21 de marzo 2001 - 00:00

Alfonsín apoya, pero simulará enojo para no romper con Chacho

Raúl Alfonsín se encarnó ayer en el atuendo de batalla. No llegó a ponerse la camisa de jean de las grandes maldades, pero suspendió la rutina que tiene cuando regresa de los viajes al exterior. Por ejemplo, no pidió que Federico Polak lo fuera a buscar a Ezeiza. Prefirió amortiguar su regreso al país con una entrevista en la sala VIP con sus almohadas económicas, Mario Brodersohn y Juan Vital Sourrouille. Todo un símbolo, porque quería escuchar un informe in voce de la reacción de los mercados radicales sobre el nombramiento de Domingo Cavallo como ministro de Economía.

Apenas llegó a su casa, cazó el teléfono y se comunicó con la residencia de Olivos y escuchó, con el dúo de economistas delante, una explicación de Fernando de la Rúa de lo que había pasado. Por eso, fue uno de los primeros en enterarse de que Cavallo sería nomás titular de Economía y no jefe de Gabinete, según como se habían ido todos a dormir en la madrugada de ayer. «He recibido una buena explicación pero estoy muy preocupado. Acá hay que defender la Alianza», dijo el jefe radical cuando se le presentó en persona Chacho Alvarez en su departamento de la avenida Santa Fe.

Explicación

El ex vicepresidente disintió con ese juicio. Tenía una versión más negativa de los hechos, porque sus enviados especiales a Olivos habían fracasado en traerle la Jefatura de Gabinete que le habían prometido. Con algo de rubor, Alfonsín le reveló la explicación que le había dado De la Rúa: «No le puedo dar la Jefatura de Gabinete a esta gente, Raúl. ¿No ve que hace una semana me renunciaron en masa todos a los cargos? ¿Cómo lo nombro a Alvarez y después me expongo a otra renuncia? ¿Cómo hago para que Alvarez negocie algo con gobernadores que ni lo saludan o, peor, con los senadores?».

Chacho quedó helado con esta explicación, que Alfonsín completó -para equilibrar los tonos-con un lamento, porque la Alianza se quebraba en el gobierno. Le explicó la necesidad de encontrar un discurso acorde con su situación. «Soy candidato a senador pero advierto una división en mi partido», dijo echando mano de su tópica comparación con el cisma entre alvearistas e yrigoyenistas en los años '30.

Alvarez salió de Santa Fe con una idea que podía explotar para ganarse la diaria: el malestar de Alfonsín le dejaba una brecha para decir que el ex presidente dudaba de la candidatura y que estaba para el portazo junto con los frepasistas, si no les daban la Jefatura de Gabinete.

A mediodía, cuando
Alvarez estaba en la oficina de Aníbal Ibarra picando algo a la espera de Darío Alessandro y Rodolfo Rodil para almorzar, la exasperación del jefe frentistas llegó al límite.

La noche anterior les habían prometido los ministerios de
Interior y Educación, pero la dureza de la posición frepasista que condicionaba todo a la designación de Chacho en lugar de Colombo les había hecho perder este segundo ministerio. Se enteraron por la radio que iba a manos de un encendido antifrentista como Andrés Delich, miembro conspicuo del grupo Villa Rosa que anima Fernando de Santibañes, defensor máximo de la teoría de que De la Rúa debe basarse en una nueva Alianza con el cavallismo, los partidos provinciales y un sector del peronismo.

Chacho, que cree que De Santibañes es el autor de todas las desgracias que lo han perseguido desde 1999 (espionaje conyugal, sobre su familia, su ex familia, pinchaduras, etc.), vio por esa designación del amigo de Antonio de la Rúa, que no quedaba mucho que hacer.

Para colmo, los cortes de calle habían convertido el centro de la Capital Federal en un infierno y
Alessandro y Rodil no llegaban nunca. Nunca llegaron y debió Chacho e Ibarra, quien usa una versátil y coqueta combi (al estilo Duhalde), correrse hasta la Casa del Frente.

Allí
Ibarra y Alessandro hicieron una negociación telefónica más con Olivos, ahora para jugar la última carta. Ofrecieron que Alessandro fuera en lugar de Chacho a la Jefatura. Les dijeron, del otro lado de la línea, que nones y les insistieron que para ese diputado frentistas seguía reservado el Ministerio del Interior. Es poco. Se montaron en la necesidad de que se discutiera todo el programa de gobierno, que Cavallo les mostrara detalles del plan, que nunca le ha revelado a nadie, y que se integrase un gabinete multipartidario: De la Rúa presidente, Chacho o Darío a la Jefatura de Gabinete, un radical a Interior, Cavallo a Economía y un provincial como Carlos Balter a Desarrollo Social.

Respuesta de Olivos: o
Darío toma Interior o game over.

Colgaron los teléfonos y la radio les informó que asumía en esa cartera el antialiancista mayor de la Argentina, el cordobés
Ramón Mestre, que perdió una gobernación con tal de rechazar el maridaje entre UCR y Frepaso.

A esa hora, Alfonsín empezaba una ronda interminable que duró toda la tarde. Pasaron por su oficina el chaqueño
Angel Rozas, al que se sumaron Enrique Nosiglia, Marcelo Stubrin, Brodersohn, Sourrouille, «Fredi» Storani. La mayoría de los presentes estuvieron ausentes en la jura de los ministros. Ni vieron el acto por TV de enojados que estaban.

Tan molesto como
Alvarez con la consagración de Mestre, Alfonsín dedicó, sin embargo, el resto de la tarde a desmentir lo que le atribuyó Chacho durante todo el día sobre una renuncia a la candidatura y un portazo.

«¿Por qué voy a renunciar ahora. Cuando lancé la candidatura ya era López Murphy ministro y Cavallo era ya candidato al Banco Central?

¿Qué cambió?»
, argumentó, cuando le trajeron las versiones chachistas. Confirmó en Olivos que hoy desayunará con el Presidente y montó un taller literario con todos los presentes para una redacción tema: «mostrarse enojado pero no romper con el gobierno».

Cuando llegó la noche, el texto estaba listo para que hoy lo apruebe la cúpula del partido, que se reunirá cuando regrese
Alfonsín de Olivos, con la promesa presidencial de que la Alianza sigue existiendo aunque frentistas y alfonsinistas están más lejos del poder que nunca.

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