31 de enero 2006 - 00:00

Asumió hombre de Hugo Moyano las "cajas sindicales"

El setentismo vuelve. De mil maneras y no sólo por la izquierda. Ayer asumió Juan Rinaldi, el nuevo interventor en la Administración de Programas Especiales, el fondo que distribuye subsidios entre las obras sociales de los sindicatos. Rinaldi es el abogado del sindicato de Hugo Moyano. Por eso en su asunción se hablaba ya de «la patria camionera». Como hace 30 años se hablaba de «patria metalúrgica». Pero distinto.

Es cierto, Moyano consiguió ubicar en la «caja» de las obras sociales a un hombre de su intimidad. Un abogado laboralista que imita hasta en sus modales a su jefe sindical. Néstor Kirchner aportó así para que el acuerdo de precios más importante que debe negociar en los próximos dos meses permita fija un límite: es nada menos que la paritaria de los camioneros, donde se fija el sueldo que hoy rige a todo el mundo laboral.

• Limitado

Moyano festejó su conquista ayer, aunque con moderación. En la asunción de su delegado celebró que «el APE vuelva a los trabajadores». Sin embargo, sabe que esa pretensión es limitada: el Presidente acotó su poder subordinando esa «caja» a la Superintendencia de Salud, que ahora encabeza un hombre de Alberto Fernández, Héctor Cappaccioli. Aunque el verdadero mandamás sea el versátil Néstor Vázquez, médico que puso su creatividad con los números al servicio de Carlos Menem, de Eduardo Duhalde y, ahora, de Kirchner.

El secretario general de la CGT notó ayer que su poder puede quedar acotado. No lo hizo leyendo resoluciones ni mirando el organigrama donde lo premiaron. Intuitivo, advirtió ese dato político revisando la concurrencia: nadie del gobierno concurrió a festejar la coronación del combativo Rinaldi. Ni siquiera Eugenio Zanarini, su antecesor como interventor en esa dependencia, concurrió a entregarle las llaves del lugar. Zanarini, igual que Ricardo Otero (el decisivo gerente de prestaciones) son hombres de Ginés González García, el ministro de Salud. Es decir, el funcionario que le advirtió a Kirchner que dándole un poder omnímodo a Moyano sólo conseguiría que en la «caja» de las obras sociales le pongan condiciones a los «gordos» disidentes cada vez que pidan un subsidio.

González García habría usado la palabra «peajes». Pero no se sabe en qué sentido. Por lo demás, ahora ubica a su gente en el Ministerio de Salud de la provincia, que encabeza uno de los suyos, Claudio Mate (venía de ser secretario de adicciones bonaerenses, casi por imposición de su apellido).

• Soledad

Más allá de estas anécdotas, lo cierto es que los hombres del Sindicato de Camioneros llegaron a su nuevo reino casi en soledad. No sólo no estaban los funcionarios del gobierno. Tampoco se vio a demasiados sindicalistas. Es que Moyano viene recibiendo estas « regalías» a título personal: cada oportunidad que se le abre dentro del Estado la aprovecha con su propio entorno. ¿ Representa, entonces, a la CGT? ¿O se limita a ofrecer la tranquilidad de la central obrera y a cobrar políticamente por eso?

Los setenta vuelven, pero distintos. Aquella «patria metalúrgica» de Lorenzo Miguel tenía ramificaciones en muchos gremios importantes: desde la construcción hasta los plásticos, de los petroleros a «la carne». En cambio la patria camionera se agota, al parecer, en los conductores de camiones. Apenas si contiene a algún otro medio de transporte: los colectivos, tal vez los subtes. Los términos de la comparación quedan incompletos. Hay que esperar a lo que haga Moyano en marzo, cuando puje por aumentos de salarios. Miguel, en el '75, hizo estallar el termómetro: firmó un convenio con 110% de aumento salarial. «Isabelita» no se lo quiso homologar. Renunció el ministro de Trabajo (otro Ricardo Otero), en una época en que Lorenzo ponía al titular de esa cartera, prodigio que no le fue concedido a Moyano por ahora. Finalmente le convalidaron el acuerdo y, con esa decisión, se lanzó una carrera de los demás gremios que terminó de consumir la economía.

La historia no se repite, ni siquiera como farsa. Pero recordar estos hechos puede resultar aleccionador para Kirchner, quien por ahora neutraliza el retorno de estos otros « setenta» pagándole a Moyano con posiciones en el Estado.

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