizo ese día el kirchnerismo para pasar de esos 94 votos oficialistas a 129. En esas negociaciones hubo actitudes extrañas. Por ejemplo, las del bloque Peronista Federal. Esos eternos aliados del kirchnerismo esta vez parecieron retacear apoyo. De los 18 diputados que lo integran terminaron votando el proyecto sólo 11. Por más intentos que hizo Agustín Rossi no pudo convocar a ningún otro de esos socios en el oficialismo.
Más extraña fue la situación del bloque Justicialista Nacional, el lavagnismo en Diputados, que desde el 10 de diciembre virtualmente desaparecerá. Se sabía de las intenciones de Juan José Alvarez por acercarse a Daniel Scioli, pero no que estuviera dispuesto a apoyar al gobierno en un tema álgido como el de la prórroga de impuestos.
A último momento, el gobierno consiguió no sólo su voto afirmativo, sino también otros increíbles, como el de Adrián Menem o Alejandra Oviedo.
Hubo otros dos casos de laboratorio ese día: los patistas Juan Carlos Bonacorsi y Adriana Tomaz apoyaron todos los pedidos del gobierno, justo un día antes de que su jefe Luis Patti fuera detenido en medio de un festejo general del kirchnerismo.
Hasta Jorge Sarghini, líder de opositores en el recinto, votó a favor del proyecto oficial sobre impuestos, mientras el radicalismo, el ARI, el macrismo, los neuquinos, Claudio Lozano y los socialistas votaban en contra. En este caso, Francisco de Narváez optó por estar ausente, junto a otros 63 diputados y Norma Morandini -a la que muchos ven junto a Elisa Carrió en un futuro cercano-sólo se abstuvo.
El día siguiente continuaron sucediendo cosas extrañas en la Cámara de Diputados. Cuando llegó el turno de votar el Presupuesto 2008, esta vez sin que hubiera urgencias en el oficialismo para llegar al número, los mismos que habían iniciado un camino de lealtad con el gobierno votaron a favor de un Presupuesto que toda la oposición pidió directamente devolver al Poder Ejecutivo por imposible. De nuevo la oposición estuvo enfrente, aunque las sorpresas fueron mayores.
«En este Presupuesto no hay nada que entusiasme, por el contrario. No se plantea la Argentina productiva que debería duplicar sus exportaciones con valor agregado. Tampoco una reforma tributaria ni una coparticipación justa que afiance el crecimiento de las provincias. Es un Presupuesto conservador, sin imaginación alguna.» La frase corresponde a Francisco de Narváez durante el inicio del debate presupuestario. Indudable que no estaba de acuerdo con esa ley. Pero un día después, la planilla de la sesión de Diputados registró su voto a favor de la iniciativa. Todo un caso de sorprendente mutación.



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