14 de febrero 2003 - 00:00

Avatares del acto en Costa Salguero

• Fue el primero en llegar, disciplinado, como siempre. Pero la premura le jugó una mala pasada: tal vez fue por el largo encierro, la falta de aire, el tumulto y la aglomeración; lo cierto es que a Eduardo Bauzá se lo vio descender apurado de la tarima donde se encontraban las jerarquías menemistas y partir, ahora menos ágil, en busca de una puerta. Llegó hasta ella apoyado en varios colaboradores que lo ayudaron a salir, víctima de un vahído. La salud le jugó al mendocino otra mala pasada.

En comparación con la experiencia anterior, en la misma sede de Costa Salguero, resultó llamativo ayer en el acto de Menem el relajamiento de las medidas de seguridad. Entre los periodistas y los adherentes ya no había una barrera de agentes de seguridad, sino un cordón más o menos firme de jóvenes militantes. Alrededor del propio Menem, descuido: tanto que casi lo tocan con la pértiga de varios carteles. Ni detector de metales había ayer en el recinto de la costanera.

• Fue un mal día el de ayer, en Costa Salguero, para el bonaerense Alberto Pierri. Ni siquiera la música pegadiza de Los Zarza (el cuartetazo «Vuelve Carlos») le quitó el mal humor; cuando llegó al acto, en medio del tumulto, le robaron su celular.

Otro que padeció a la multitud fue Jorge Castro, que llegó poco antes de que empiece el discurso de Menem y, para subir al palco, tuvo que remar durante veinte metros en la popular y luego saltar una valla para poder treparse al escenario mayor.

• Los menemistas se entusiasmaron apenas vieron una pancarta gigantesca que rezaba «Menem presidente, Puerta gobernador». Para los organizadores, no era una sorpresa. En víspera del acto en Costa Salguero, Ramón Puerta habló con Juan Carlos Romero y le prometió enviar una delegación misionera al mitin. En amigable conversación, tuvieron que limar algunas asperezas: meses atrás, y a pedido de Alberto Kohan, Menem había acompañado el lanzamiento de otro postulante a la gobernación de Misiones, Héctor Dalmau, en Oberá. Duró poco esa movida: hoy Dalmau juega a favor de Néstor Kirchner.

Aunque no se dejó ver, los locales celebraban la más reciente adquisición del menemismo. En Entre Ríos, lograron lo que parecía un imposible: volver a unir a Augusto Alasino -principal referente del peronismo de La Rioja en la Mesopotamia- con Héctor Maya, hasta hace poco delegado provincial de Adolfo Rodríguez Saá, de quien fue subjefe de la SIDE durante su gobierno de los 7 días. Alasino y Maya venían de enfrentarse por el escándalo del presunto pago de sobornos a senadores por la reforma laboral de Fernando de la Rúa. En aquella batalla, Alasino y Maya -que habían sido aliados en el pasado- ocuparon trincheras antagónicas: al primero se le adjudicó haber recibido favores a cambio de la sanción de la ley, mientras que al segundo se le adjudicó la autoría de un supuesto anónimo que implicaba a Alasino y otros en la presunta trama secreta del pago de coimas.

• Hubo otro entrerriano presente, aunque vía emisarios. Jorge Busti acompañó el acto desde una pancarta que rezaba «Menem-Busti-Rebord» (éste, candidato en Colón, Entre Ríos). Además, hubo una delegación de jóvenes bustistas, llegados de Concordia que responden a Enrique Cresto.

El fanatismo menemista no tiene límites. Un grupo de cordobeses llegó para participar del encuentro de ayer, pero, sobre todo, para entregarle a Menem un diploma que lo declara «doctor del Alma», cuyo grado honorífico es «hijo de Dios».

• Veloces, los especialistas en logística del menemismo estrenaron ayer, con afiches y pasacalles, el nombre que quieren llevar en la boleta que encabezará el riojano: el sello Frente Peronista, cuya reserva ya pidieron, aunque generó otro tironeo cuyo final es impredecible.

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