Julio De Vido
y José
López,
enviados de
Kirchner a
bendecir la
fusión entre
intendentes
del PJ y el
FpV bonaerense,
armado que
pergeñaron
Julio Pereyra
y Alberto
Descalzo.
Dicen que es un ensamble institucional, con Néstor Kirchner como único jefe y que nada tiene que ver con la tirria por la gobernación de Buenos Aires. Es una verdad a medias: la fusión de barones del PJ y el Frente para la Victoria oculta una maniobra para pulsear por la sucesión de Felipe Solá.
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Se trata, en detalle, de un movimiento dual: por un lado, para operar en contra de la potencial reelección del gobernador -que tiene pendiente un debate jurídico- y, por otro, para funcionar como base y combustible de la estructura que, si tumban a Solá, podría gobernar Buenos Aires.
El lunes, con poco estruendo, sesenta intendentes bonaerenses se reunieron en la sede de la FAM para protagonizar la fusión entre caciques que en la elección de octubre fueron en boletas antagónicas: unos con la de Cristina Fernández (FpV); otros con la de Chiche Duhalde (PJ).
Mientras en el Congreso nacional y en la Legislatura de La Plata, el kirchnerismo y el PJ ortodoxo mantienen todavía bloques diferenciados -FpV y Peronismo Federal- sin que exista un plan inmediato para amontonar la tropa, los intendentes sellaron su unidad.
«Todos somos intendentes peronistas», repiqueteó la consigna uniforme en la cumbre del lunes que, como mensaje de la Casa Rosada, fue bendecida con la presencia de dos delegados de Kirchner: Julio De Vido, ministro de Planificación, y José López, secretario de Obras Públicas.
Bromean los peronistas que, según un concepto católico de la política, López es un santo: no por su bondad -asunto no opinable aquí- sino porque escucha los pedidos pero es su jefe, respetando la analogía cristiana, el que dispone cuál milagro se cumple y cuál no.
Sigilosa, la «Liga» se operó desde las oficinas de la FAM, con un guiño de Kirchner, vía Julio Pereyra, a dúo con su alter ego Alberto Descalzo. Los intendentes de Florencio Varela e Ituzaingó se dedicaron a la costura fina de esa red de alcaldes.
Otros actores tuvieron, también, participación. Juan José Mussi (Berazategui), Hugo Curto (Tres de Febrero) y Baldomero «Cacho» Alvarez ( Avellaneda) -los tres llevaron la boleta del PJ que postulaba a Chiche- fueron, con roles diferenciados, artífices de la construcción.
Esquema
De allí, con trasfondo de alianzas cruzadas, se confeccionó un esquema para intervenir en la disputa por la gobernación en 2007. Los puntos principales:
Sobre 74 intendentes peronistas -sumando PJ y FpV- unos 60 estuvieron en la FAM para conformar el bloque de jefes comunales del peronismo que luego se unirá al bloque de la UCR y de los independientes para reconstruir el Foro de Intendentes de Buenos Aires, formato que potenció Antonio Cafiero en 1987 pero que cayó en desgracia con Eduardo Duhalde, que nunca permitió la junta de jefes comunales. En teoría, dicen sus gestores, Kirchner autorizó ese esquema. Es una rareza: el Presidente preserva intacto el pánico a la corporación del conurbano que con un «putch» decapitó, en términos políticos claro, a Fernando de la Rúa.
A pesar de que luego de la FAM un contingente se fue hasta el Banco Provincia a presentarse ante Solá, nada desdibuja la sospecha de que ese armado tiene un fuerte componente antifelipista. Se combinan varios factores: a) poco y nada se gestionó esa unión a través de la gobernación cuando, en cambio, sí se notificó y convocó a Presidencia; b) la mayor ausencia se dio entre intendentes del interior, los más cercanos a Solá; c) en la cúpula del bloque de alcaldes no hay un mínimo atisbo de felipismo. Mussi quedó como secretario general, Andrés Arregui de Moreno fue proclamado vice mientras que en la cima del armado se ubicó a Juan De Jesús, del Partido de la Costa, como delegado de la provincia interior, quien está malquistado con Solá desde que el gobernador lo tentó con ser ministro de Salud pero éste, prematuro, lo contó en todas las mesas y luego se enteró que el cargo tenía otro ocupante. Tras eso, De Jesús tributa a una doble terminal: en Aníbal Fernández y en Sergio Massa, que empleó a su hijo y a Amado Boudou, ex funcionario de De Jesús en la Costa que en la actualidad es mano derecha del titular de ANSeS en ese organismo.
Luego de un intento por camuflar su designación como una victoria de Solá, De Jesús se confesó: «Si logra el aval judicial, Solá será un candidato más». Ni Kirchner lo dice en esos términos que, en cambio, advierte: «Si Felipe trae el papelito (en referencia a la autorización judicial) yo lo apoyo. Pero va a ser difícil que lo consiga (el papelito)». Detrás del bloque de intendentes hay, claro, una operativa más profunda: sin ser núcleo duro del ex duhaldismo, De Jesús integra el engranaje que engloba a Aníbal F., Massa, el platense Julio Alak y Carlos Mosse en un club antifelipista. De manera lateral y fluctuante, como siempre, suele intervenir también Alberto Balestrini. Ese club opera en la Legislatura y se plantó contra más de un proyecto de Solá, sobre todo el referido a la extensión de la licencia a los bingos.
Unidos contra Solá y la chance de un tercer mandato, estos precandidatos -Fernández es el único que lo dijo; algunos lo ocultan; para otros es sólo una fantasía trasnochada- sintonizan con los intendentes y armaron el bloque que será, más allá de que dicen que no apoyarán a ningún candidato, una usina contra Solá. Precavido, el gobernador los recibió en el Banco Provincia con una frase: «Espero que trabajen para que el próximo gobernador sea un gobernador y no un delegado». Un comentario, nada sutil, contra el dedo de Kirchner.
Asoma, sin embargo, un condimento válido para los alcaldes: si se agudiza la disputa por la gobernación y hay varios candidatos en carrera, la fragmentación del kirchnerismo llegará a los distritos, lo que, de rebote, le complicará sus territorios. Es un temor razonable que, de todos modos, difícilmente se diluya con el armado del bloque de intendentes peronistas.
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