Alvarez quiere mayores cambios en Seguridad
Juan José Alvarez, el nuevo secretario de Justicia y Seguridad de la Capital Federal, tras la tragedia del 30 de diciembre, viene poniendo en evidencia la falta de controles anteriores en la Ciudad. Impactaron sus operativos, pero ahora quiere también reemplazar casi completamente a funcionarios y contratados de su área, que suman más de 500. Al desafío de intentar controlar una ciudad contraventora suma ahora el de desalojarle a Aníbal Ibarra una secretaría que concentra porciones políticas variadas: resto de radicalismo, ibarrismo puro y kirchnerismo. Ya encuentra algunos frenos para ese despliegue que quiere encauzar mañana, mientras crece el temor de que se agreguen a la conmoción por los muertos también pujas políticas. El plan técnico apunta a llevar expedientes electrónicos, purgar el área de inspectores y crear la Justicia Vecinal porteña, pero lo más polémico será cuando trate de imponer que cargos políticos como las direcciones generales se designen por concurso.
-
Reforma electoral: las PASO ponen a prueba la alianza PRO - LLA
-
Milei recibió al magnate de Sillicon Valley Peter Thiel
Juan José Alvarez
Se comenzará a notar mañana, cuando el nuevo secretario y los dos subsecretarios que ha nombrado empiecen a aceptar masivamente renuncias para renovar la gran parte del staff de la megasecretaría. Esa oficina cuenta con tres subsecretarías, cada una con más de 200 empleados entre contratados y jerárquicos. Para empezar, hasta los niveles de directores generales, a promedio de 5 por subsecretaría serían todos reemplazados. Lo mismo harán caducar la mayor parte de los llamados contratos de locación, que superan los 500. Todo en medio de la tentativa de Aníbal Ibarra de terciar entre varios frentes: uno es el propio que representa allí, en puestos, su propia tropa, otro el del kirchnerismo que nutre los planteles también y el tercero es el nuevo, el del desembarco duhaldista. La puja en la cual trata más de mediar Ibarra hoy es la que lo lleva a intentar un equilibrio entre nacionales y bonaerenses, es decir, entre duhaldistas y kirchneristas, con la idea de evitar que el internismo que pudiera desencadenares, agregado al impacto de la tragedia, lo lleve irremediablemente a la ingobernabilidad.
Con los reemplazos que profundizará especialmente el subsecretario de Seguridad, Diego Gorgal, mañana, comenzará a virar el color político de una de las áreas espaciosas del Gobierno porteño, dejando la transversalidad en el recuerdo con la avanzada peronista. Es decir, en breve, Alvarez tendrá armada una secretaría estratégica con gente propia. Al menos, es ese su propósito.
Precisamente, los 190 inspectores con que cuenta ahora la Ciudad serán también puestos bajo la lupa uno a uno, aún cuando están participando de los estridentes operativos de control lanzados esta semana. Esa tarea está a cargo de Pedro
Fioretti, un ingeniero industrial de perfil totalmente técnico, mientras que lo referente a seguridad está en manos del joven Gorgal, un acompañante de diversas gestiones de Alvarez, quien se prepara para recibir el traspaso policial, si llegara a concretarsey punzar en el control de las agencias de seguridad privada.
Para todas esas ambiciosas medidas, a las que Ibarra ha dado luz verde ante las circunstancias, mañana será un día clave, cuando comiencen los reemplazos en la megasecretaría que comandaba Juan Carlos López.
• Inquietud
Si el propio Ibarra cuando aceptó la renuncia de ese funcionario -su amigo y ex cuñado- y luego también desplazó a la segunda, Fabiana Fiszbin -ex subsecretaria de Control Comunal e íntima amiga de Vilma Ibarra- pegó en el corazón del vilmismo, la línea interna que adhiere (o adhería) a la senadora y su propósito de lanzar la carrera nacional de su hermano, Alvarez terminará de desarmarla Hiere esa purga también al más aliado de Vilma en la Casa de Gobierno, Alberto Fernández, pero inquieta sobre todo a Ibarra.
El jefe de gobierno debió suspender ayer una reunión con su nuevo funcionario Alvarez, por una urgencia familiar de éste. Trataban de retomarla anoche para analizar, entre otras cuestiones, un caso puntual: el retiro de Marcelo Antuña, subsecretario de Justicia a quien Alvarez aún no pudo reemplazar porque el funcionario le respondió que «la renuncia se la doy a Ibarra». Es que en realidad ese tipo de cargos los resuelve el jefe porteño y deben obtener su conformidad. Antuña, apoderado del Frente Grande, es aliado de Vilma y respondía a la dupla política que conformara la senadora con López, pero también al jefe de Gobierno. El ex funcionario termina siendo con su destino el límite que tendrá Alvarez en su gestión, en lo referido a nombramientos y reemplazos, al menos.
Alvarez, sin embargo, se propone ir más allá de los nombramientos. El plan del duhaldista incluye imponer que las designaciones de directores generales en su área dejen de ser decisiones políticas y se hagan por concurso; intentará hacerlo por ley como también quiere que se sancione la norma que diseña la justicia vecinal y los «jueces legos», jueces que no necesariamente sean abogados.
El plazo de 120 días, claro, no es rígido: ayer mismo se hablaba de extender tres meses el plan de Control Comunal, el área que maneja las inspecciones y habilitaciones. Todo el proyecto, se extenderá si la gestión es exitosa y el funcionario sigue ocupando un papel de privilegio en el Gobierno porteño, pero dejará su despacho en cuanto pase a ser uno más del gabinete ibarrista. Se quedará un tiempo mayor si se propone el traspaso policial, pero lo que es seguro es que no acompañará a Ibarra hasta el final de su gestión.
Cuando se retire de la cruzada, podría Alvarez acceder a un ministerio nacional y evaluar también si le es conveniente en política cambiar de domicilio electoral. Para entonces, cuando deje la silla vacía, ya se barajan nombres. El ibarrismo asegura que Gorgal lo reemplazará, pero éste ya dijo que se va con Alvarez. En la Casa de Gobierno miran a Alberto Iribarne, o piensan en otro candidato que quedaría a decisión de Néstor Kirchner.



Dejá tu comentario