14 de abril 2008 - 00:00

Ataque a los medios emula al chavismo

En la batalla por imponer su «relato», es decir, destacar los logros de esta gestión subrayando la excepcionalidad del actual momento histórico en contraste con «200 años de desencuentros», el gobierno ha decidido declararle la guerra a los «generales mediáticos». Con este fin, sacó del letargo el Observatorio de Medios creado en 2005 para determinar si el periodismo incurre en discriminación. Esta acción «desde arriba» se completa con una tarea «desde abajo»: la exhibición, en actos oficiales, de carteles contra la prensa por parte de militantes juveniles kirchneristas.

De este modo, justo cuando su principal aliado internacional y casi único financista, Hugo Chávez, les hace un desplante mayúsculo privatizando una empresa del grupo Techint, el gobierno, con sus críticas a los medios, da signos de creciente chavización.

Hubo una notable coincidencia entre el lenguaje protomilitar del oficialismo contra la prensa y el Encuentro Latinoamericano contra el Terrorismo Mediático, convocado casi en simultáneo en Caracas por el gobierno bolivariano. «El terrorismo mediático -peste de la cultura contemporánea- es la primera expresión y condición necesaria del terrorismo militar y económico» del Norte industrializado, reza la declaración final del Encuentro, según el cual «los hitos más vigorosos de esta batalla» son Cuba (monopolio estatal de prensa) y Venezuela (que según su presidente vive en estado de « guerra mediática»).

  • Inspiración

  • Las críticas, en lenguaje militar, no fueron sólo para la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), sino también para «grupos de choque (sic) como Reporteros sin Fronteras» y «la Unión Europea» que «cumple un rol vergonzoso». Chávez hizo su aporte al debate tildando al diario venezolano «El Nacional» de « basura ideológica». Y un panelista del Encuentro tuvo una idea que bien podría inspirar a la tropa kirchnerista: «Debemos prepararnos para la guerra mediática popular prolongada formando nuestro propio ejército popular de periodistas dispuestos a dar batalla (y) enfrentar las mentiras que difunden día a día los grandes medios de comunicación».

    Pensándolo bien, tal vez no sea necesario mirar a Caracas ya que, en el plano local y en un ejercicio de rara autonomía, el Consejo Directivo de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA emitió el 1 de abril una declaración de «repudio al rol de los medios durante el lockout patronal». La excusa fueron supuestas expresiones discriminatorias, pero lo cierto es que la nota -que dio pie al gobierno para relanzar el Observatorio de Medios- afirma también que «ha sido notoria la ausencia de contrastes en las posiciones» de la prensa «sobre las medidas de las cuatro entidades» rurales, párrafo que revela las verdaderas intenciones de esta iniciativa.

  • Interrogante

    Si hubiera expresiones discriminatorias en los medios, lo cual es posible, bastaría con recurrir a la Justicia. Y aun suponiendo que haya faltado el contraste en la cobertura periodística del paro rural -lo cual es falso- ¿no dispone acaso el gobierno de una agencia de noticias, un canal y una radio para exponer su punto de vista?

    El titular del COMFER aclaró que el gobierno no sancionará a los medios por «el contenido del mensaje». ¿Habrá que darle las gracias? Generoso, el funcionario también dijo que se podrá criticar a la Presidente, salvo que implique una discriminación de género, aclaró. Si es así, estamos en problemas, porque para Cristina de Kirchner todas las críticas a su gestión se deben al «pecado de ser mujer».

    En desopilante diálogo radial con Luis D'Elía, titular de la Federación Tierra y Vivienda (FTV), el actor Fernando Peña dijo: «Ahora vamos a hacer una nota de color, negro, porque está D'Elía al aire. etc». Aunque el piquetero y la Facultad de Ciencias Sociales no lo hayan entendido así, era una ironía, inspirada en las propias parrafadas de D'Elía contra los «blancos».

    Sorprende que gente aficionada a la teoría del «relato» ignore que existen diferentes « registros» del lenguaje, siendo uno de ellos el humor. ¿Habrán leído la novela «La broma» del checo Milan Kundera? A través de la historia de un joven que cae en desgracia por escribir una carta tomándose en solfa la doctrina comunista; el libro es una durísima requisitoria contra el totalitarismo que, en su máximo desarrollo, exige la absoluta uniformidad de las conciencias y, por lo tanto, no tolera ni el humor.

    La reciente «lectura» oficial de una caricatura es un mal signo. Como los estalinistas, ¿querrán ahora los Kirchner ir también contra el humor?
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