26 de marzo 2004 - 00:00

Anduvo todos los peldaños

El interventor del Partido Justicialista en la Capital Federal es un operador de temas «de inteligencia» y de trajinada actividad por eso en la SIDE. En rigor, el personaje conocido como el «Pelado» (Ramón Ruiz) admite una biografía típicamente peronista más allá del ganapán que tuvo -o mantieneen el organismo de los espías. Llega hoy a la intervención por orden de la jueza María Servini de Cubría y, difícilmente, los sectores discordantes se opongan a la medida. Porque, de alguna manera, Ruiz es un nuevo transversal.

El «Pelado» exhibe una vieja militancia en el peronismo porteño, reconoce amistades de cuando el general Embrioni presidía la Intendencia de la Capital Federal (estaba cercano al «gordo» Ovando, una de las espadas de aquel militar) y él siempre merodeaba las «62 Organizaciones», aquel invento seudogremial del sindicalista Lorenzo Miguel. Merced a esos vínculos llegó a convertirse en secretario parlamentario en Diputados, en los tiempos que José Luis Manzano estaba por un lado y, por el otro, se alistaba otro bloque con Guardia de Hierro y las gremialistas parlamentarios liderados por Diego Ibáñez. Ruiz le reportaba al dirigente petrolero.

Pero no sólo se vinculaba a los gremialistas: disponía de óptima relación con jerarcas del PJ de aquella época, Vicente Saadi, Jorge Antonio y Raúl Matera, siempre inspirado en actividad del peronismo capitalino. También, en ese ciclo, comienza a tratar temas jurídicos y se vincula con hombres y mujeres del sector, casi es un sucedáneo de Torcuato Fino, el abogado para esas lides de la Unión Obrera Metalúrgica. Con esos datos es fácil incluir a Ruiz, ya en el menemismo, con los que entonces se denominaban los «rojo punzó» (Alberto Kohan, Julio Mera Figueroa, Luis Barrionuevo), en franca oposición a los «celestes» (Eduardo Menem, Eduardo Bauzá, José Luis Manzano). Fue justamente esta discordia la que suspendió hábitos políticos de Ruiz y su traslado a España como delegado de la SIDE.

• Imputación

Quedó él como responsable de unos afiches famosos, pegados en la Capital, que le imputaban operaciones non sanctas al hermano del presidente, a Roberto Dromi, Manzano y Bauzá. Hubo gran revuelo, le echaron la culpa a Barrionuevo, luego a Omar Fassi Lavalle, hubo investigaciones, algún preso momentáneo y por fin el caso se cerró con la disparada o premio a Ruiz a Madrid. Desde allí le informó durante años a Hugo Anzorreguy. Ya disipados los conflictos internos en el menemismo, Ruiz volvía a menudo a la Capital, hacía política en ese ámbito y amistad con la jueza Servini, vía el brigadier Cubría, su marido. Así, en 2003, se convierte en veedor de la Justicia en el partido en los congresos por la ley de lemas.

Era amigo y empleado de Miguel Angel Toma, conserva el trato con la Servini, aunque la última novedad es que le mantiene la confianza el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y su operador porteño, el sindicalista Víctor Santamarina. O sea, conforma a unos y otros, más a la autoridad judicial, aunque ésta siempre aparece tocada por la presión oficialista de la Casa Rosada. Le toca al «Pelado» entonces, iniciar otra etapa.

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