La designación ya se produjo y falta sólo la formalidad de que Fernando de la Rúa se haga agradecer el cargo. Eso sucederá hoy, cuando el diputado Juan Pablo Baylac viaje con el Presidente a Bahía Blanca, su ciudad, adonde llegará investido de su nuevo rol de secretario de Medios de Comunicación Social.
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Baylac llegará así al cargo por el que tanto luchó en los últimos meses. Lo hará impulsado por varias fuerzas. Una, la de Nicolás Gallo, el secretario general de la Presidencia, quien lo aprecia desde que comulgaban una misma doctrina sobre telecomunicaciones, que quedó cifrada en un dictamen de la Comisión Bicameral de Privatizaciones que De la Rúa debió enfrentar aliado con el PJ.
Otro padrino del aspirante es Rafael Pascual, con quien trabó amistad en la Cámara de Diputados. Y también los decisivos hijos de Fernando de la Rúa, quienes indultaron a Baylac por aquel dictamen sobre desregulación telefónica que también los irritó a ellos, plegados a las posturas de Henoch Aguiar. Ahora Antonio y «Aíto» De la Rúa encontraron un motivo de encanto poderoso para promover a este diputado: al parecer, Raúl Alfonsín lo desaprobó por cuestiones que los separan en la interna de la provincia de Buenos Aires.
Más allá de estas peculiaridades de Baylac, preocupa a un sector del gobierno que en el pasado el diputado haya defendido intereses del monopolio «Clarín» y de otros medios en su anterior mandato como diputado. Entonces integró la Comisión de Comunicaciones de la Cámara y se discutía la Ley de Radiodifusión.
• Condiciones
Según explicaban ayer en el gobierno, el desembarco de Baylac no está exento de condiciones. Una de ellas es que el legislador no quiere compartir sus responsabilidades con Ricardo «Tachuela» Rivas, con quien al parecer tuvo enfrentamientos en un pasado lejano y brumoso, cuando eran colegas. Pero Rivas resistirá, al lado de Ricardo Ostuni, como subsecretario del área. Ostuni, a la vez, mantendrá la condición de vocero. Baylac se inicia de este modo con una limitación de funciones que se completa con su subordinación a Gallo. El secretario general ha conseguido lo que pretendía desde que le dieron el cargo: convertirse en el superior directo de todos los secretarios de la Presidencia, lo que se verifica protocolarmente en que es el único de ellos con acceso a las reuniones del gabinete nacional.
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