4 de junio 2002 - 00:00

Asesor complica a Chiche Duhalde con el gallinero

A la esposa del Presidente, Hilda Chiche Duhalde, no le va bien con los asesores, quienes parecen más acostumbrados a preparar mensajes barriales que a la categoría nacional que ella requiere. Ya que, si bien no es funcionaria, su protagonismo -inclusive político- le demanda un rol superior al de otras damas. Como se ocupa de tareas sociales y, además, la hacen incurrir en candidaturas, escaso tiempo guarda para observar los discursos que le preparan y, por último, esto le genera disgustos. Como la semana pasada, cuando en una reunión del programa alimentario ella apareció ofreciendo recetas de comida barata como si fuera Doña Petrona. No parece lo ideal para quien niega a cada rato -a pesar de que sus propios amigos son quienes lanzan estos supuestos- que desee postularse a la presidencia o a la gobernación de Buenos Aires.

Si bien ella es de mensaje llano y sabe llegar a determinados hogares, más a ciertas amas de casa, pareció impropio -y tal vez en relación con ciertas boutades del menemismo en lugar de lo que es su estilo- que en Berisso explicara: «Se coloca una taza de porotos de soja y dos tazas de agua; se licua y se hierve durante tres minutos; se cuela, se saboriza con vainillín y ya tenemos leche de soja». En esa jornada nutricional, práctica y preocupada por la poca cultura hogareña de la gente, también explicó cómo «con 5 pesos se puede hacer un kilo y medio de milanesas de carne, mientras que con la misma cantidad de dinero se pueden hacer hasta 6 kilos de milanesas de soja».

No fue esta clase didáctica lo que por último terminó de indisponer a la señora de Duhalde con más de un asesor: es que también le redactaron un texto por el cual ella dijo: «Debemos procurar la forma de volver a tener gallinas en el fondo de casa, como cuando éramos chicos». Ella no ignora, claro, que gran parte de la población vive en unidades horizontales y, por más que aspire a una vida más silvestre, ciertamente sabe que el mundo moderno -aunque lo deseara- está lejos de imaginar un gallinero en su casa (hasta por razones higiénicas, obvio). Más quien negocia con el FMI la estructura del déficit, el fin de las monedas provinciales o préstamos por 10 mil millones de dólares. Se supone que el asesor que le incorporó ese párrafo debe ser el mismo que a Eduardo Duhalde, en alguna ocasión, le hizo decir que se debía hacer una economía a favor de los artesanos y un pacto con los «talleristas». De esto, Duhalde se supone que volvió y sin duda ella debe compartir esa impresión a favor de un mundo desarrollado, bucólico pero en progreso. No se sabe si así lo entienden sus asesores, quienes además de escribirles recetas culinarias o hacerles decir de la conveniencia de los gallineros, en la última semana hicieron un segundo llamado desde el Ministerio de Desarrollo Social y Medio Ambiente -que está bajo su tutela- para la «impresión de un manual de recomendaciones para el rescate de aves, tortugas y mamíferos marinos». Es comprensible la inquietud por preservar la vida animal, pero -como la misma señora del Presidente se debe preguntar-, ¿es éste el momento para gastos de semejante características y para que un instituto oficial consuma burocracia y dinero en este tipo de emprendimientos?

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