11 de junio 2003 - 00:00

Antes de la cumbre, hubo dos ensayos casi en secreto

Escenas novedosas en Casa de Gobierno ayer: el jefe de Gabinete de la Cancillería, el ex diputado Eduardo Valdés, estuvo en todas las reuniones clave pero procuró agazaparse tras la enseña. Junto a él, un José Bordón -futuro embajador en Washington- en insólita pose: riendo a carcajadas.
Escenas novedosas en Casa de Gobierno ayer: el jefe de Gabinete de la Cancillería, el ex diputado Eduardo Valdés, estuvo en todas las reuniones clave pero procuró agazaparse tras la enseña. Junto a él, un José Bordón -futuro embajador en Washington- en insólita pose: riendo a carcajadas.
La charla que mantuvieron ayer Néstor Kirchner y Colin Powell fue un montaje con ensayo previo; se hizo en la noche del lunes, cuando el Presidente recibió al embajador James Walsh, con quien repasó, casi a la letra, lo que se escuchó ayer. La confianza del encuentro, entre mandatario y embajador, permitió más franqueza y alguna revelación estratégica, por ejemplo que Kirchner se ha dado un plazo de seis meses para alcanzar velocidad de crucero. Que el Presidente hable de seis meses es esperable; desde el 10 de diciembre, cuando asuma el nuevo congreso, Kirchner empezará a contar los 4 años de mandato «propios». Además es una fecha clave porque después de ese día podría declarar cumplido su acuerdo con Eduardo Duhalde, que le dejó 5 de los 10 ministros de su gabinete. En ese momento ya no tendrá posibilidad, si viera peligrar el ex presidente su acuerdo, de reasumir la gobernación de Buenos Aires con Felipe Solá ya reelecto, según espera la alianza bonaerense.

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Para esos seis meses, le confesó
Kirchner -que estaba acompañado por el futuro embajador en Washington, José Bordón, y el jefe de gabinete de la Cancillería, Eduardo Valdés-confía en tener cumplidos tres objetivos:

1) mejorar la calidad institucional para la Argentina. Para eso ha emprendido el juicio a la Corte, una forma según el santacruceño, de lograr seguridad jurídica en el país. Como escuchó ayer en el Casa de Gobierno,
«seguridad jurídica para todos los sectores, no sólo a las empresas y bancos»; 2) lograr un acuerdo para refinanciar la deuda a largo plazo. Para esto es imprescindible, le explicó Kirchner a Walsh, una mano del FMI; 3) hacer jugar efectivamente a la Argentina en la lucha contra el terrorismo. La principal contribución, como insistió Kirchner ante Powell, ha sido la apertura de los archivos del espionaje criollo para lograr un avance en la investigación de los atentados a la Embajada de Israel y la AMIA.

En ese diálogo se repasó el calendario para discutir una fecha de visita de
Kirchner a Washington. «Quiero ir cuando 'Pilo' (Bordón) está ya asentado como embajador», dijo el Presidente. Walsh recordó los buenos antecedentes de Bordón, pero también que el plácet de un embajador extranjero debe ser examinado por 32 oficinas gubernamentales antes de la aprobación. Entre las minucias de ese diálogo hubo una central tratándose de diplomacia: «¿Le van a regalar algo a Powell?», se interesó Walsh. Kirchner se miró con Bordón y Valdés y el embajador entendió: «Está bien, no habrá intercambios de regalos». Cuando se despidieron había desazón entre los argentinos, quizás porque se perdieron un buen regalo de canje.

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Un segundo ensayo, que adelantó la mayoría de las respuestas que se dieron los interlocutores, se desarrolló ayer pero a 10 mil metros de altura, en el Boeing 757 -gemelo del Tango 01 que usa Kirchner-donde tiene su oficina volante Powell. Cuando la nave había despegado de Santiago de Chile, el secretario de Estado sentó frente a sí a Bielsa, invitado a viajar a Buenos Aires, y lo sometió a un examen. Primero le preguntó qué pensaba hacer la Argentina con el default de la deuda externa. El canciller argentino, liberado de oídos indiscretos, expuso en el estilo más ortodoxo qué pensaba Kirchner sobre ese punto. Le contó cómo se hace un presupuesto en la Argentina y que lo que Kirchner quiere asegurar es el superávit fiscal.

Powell sonrió y anotó en un bloc amarillo a rayas. «La Argentina lleva ya seis meses de superávit y eso no lo vamos a quebrar.» Powell: « Pero por qué no pagan la deuda».

Bielsa
: «A eso voy, mantener el equilibrio del gasto es mejorar el perfil de la economía, que no haya inflación y se empiece a reactivar la economía, condición para que podamos pagar algo».

Bielsa no encontró la forma de decirlo en buen inglés, pero transmitió el mensaje: la Argentina no está para el pagadiós, pero espérennos, y sabemos que el pago de deuda está atado a una disciplina fiscal fuerte de la que no nos vamos a mover. Esto lo completó Kirchner ayer en la reunión con Powell con esta frase: «No queremos tampoco que el pago de la deuda traiga más pobreza», y Powell le retrucó con la misma frase.

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Bielsa
, que es abogado y sueña como todos con una silla en la Corte, le ilustró a Powell sobre su otra inquietud, la crisis en ese tribunal. El amigo americano le contó que dos «justices» (jueces del supremo) de Washington le habían mandado -sabiendo de su gira hacia Buenos Aires-un pedido de informes sobre la pelea entre Kirchner y Julio Nazareno. El gobierno cree que fue Eduardo Moliné O'Connor quien interesó a sus colegas de los EE.UU. en este entuerto, pero Bielsa igual debió explicar cómo funciona el sistema, que es muy parecido al americano.

«Esto es un 'impeachment', lo debe votar el Congreso y juzga el Senado, si no hay votos para hacerlo no se hace. No es una crisis fuera de la Constitución.» Bielsa le contó -nunca se sabrá en qué términosla historia de la Corte de Justicia, algo que el canciller conoce muy bien porque su nombre está registrado en el presupuesto del Ministerio de Justicia desde 1982. Powell en el aire y ayer en la Casa de Gobierno se dio por satisfecho. «Sabemos que es un tema que está dentro del cauce constitucional.»

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 Terminado y cuando el avión descendía sobre la perla del Plata, llegó la hora de las amenities.
«¿Qué hacía usted antes?», se interesó Powell, y Bielsa le relató su experiencia desde 1982 como gerente de la informatización de la Justicia criolla con todos los gobiernos desde entonces. «Entonces esto le va a gustar», dijo Powell, y peló. Desenfundó una computadora portátil que dejó encandilado al autor de «Una luz de almacén» y le mostró hasta dónde alcanza, informáticamente hablando. Le mostró un «pituto» que conecta esa máquina con un código encriptado con sus funcionarios de Washington y el propio George W. Bush en cualquier lugar del mundo donde esté. Con otro «pituto» abre una línea también de Internet pero a cualquier formato de texto y de video. Bielsa festejó que su secretario, Aníbal Gutiérrez, hubiera viajado en otro avión hacia Buenos Aires con su notebook; no fuera que Powell le pidiera verla y quedase al descubierto. El canciller repreguntó y Powell volvió al relato de sus aficiones (ayer fue desarmar autos Volvo, ¿y ahora): «Soy un apasionado de la informática, estoy on line desde la década de los años '60, cuando empezaba a haber computadores, inmensas en ese entonces.» Comprensible la pasión en este ciberfuncionario que estuvo hace horas en Chile, venía de Jordania, ayer se encontraba en Buenos Aires y hoy espera desembarcar en Camboya.

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