Carlos Alvarez despertó esta semana con otra quimera, que trasmitió casi en secreto a unos pocos que tratan, día a día, de levantarle el ánimo: quiere que le preparen el escenario de candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires, distrito adonde tiene domicilio como vecino de Ezeiza, donde descansa no sólo los fines de semana. Antes de ahora fue noticia que el porteño ex vicepresidente se había anotado en el nuevo distrito, pero con la idea de ser nominado a senador nacional este año. Fue una fantasía de los amigos porque no le daba la antigüedad, pero igual sirvió para arruinarle algunas siestas a Raúl Alfonsín, que competirá por la Alianza en ese distrito.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
La idea es ahora que el distrito Capital tiene nuevo dueño, Aníbal Ibarra, que ha demostrado que es blindado a las maniobras a las que ha querido arrastrarlo Chacho. Desmarcó de la crisis que siguió a la renuncia y se convirtió, finalmente, en el negociador del Frepaso frente a Fernando de la Rúa. Ibarra ha encontrado, además, como aliada en la despedida de Chacho nada menos que a Liliana Chernajowsvky de Alvarez, hoy jefa de Gabinete en el Gobierno de la Ciudad.
Esta nueva aventura la quiere revestir Alvarez de cierta mística: recuperar el dominio del partido domesticando a un Frepaso bonaerense que muestra más disidencias locales que sus correligonarios del orden nacional. Domar esos desacuerdos lo mostraría con una muñeca que hoy parece haber perdido.
También la movida encubre la oportunidad. Alvarez lee las mismas encuestas que Duhalde y lo hace con la misma pasión. Por eso, sabe que, salvo un milagro, Alfonsín no tiene posibilidad material de revertir un pronóstico de derrota frente al ex gobernador. Esas mismas muestras revelan que el clima de crisis licua hora a hora la chance de otras formaciones ligadas al testimonialismo básico como la que conduce el cura católico Luis Farinello.
Si esta idea del mudable Alvarez prospera con el correr de los días, Alfonsín perderá otro amigo en el distrito que se negará a acompañarlo en los actos de campaña. Eso lo acercará a otros radicales que apuestan a que la campaña de 2001 termine de recluir el ex presidente en Chascomús. Uno de ellos vive en Olivos (De la Rúa); otro, en Villa Elisa (Federico Storani).
Dejá tu comentario