Alfonsín pide "corralito" contra los cacerolazos
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«No puede ser que esto se convierta en una asamblea universitaria», se encrespó cuando la peronista Cristina Kirchner, mandamás de Asuntos Constitucionales, propuso -burocráticamente y sin intenciones de provocar polémica- una ronda de consultas con ONG y agrupaciones de juristas para reglamentar el uso del «per saltum», recurso que habilita a la Corte Suprema a intervenir en causas radicadas en tribunales inferiores, salteando una o más instancias.
«¿Qué es la participación ciudadana?... ¿La asamblea de la plaza Rodríguez Peña, donde 20 personas votaron si me iban a hacer un escrache con puteadas o sin puteadas en la puerta de mi casa?», pataleó como cuando se montaba a los púlpitos para reprender a los clérigos que no profesaban el credo alfonsinista en los '80. En el salón Eva Perón, el aire se cortaba con un cuchillo.
«Me parece que resulta imprescindible abrir la discusión; es lo que reclama la gente», apuntó la legisladora por la Ciudad de Buenos Aires, en reto a Alfonsín, quien no salió al cruce. «Nadie está en contra de la participación, y eso quiero que quede claro, pero no podemos exponernos a que el trámite de regulación del 'per saltum' se prolongue meses y meses», interrumpió Eduardo Menem, tratando de desviar el eje de la querella y amortiguar las palabras de Ibarra en el ánimo del caudillo de Chascomús.
«Se podría invitar a que las asociaciones profesionales hagan conocer sus puntos de vista por escrito o que mantengan una reunión a la que se puedan sumar los senadores de la comisión que así lo deseen, a instancias de la Presidencia», amplió el riojano. A la señora de Kirchner le agradó que tuviera la posibilidad de hacer relaciones públicas con las corporaciones de juristas, aunque no se hubiera impuesto su postura original.
Antes de dar por concluida su alocución, el senador Menem subrayó: «Nunca me opuse a la participación de la gente; no quisiera que se tergiverse esto». Alfonsín, que exhibe gran respeto por su par justicialista (mucho antes de que este último repeliera a golpes de puño a un solitario agresor en tránsito de La Rioja a Buenos Aires; el cacique de la UCR intentó emprenderla contra sus caceroleros, pero no lo dejaron), fue más lejos: «Claro, que quede bien clarito, porque mañana (por hoy) los diarios y las radios van a decir que yo me opongo a la participación popular y eso es mentira», levantó el dedo índice.
• Acompañamiento
El tucumano Pablo Walter (Fuerza Republicana) y la peronista salteña Sonia Escudero se despojaron de prejuicios sobre el Frepaso y acompañaron la moción ibarrista, rama Vilma. El bussista se atrevió a recordar que la comisión de reestructuración del Senado emitió dictamen, entre otras cosas, auspiciando que las comisiones realicen audiencias públicas. Alfonsín se mordió los labios para no volver a discutir con Walter, a quien había reconvenido implícitamente por su vocación de podar gastos en el Congreso.
«¿Usted, señor senador, es el que anda diciendo que ahora en el Senado se terminó la fiesta?», preguntó envenenado el veterano legislador al más joven de los senadores, en el primer enojo de la tarde de ayer. «Me parece, señor senador, que tenemos distintos puntos de vista al respecto», atinó a responder Walter, sorprendido por el filo del dardo alfonsinista.
El delegado por la minoría bonaerense no le perdonó a su correligionario de Jujuy Gerardo Morales que haya coqueteado con Fernando de la Rúa y, a continuación, haya motorizado la reducción de gastos senatoriales que acarreó, entre otras cesaciones de personal, el despido de Margarita Ronco, secretaria de toda la vida de Alfonsín. El jujeño y Walter promovieron un borrador que terminó con formato de despacho de la comisión racionalizadora -previas correcciones del PJ-, aun cuando la nómina de telegramas se confeccionó en la oficina del presidente provisional Juan Carlos Maqueda y no en la comisión que fogoneó Jorge Milton Capitanich hasta que se transformó en jefe de Gabinete.
Kirchner intervino a tiempo para evitar el escándalo (varios de los presentes pensaron que, en realidad, no quería perderse la posibilidad de protagonizar el cruce con Alfonsín). «Señores senadores -dijo mirando más a Walter que al radical-, no discutan entre ustedes y diríjanse a la presidencia de la comisión». Fue suficiente para disuadirlos.
El tucumano se llevó una pequeña victoria. Logró que Asuntos Constitucionales destrabara la mayor parte de la reforma y devolviera el despacho de la comisión de reestructuración para que pudiera desembarcar en el recinto lo antes posible. La dependencia que encabeza la santacruceña sólo debatirá las modificaciones al reglamento de la Cámara y la reducción de comisiones de 47 a 24.




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