29 de junio 2004 - 00:00

Alberto Fernández espera a Duhalde para suspender la guerra

Eduardo Duhalde, una pasión al servicio del Mercosur, se entrevistó ayer en la localidad boliviana de Santa Cruz de la Sierra con el presidente de ese país, Carlos Mesa.
Eduardo Duhalde, una pasión al servicio del Mercosur, se entrevistó ayer en la localidad boliviana de Santa Cruz de la Sierra con el presidente de ese país, Carlos Mesa.
La iniciativa está, por ahora, en manos de Alberto Fernández, el jefe de Gabinete. No bien el Presidente regrese de China, el sábado próximo, se intentará realizar una reunión con Eduardo Duhalde. Como paso previo, anoche se había organizado una reunión entre el ex presidente y el Fernández, para aplacar el ánimo de confrontación interna y preparar aquella otra cumbre con el primer mandatario. El encuentro entre Duhalde y el jefe de Gabinete está previsto para hoy. Los detalles se ultimaban anoche, una vez que el hombre de Lomas regresó de Bolivia, donde pasó 48 horas haciendo gestiones como secretario general del Mercosur.

El objetivo del encuentro entre Duhalde y quien fue su recaudador de campaña en 1999 es volver a su cauce el vínculo entre Kirchner y el peronismo de la provincia de Buenos Aires. «Si hay que ir a una interna el año que viene, que se haga. Pero debe ser el año que viene; ¿cómo vamos a estar un año antes culpándonos de asesinatos como manera de resolver si Cristina es mejor que Chiche?», reflexionóanoche uno de los dirigentesdel peronismo bonaerense que sirvió de nexo al ex presidente con Fernández para preparar la entrevista de hoy.

La precipitación de ese encuentro no es la que aconseja la estética: hace diez días, se prefería postergar en el tiempo el reencuentro de Kirchner y su antecesor, de tal manera que esa cumbre no fuera vista como un síntoma de una crisis alarmante. Ahora, esa crisis alarmante se volvió inocultable. Luis D'Elía, el jefe piquetero a quien consagraron como dirigente oficialista tres ministros del Poder Ejecutivo, culpó a Duhalde de un asesinato y, además, tomó una comisaría de la que, según se informaba en la Justicia, desaparecieron las armas. Uno de los interlocutores más frecuentes de Fernández en estos días, llegó a esta conclusión inteligente: «En esos dos hechos está resumida una hoja de ruta que debemos advertir a tiempo; los piqueteros irán primero por Duhalde, pero después se lo comerán a Kirchner». Sólo cuando Juan Carlos Blumberg encabezó una manifestación de cientos de miles de personas el 1 de abril pasado el gobierno estuvo en un estado de estupefacción como el que lo dominó este fin de semana. La mejor manifestación de ese estado es el cono de silencio en el que ingresaron los ministros que habitualmente animan las radios amigas durante las mañanas.

• Sospecha

¿Qué es lo que cambió entre el fin de semana en que Oscar Parrilli, Carlos Tomada y Alicia Kirchner agasajaron a D'Elía y este otro, en el que el jefe piquetero tomó la comisaría de La Boca? Que el gobierno comenzó a salir de su ingenuidad para sospechar que los piqueteros tienen un plan político propio, donde el Presidente o su antecesor de Lomas de Zamora son sólo una anécdota. La fotos y los discursos de D'Elía y de Raúl Castells, abrazados, terminaron con la ficción de que existen «piqueterosamigos» y «piqueterosadversarios». Hay por lo menos tres ministros que coinciden en que la división de los dos grupos de activistas está deliberadamente provocada para separar a Kirchner de quien fue hasta ahora su principal aliado político y no para defender al Presidente de un eventual golpe bonaerense, como fantasea un sector del oficialismo cuyo representante más elocuente es Miguel Bonasso. «Esto del policía bueno y el policía malo ya lo inventaron los sindicalistas en los años '60 para cobrar por varias ventanillas al mismo tiempo; se tragaron treinta gobiernos, pero ellos siguen vivos», reflexionó uno de esos ministros.

La solución para salir de un atolladero en el que el gobierno quedó arrinconado por la estrategia autónoma de los piqueteros comenzó a imaginarse ayer en el despacho del jefe de Gabinete. Ahora se espera que el regreso de Duhalde permita un armisticio. Sobre todo, que sofoque las fiebres algo paranoicas que se manifiestan a uno y otro lado del Riachuelo. Así como D'Elía y el sector más inexperto del gobierno suponen que «algo raro hubo» en la muerte de «el Oso» Cisneros (en especial, porque el asesinato se produjo en el aniversario de las muertes de Kosteki y de Santillán), en el duhaldismo hay quienes creen que desde la Casa de Gobierno se utiliza a los «piqueteros» amigos para presionar a intendentes del conurbano y obligarlos a reprimir. En una tertulia de varios de esos alcaldes, ayer por la tarde, se comentó la acción de militantes ligados a D'Elía el viernes pasado en Avellaneda: «Trataban de enloquecer a ' Cacho' Alvarez (el intendente) para que terminara mandando a la Policía y repitiera lo que sucedió hace dos años, cuando obligaron a 'Negro' a dejar el poder antes de tiempo».

Duhalde regresó ayer de Bolivia y también hizo votos de silencio. Ordenó lo mismo a su entorno para preparar pacíficamente la entrevista de hoy.

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