19 de noviembre 2004 - 00:00

Avatares de la lengua

• El miércoles hubo noche de fuegos artificiales y tangos con Mariano Mores. Los rosarinos salieron masivamente a las calles para asistir a la celebración organizada por el intendente. Frente al Monumento a la Bandera y de espaldas al Paraná se armó el gigantesco escenario donde tocó Mores, escuchado por cientos de jóvenes como si se tratara de un ídolo del rock. Detrás, sobre la costanera, el público observaba a lo lejos el espectacular despliegue de los «fireworks». Los únicos que no estaban felices eran los taxistas: el tránsito sobre la Costanera, desde las ocho de la noche, se transformó en un caos. Parecía una protesta piquetera. Y ésa era la ruta que había que tomar hasta la fiesta oficial, junto al puente Rosario-Victoria, epicentro de los fuegos artificiales. Ya a las ocho y media, los taxistas se negaban a ir hacia allá, y en muchos casos dejaron de a pie a varios acreditados invitados a la fiesta, que se tuvieron que contentar con ver de lejos los fuegos.

La copa de vino que sostenía un académico español se cayó al suelo cuando escuchó ayer decir que Sabato es «canalla» de boca de uno de los organizadores del Congreso. Hubo que explicárselo porque, desde luego, el Diccionario Panhispánico de Dudas será muy completo pero no contempla la acepción de esta palabra, como adjetivo calificativo, cuando se está en Rosario. Ayer, Ernesto Sabato recibió el homenaje de los jugadores de Rosario Central en su propia cancha. Le entregaron una camiseta autografiada. Sabato había manifestado su intención de que el tributo, un día antes del que le hará José Saramago, fuera en el propio estadio, pese a que se había dicho que sería en la más cercana sede del club en el microcentro (y allí se había reunido mucha gente para verlo llegar). Luego de recibir el obsequio se retiró a descansar y no visitó, como también había pedido hacerlo, la casa-museo del Che Guevara.

• Uno de los pedidos de acreditación más estrambóticos que recibió la Secretaría de Cultura fue el de un profesor de la pequeña república centroafricana de Togo. El profesor en cuestión dijo que se había enterado, a través de Internet, sobre la realización de este congreso, y que era una necesidad que él asistiera porque «el español está a punto de extinguirse en Togo», según alertó. Pedía pasajes aéreos, viáticos y alojamiento. Voceros de la Secretaría no aclararon si habían satisfecho su solicitud o no.

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