24 de diciembre 2003 - 00:00

Amadeo, embajador de fantasía por Duhalde

Vuelve Eduardo Amadeo a ostentar, desde ayer, el rango de embajador. Lo fue en Washington hasta mayo pasado, gracias a Eduardo Duhalde, y ahora, también por gentileza del bonaerense -aunque la orden y la firma fue de Néstor Kirchner-, recuperó las bondades diplomáticas.

Como mano derecha de Duhalde en la presidencia del Mercosur, Amadeo fue coronado vía decreto como embajador extraordinario y plenipotenciario, categoría de alcance universal -porque no lo es ante un determinado país, sino ante todos a la vez-aunque sólo en forma protocolar.

Es una jerarquía vaga: no es de carrera ni política. Es, casi, una embajaduría simbólica como la que en su momento, con Adalberto Rodríguez Giavarini en Cancillería, tuvieron Esteban Caselli y Diego Guelar, archienemigos que convivieron bajo el paraguas de Carlos Ruckauf.

Igual, Amadeo tendrá pasaporte verde y trato preferencial en Aduanas. Claro que se espera que no repita el incidente de Guelar que, a pesar de estar fuera de la embajada, seguía mostrando su tarjeta de embajador. Por eso, Giavarini tuvo que «incautarle» el tarjetero.

• Similitudes

«El ámbito diplomático es parecido al militar: hay que tener charreteras para que te atiendan», relató ocurrente Amadeo, que ya fue proclamado jefe de Gabinete del ex presidente en la jefatura del Mercosur, oficina que de todos modos todavía no tiene gabinete.

Hay, sin embargo, varios nombres en danza: algunos seguros; otros supuestos o autopostulados. La embajadora María Cristina Boldorini, una experta en Mercosur, que tenía destino cantado en el Consulado de San Pablo, irá por orden de Rafael Bielsa a colaborar con Duhalde.

Alfredo Atanasof
será jefe de la Comisión Bicameral Mercosur del Congreso y quiere un despacho en Montevideo. Otro anotado es Hugo Toledo que, como en el interinato presidencial de Duhalde, quiere ser ministro de Obras Públicas «en la sombra», como él se definió alguna vez.

Anteanoche, Toledo se reunió con Duhalde y le arrimó un informe sobre la estado de situación en materia de infraestructura que presenta el Mercosur. Allí se enteró de que hubo una reunión de ministros de área y fijaron una agenda de obras prioritarias para el bloque.

A Toledo, que escoltó a Duhalde en Buenos Aires en los años de presupuesto dulce, se le hizo agua la boca. Pero Duhalde pretende que su gabinete tenga la menor cantidad posible de bonaerenses: tiene dos -Amadeo y
Luis Verdi-así que espera que el resto provenga de Brasil, Uruguay y Paraguay.

Inclusive, en una ronda de charlas con los presidentes del bloque que mantuvo antes de su asunción, pidió que le aporten «profesionales» para integrar su equipo de trabajo.

Para antes del 22 de enero, cuando participará en Madrid de un Congreso por el Programa IIRSA, sobre infraestructura regional, que se financia con fondos del BID, espera tener cerrado ese punto así como también diseñado el presupuesto que manejará como presidente del Mercosur.

Quizás hasta medie un pedido de Kirchner, a quien se le atribuye ser escurridizo con la billetera. Tendría un motivo:
todas las erogaciones de la jefatura de Duhalde en el Mercosur recorrerán por cuenta de la Cancillería argentina. Eso fue lo convenido: la Argentina pone el presidente, pero también paga los gastos.

Por tanto, fue apenas un gesto de buena vecindad el del brasileño Luiz Inácio Lula Da Silva cuando subió al bonaerense a su gira árabe, le pagó viajes y vianda, y hasta le prestó un avión oficial para que se trasladara de Brasilia a Buenos Aires, al finalizar el recorrido por tierra musulmana.

Pero eso terminó: de ahora en más, los sueldos de Duhalde y los suyos, los de las secretarias de todos, los gastos de protocolo y los viajes, entre otras erogaciones que supone una jefatura regional, serán oblados por la Cancillería Argentina.

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