13 de noviembre 2001 - 00:00

Arde el gabinete, ministros que se matan como las arañas

Fernando de la Rúa presidirá hoy un gabinete nacional electrizado. No porque los ministros hayan decidido desentonar con el estilo cansino que imprime el Presidente a todas sus actividades. La electricidad se debe a los cortocircuitos que enemistan a unos contra otros y que llegaron ayer al escándalo con las declaraciones de la ministra de Seguridad Social, Patricia Bullrich, quien insinuó que José Gabriel Dumón y, eventualmente, el mismo De la Rúa estarían dispuestos a «negociar la transparencia», levantando a los sindicalistas la obligación de presentar sus declaraciones juradas de patrimonio ante el gobierno.

Dumón es el ministro de Trabajo. Se presenta a sí mismo como «un radical clásico», lo que constituye un síntoma de coherencia, si no de audacia y desparpajo. Efectivamente, Dumón parece un «radical clásico»: ayer quiso replicarle a la Bullrich diciendo que «estamos tomando nota de lo que decidió un magistrado de la Nación 'prima facie'». Ella lo había acusado de un pacto negro con los gremialistas y de estar cometiendo «una barbaridad total» pero él dijo que «el país no espera una interna entre ministros del Poder Ejecutivo y por eso mi esfuerzo es bajarle a esta discusión todos los decibeles posibles».

De la Rúa seguramente no echará a ninguno de los dos. Ni a Bullrich por escandalosa ni a Dumón por, según sugirió ella, promover la opacidad. El Presidente se conformó con reclamarle a la ministra que no se pelee con su compañero de banco, ejerciendo aquella tarea que en la administración de Carlos Menem volvió famoso a Eduardo Bauzá: la de jefe de personal.

Ultimátum

Bullrich no solamente cruzó a Dumón sino que, además, indicó que en el área de Desarrollo Social debe realizarse un ajuste inmediato para unificar planes y reducir costos administrativos. Dijo que eso debe suceder antes de que pase una semana, lo que constituye un ultimátum al Presidente. En la Casa Rosada comenzaron las especulaciones sobre si detrás del arrebato de la ministra había alguna estrategia de abandono del barco. Fue el modo más elegante de ocultar que el arrebato había sido, antes que una táctica, una falta de respeto a De la Rúa.

El fondo de la polémica parece ser viejo como la política: peleas por espacios, cajas, cargos. Dumón quiere retomar áreas que Bullrich se había llevado a su nueva cartera de Seguridad Social, y Daniel Sartor, el ministro de Desarrollo Social, todavía no se resignó a lo que le profetizó la ministra: que su cartera desaparecerá a fin de año. Este conflicto golpea en el corazón de Olivos: los hijos del Presidente se consideran padrinos de los dos funcionarios en duelo. A pesar de que últimamente, cuando Antonio de la Rúa computa «mis ministerios» sólo enumera el de Hernán Lombardi (Turismo), Andrés Delich (Educación) y Desarrollo (Sartor). Bullrich sigue siendo mirada con simpatía pero para el delarruismo íntimo tiene una mácula: demasiado alineada con los impulsos de Domingo Cavallo.

Si bien estas peleas son las más estridentes, hay otras que también prometen sangre de ministro. Héctor Lombardo, el titular de Salud, mira de reojo a Ramón Mestre, a quien cree su heredero. Lombardo defiende su estabilidad diciendo que debe haber un médico y no un dentista al frente de la cartera. Aunque él se destacó no como galeno sino como comediante: alarmó con la llegada del «ántrax postal»; concedió reportajes a ignotos periódicos de Buzios que querían conocer los programas sanitarios de la Argentina pero que al final mandaban a la TV sus fotos haciendo la plancha en «Praia dos Ursos» y calificó el suicidio de René Favaloro como «un crimen». Como facultativo su única actuación fue diagnosticar la ateroesclerosis del Presidente. ¿Se equivocó también?

Nicolás Gallo, el secretario general, es otro de los contendientes del equipo. Dejó las huellas digitales en la puerta de la SIDE, intentando ocupar el lugar de Carlos Becerra. Logró lo que se creía imposible: unificar a todas las facciones de esa sede en un solo objetivo, seguir como están. Tocayo de Becerra, también Bastos tiene las huellas de la
den tadura de Gallo en el cuello. Ahora se le quedó con la caja del nuevo plan de infraestructura. Mucha sed en el desierto.

El ministro de Economía completa el mapa de agresiones del gobierno que se reunirá hoy por la mañana. Por distintas razones, cada ministro tiene con él una cuenta pendiente: Chrystian Colombo, Gallo, Adalberto Rodríguez Giavarini, Mestre, casi todos tienen un agravio que vengar.

Acaso sea esa capacidad para atraer la inquina lo que hace que Cavallo esté atornillado a su sillón, resistiendo los augurios del planeta. Dicen que al filósofo Spinoza lo fascinaba hacer pelear a las arañas, por el solo placer de verlas. A De la Rúa le pasa lo mismo con sus ministros y por eso el servicio que presta el de Economía es invalorable. El y los otros tienen, además, la virtud de las arañas de Spinoza: jamás supieron por qué se están matando.

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