Carlos Chacho Alvarez contempla en estos días la guerrilla que se ha desatado en el Frente Grande de la Capital que conduce Aníbal Ibarra, una puja entre propios e ibarristas por un puñado de cargos partidarios. « Chacho dice que quizá sea mejor que todo explote, y después se haga un nuevo armado con 'Lilita' Carrió», confió uno de sus íntimos con quien se confiesa el ex vicepresidente en ocasiones, recostado en un sillón del living de su casa. Ibarra hace esfuerzos por mantener la Alianza de la Capital, pero ahora pelea contra la impronta abandónica que le legó Chacho a los frepasistas porteños, a tal punto arraigada, que ayer la mitad del bloque del Frente Grande de la Legislatura porteña comenzó a amenazar con un portazo si no se resuelven cuestiones internas partidarias.
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Hoy, a medianoche, el FG de la Capital debe acordar, para evitar una interna partidaria de poco uso en esa agrupación, la lista de nuevas autoridades. Ahora lo preside Ibarra junto a Darío Alessandro, pero el jefe de la Ciudad quiere avanzar en cargos de conducción y compartir el liderazgo con uno de sus principales punteros, el legislador Ariel Schifrin, además de ocupar la mayor cantidad de sillas en la mesa directiva de 17 miembros y en demás representaciones a convenciones y congresos.
Esa parte del ibarrismo que sigue a Schifrin es rechazada por chachismo auténtico de Liliana Chiernajowsky, esposa de Chacho Alvarez, y de Abel Fatala, secretario de Obras Públicas del gobierno de Ibarra.
Las huestes chachistas no quieren ceder espacio al ibarrismo, que se arroga la gestión en la Ciudad para avanzar en la movida que se definirá hoy, y hasta Ibarra, gentil, propuso alejarse de la presidencia del partido para que en su lugar vaya Schifrin, titular del bloque Alianza, y como vicepresidente se mantuviera a Alessandro, o a Chiernajowsky (un imposible por la mala relación que mantienen con el ladero ibarrista de la Legislatura). No es para menos, el propio Alvarez, semanas atrás envió (por los medios, claro) un disparo directo contra el favorito de Ibarra, aludiendo a que en la Legislatura se arman « aparatitos políticos que terminan presentando fichas de afiliación truchas». Algunos creen que no lo dijo por Schifrin, quien en un acto heroico en épocas de mala imagen de políticos y partidos recolectó 8.000 nuevos carnets para el Frente Grande. Otros convencidos del disparo, incluso, comenzaron a dudar de las fichas que revisará la Justicia electoral, como lo hace en los trámites de todos los partidos políticos.
Por eso, cuatro legisladores de los siete que tiene el FG en la Legislatura amenazan ahora con partir el bloque y aislar a Schifrin y a Vilma Ibarra (hermana del jefe porteño) con un inestable Marcelo Vencentini que si bien se perfila ibarrista suele mantener roces con el titular del bloque.
El grupo rebelde lo conforman Sandra Dosch (cercana a Fatala), Roque Bellomo (del extinguido gracielismo), Beatriz Baltroc (de afinidad con Chiernajowsky y también gracielista) y Delia Bisutti. Se resisten a reconocer a Schifrin como comandante y dieron una prueba de ello en la última sesión del jueves pasado en el recinto porteño: Dosch presentó un proyecto para pedir una auditoría sobre compras y contrataciones de la casa, pero la solicitó retroactiva al año '97, cuando el vicepresidente de la Legislatura era Ibarra y el secretario administrativo, Schifrin. El debate fue acalorado, pero el titular del bloque contó con el apoyo de peronistas para rebotar esa investigación sobre el pasado, éxito que le dio pie para reprochar a la fatalista Dosch que «¿viste cómo te responde la oposición? Esta fuiste vos, la que lo pidió en comisión y así te responden porque venís a jugar la interna en el ámbito institucional». La legisladora enmudeció, pero ayer comenzó la furia cruzada con el amague de partir el bloque que conduce Schifrin.
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