3 de agosto 2001 - 00:00

Ahora proponen canje de apoyo económico vs. escudo antimisiles

Una información procedente de Londres señaló hace pocos días que a la Argentina le resultaría conveniente a sus intereses la instalación en la Patagonia de una base de misiles norteamericanos. En realidad, el tema no es enteramente nuevo. Lo que resulta un avance en todo caso es el carácter que tendría la base, por la tecnología bélica en uso. Hace ya muchos años que es motivo de interrogantes y análisis en académicas reuniones, la necesidad de los EE.UU. de contar con un aeropuerto militar en la Patagonia. En su momento, plena Guerra Fría, la razón esgrimida era que los superbombarderos «estratégicos» que sobrevolaban a diario el Cono Sur del continente, partiendo desde bases en Panamá, requerían de pistas «alternativas». Ni siquiera la construcción de la moderna base inglesa de Mount Pleasant en las islas Malvinas, después de la guerra del '82 y con pistas de aterrizaje aptas para bombarderos supersónicos pesados, logró acallar esas inquietudes. En todo caso reverdecieron porque la conveniencia significaba convertirse en un aliado estratégico de los EE.UU., cancelando costosas hipótesis de conflicto.

La llegada a Washington del presidente George W. Bush reactualizó la instalación de un sistema antimisiles que proteja a los Estados Unidos de eventuales ataques. Bush busca ahora un pacto «más flexible» que reemplace al Tratado sobre Misiles Balísticos firmado con Moscú en 1972 (ABM), afirmó ayer la consejera de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice, en la capital norteamericana.

Incertidumbre

El desarrollo y montaje de un «escudo espacial» sobre los EE.UU. crea en Rusia y China la incertidumbre de que, al amparo de su supuesta invulnerabilidad, Washington adopte una política más agresiva. Terminante, Rice dijo que Washington no se enredará con Moscú en prolongadas negociaciones que «puedan perjudicar el desarrollo y emplazamiento de las defensas contra misiles en cuanto sea posible».

El caso es que, desde Londres, un especialista un tanto extravagante en el análisis de temas económicos internacionales, David Hale, publicó en el diario «Financial Times» que la solución a los problemas financieros argentinos provendría del secretario de Defensa norteamericano, Donald Rumsfeld. La situación estratégica de una Patagonia virtualmente desierta ofrece la posibilidad de instalar una base de misiles estratégicos, a mitad de camino entre China y el díscolo mundo árabe. Después de todo en tiempos de Augusto Pinochet, Chile facilitó la isla de Pascua para la instalación de ingenios electrónicos capaces de rastrear satélites. Lo cual le significó a esa isla perdida en el Pacífico contar con pistas de aterrizaje para aviones de cualquier tipo y tonelaje, sin costo para Chile.


Difícilmente el presidente Ricardo Lagos pudiera pactar hoy semejante concesión, con Parlamento y partidos funcionando en democracia. Lo mismo ha pasado ya en la Patagonia, donde un Parlamento regional se va a reunir dentro de dos semanas en Neuquén, seguramente para refutar la peregrina propuesta de Hale desde Londres. Lo hizo con el argumento de que los EE.UU. ha intervenido en las crisis de países en desarrollo cuando ha alentado algún interés militar concreto. Como ha ocurrido, dijo por ejemplo, en Turquía. Más allá de que esa Patagonia hoy desierta resulte estratégicamente mejor ubicada en el Hemisferio Sur que Australia, Nueva Zelandia o Sudáfrica, tradicionales aliados de los EE.UU. y Gran Bretaña en cuanto conflicto bélico se haya desatado sobre la tierra.

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