Serie Nisman eclipsa juicio oral por única pista todavía vigente en atentado a la AMIA

Política

Es el único vestigio de la investigación original por la voladura: la supuesta responsabilidad en el acondicionamiento de la Trafic, presuntamente utilizada como coche-bomba. Ya desfilaron más de 50 testigos. Detallan negocio irregular con camionetas. Sigue sin saberse cuál fue la carrocería hallada.

El caso Nisman vuelve a eclipsar –ahora por la vía del estreno de la serie documental sobre las circunstancias que rodearon su muerte- el trasfondo siempre difuso respecto a la investigación por el atentado a la AMIA, ocurrido hace más de 26 años. Así como su denuncia por supuesto encubrimiento a los acusados iraníes realizada contra el gobierno kirchnerista se llevó gran parte de la atención pública que no tuvo el juicio oral por el desvío de la investigación original, la difusión del material recopilado por el inglés Justin Webster se superpuso ahora a la continuación del juicio oral por el único tramo “sobreviviente” del expediente AMIA. Se trata de la supuesta responsabilidad penal del exreducidor de autos Carlos Telleldín en el acondicionamiento del vehículo presuntamente utilizado como coche bomba en la voladura de la mutual judía. De fondo, la discusión será también determinante para establecer la validez de la única hipótesis que, hasta ahora, se mantuvo como una certeza: la existencia de una camioneta Trafic que impactó contra el frente del edificio de Pasteur 633 el 18 de julio de 1994. Pero el tema también ofrece aristas propias de un guión cinematográfico.

El juicio viene transcurriendo con bajo perfil y ya promedia su extensión, de acuerdo a la convocatoria de testigos prevista en mayo pasado, cuando comenzó. Ya desfiló medio centenar ante el Tribunal Oral Federal N°3 que debe establecer si Telleldín es responsable haber participado en el homicidio agravado de 85 personas, sumado a lesiones graves, gravísimas y leves y de daños a bienes muebles e inmuebles. Para esto, se deberá demostrar que acondicionó la camioneta a sabiendas de los fines criminales que iba a tener. El exreducidor fue el acusado “histórico” de la investigación inicial a cargo de Juan José Galeano y el único sentado en el banquillo luego de una elevación a juicio que fue el último acto judicial de Alberto Nisman en el caso AMIA, antes de presentar la sonora denuncia contra Cristina de Kirchner.

Increíblemente dilatado es lo único que podría ser juzgado en la causa luego de que en 2004, el TOF 3 tras el juicio oral, declarara nula toda la investigación del atentado, tras haber corroborado un sinnúmero de irregularidades que derivaron en el juicio AMIA II por encubrimiento. Sin embargo, fue la Corte Suprema la que en su momento rescató el tramo inicial de la pesquisa, antes del pago de u$s400 mil a Telleldín para que diera una versión falsa del destino que le dio a la camioneta.

Netflix podría hacer un capítulo adicional, solo con lo que se está discutiendo en el juicio, algo que ya se había esbozado en el primer debate que declaró todo nulo. El 25 de julio de 1994 se labró un acta con el hallazgo del block de un motor entre los escombros, abonando desde ese momento la hipótesis de un coche bomba. En el primer juicio hubo contradicciones y confesiones: en el expediente aparece en cuatro oportunidades distintas el mismo hallazgo y testigos declararon en su momento que creían haber visto esa prueba días antes de que fuese formalmente ingresada a la causa, lo que teóricamente justificaría por qué la SIDE comenzó a seguir a Telleldín, último poseedor de ese motor, días antes de esa fecha. El TOF 3 declaró la nulidad de esa acta de secuestro. Pero para este juicio, y en base a testigos, se tomó como válido el único nexo que permanece vigente en la causa AMIA: el número de motor hallado en las ruinas, llevaba a Telleldín.

Telleldín se dedicaba a la compra y venta de autos, algunos con procedencia dudosa. Una Renault Trafic blanca de la firma Messin SRL, dueña de la marca de ropa Daniel Cassin, se incendió en marzo de 1994. La empresa aseguradora Solvencia, perteneciente al Grupo Juncal Seguros, le pagó en concepto de destrucción total unos u$s16 mil. Pero allí asomó un negocio ligado al submundo del delito –el cual los testigos acreditaron- respecto al destino que tuvo la camioneta siniestrada: en lugar de dar la baja registral, los restos de la Trafic y los papeles del vehículo fueron a su vez vendidos al comerciante de autos Alejandro Monjo, de Alejandro Automotores. En ese estado, Monjo se los vendió a Telleldín el 4 de julio de 1994 quien, según declaró en este juicio, la llevó al taller mecánico de Claudio Cotoras para sacarle el motor. De la carrocería de la Trafic de Messin no hubo más rastros. Ninguna de las ventas sucesivas quedó registrada.

Pero Telleldín declaró que colocó ese motor en otra camioneta Trafic. Según su versión lo hizo en el taller Nitzcaner, que también declaró ahora. Esa otra camioneta le había sido sustraída el 1 de julio de ese año a Pedro Sarapura. Telleldín afirma que tras publicar un aviso clasificado y desconociendo que se trataba de una camioneta robada, la termina vendiendo el 10 de julio, a través de un boleto de compraventa dudoso a nombre de un tal “Martínez”, quien nunca fue hallado. Clientes de Telleldín declararon en el juicio que la mitad tuvo problemas con la documentación de los vehículos que le compraban.

Los demás restos hallados en la AMIA, más allá del motor, permitieron establecer que se trataba de partes de una carrocería compatibles con una Renault Trafic, al punto tal de precisar que se trataba del modelo que tenía una puerta lateral. Pero hay una laguna en la historia: la Trafic robada a Sarapura y cuyo motor habría montado Telleldín sólo tenía puerta trasera. No venía con el portón corredizo en un costado. El motor de la de Sarapura, nunca apareció. En el primer juicio, el TOF 3 dio por válida la existencia de un coche bomba y de la Trafic, pero reconoció entonces que aunque el motor hallado era de la camioneta quemada de Messin, no así la carrocería, y que tampoco coincidía con la de Sarapura. Por eso, sostuvieron que debió haber habido una tercera carrocería sin identificar sobre la que se montó el motor hallado. A lo largo de los años, Nisman buscó localizar el rastro de las camionetas. Según le confesó a familiares de las víctimas, en 2013, quedó sin evacuar las dudas respecto a cuatro vehículos que nunca halló, y cuyas carrocerías podrían haber sido compatibles.

Antes de fin de año, declararon nuevamente los empleados del estacionamiento Jet Parking. Allí fue estacionada una Trafic con puerta lateral el 15 de julio de 1994, retirándose el mismo 18. Sin cámaras de seguridad, no pudo haber más precisiones salvo reiterar que quienes la llevaron habían dejado paga una quincena. ¿Qué pasó entre el 10 (cuando ocurre la supuesta venta) y el 15 de julio? Nadie lo sabe con certeza.

El juicio por la única pista concreta que existe en relación atentado podría colaborar a echar luz en el caso institucionalmente más relevante de la historia argentina. O podría terminar de sepultar la mínima certeza que existía en una investigación totalmente enrevesada. Si fuese un guion, luego del veredicto, fundiría a negro.

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