21 de mayo 2004 - 00:00

Bettini espera pliego acumulando empleos

Felipe González
Felipe González
Néstor Kirchner deberá algún día especificar cuáles son las convicciones que no ha dejado en la puerta de la Casa Rosada. De tal manera que no se vean contradicciones en hechos como el ocurrido el lunes pasado: el Presidente recibió en su despacho al empresario mexicano Carlos Slim, conducido hasta allí por el lobbista Carlos Bettini. Para ese momento, Bettini ya había sido nominado como funcionario del Estado argentino para ocupar, si el Senado le otorga el acuerdo correspondiente, la embajada argentina en España. No se sabe si la designación es a pesar de su condición de lobbista o a causa de ella. O si, dentro de un tiempo, Kirchner recurrirá al «off the record» con algún periodista amigo para avergonzarse del episodio, como ocurrió con el acto de la ESMA.

Quien promovió a esta posición al candidato a representar al país ante España es Felipe González, también lobbista del magnate mexicano. Hay, es cierto, una diferencia entre Bettini y González, a pesar de la similitud de funciones: González no aspira a ocupar cargos públicos con José Luis Rodríguez Zapatero. Pero Bettini no tiene problemas, por lo visto, en representar a Slim y a la Argentina casi simultáneamente.

• Altruismo

Tampoco Kirchner parece tener inconvenientes en contratar al mismo lobbista. Debería revisar el criterio: con la participación en la audiencia del lunes, Bettini dio una muestra clara de que está más dispuesto a cuidar al empresario que al Presidente. Otra cuestión es la condición de abrepuertas de empresas españolas que se le reprocha a Bettini. Aníbal Fernández, convertido en lobbista del lobbista, afirma que no lo es. Encomiable altruismo el del ministro para ocultar una promiscuidad entre lo público y lo privado que al aspirante a diplomático parece tenerlo sin cuidado. ¿O no lo acusó ya el inefable Ricardo Monner Sans por haber viajado a España con pasajes de una empresa privada sobre la cual Bettini y su jefe de entonces, Nicolás Becerra, tenía a consideración un caso judicial? La empresa fue, según el denunciomaníaco, Cirsa, la propietaria del barco-casino amarrado en la costanera sur de la Ciudad de Buenos Aires. En aquel momento, el procurador Becerra, de quien Bettini era jefe de asesores, debía resolver sobre una ambigüedad espinosa: ¿debía pagar Ingresos Brutos a la municipalidad esa embarcación amarrada a la costa porteña? ¿O estaba exenta de hacerlo por estar flotando en aguas nacionales? Tal vez esos empresarios del juego supusieron -es lo que sospecha el abogado mediático compulsivo-que un viaje de Bettini con todo pago aclararía el dilema jurídico. Como es sabido, las relaciones entre el juego y la política son más que opacas en estos días, tanto por el vínculo entre el casino flotante y el Gobierno de la Ciudad como por las ventajas que han obtenido del gobierno nacional empresas como Casino Club, del patagónico Cristóbal López, un contertulio habitual de Kirchner en Río Gallegos, donde administra uno de sus salones de juego. Que Bettini, representante de la Argentina ante el Reino de España, haya caído en este tipo de incompatibilidades o que se haya propuesto influir sobre Patricia Bullrich (quien ahora recuperó una memoria que había perdido mientras ocurrieron los hechos), son cosas del pasado que se lavan en el Jordán del nuevo gobierno. Lo mismo que el asesoramiento a Elías Jassan, aquel interlocutor de Alfredo Yabrán (le saltaron 100 llamadas en el Excalibur mientras negaba conocer a su amigo), para quien también trabajaron Rafael Bielsa o la jueza Elena Highton de Nolasco. De estos puentes con el pasado se encargará el duhaldismo, que revuelve papeles como nunca antes (ahora aparecieron unos ligados al grupo BAPRO, una fábrica de zapatillas y algunas operaciones inmobiliarias en el Barrio Norte). Más importante para Kirchner debería ser la dificultad política que le creará la designación de Bettini para sus relaciones con España:

• ¿Qué capacidad de presión tendrá Bettini frente a un gobierno, el del PSOE, que le resulta más afín que aquel al cual debe representar?

• ¿Qué confianza le tendrán los opositores a Rodríguez Zapatero, con quienes también deberá relacionarse? ¿Qué sentirán cuando hablen con este abogado? ¿Que lo hacen con el embajador de la Argentina o con el socio de Felipe González? No debe sorprender que un gobierno que agasaja al partido de oposición uruguayo y participa en su campaña, que se abraza al «bolivarianismo» venezolano, que ignora a la oposición en Cuba -como hizo Bielsa-, pretenda relacionarse exclusivamente con una parte de España. Es el riesgo que corre Kirchner con Bettini. Aunque no hay que cargarle a este candidato a embajador todas las culpas: él no es responsable, por ejemplo, de que el Presidente haya desairado a la monarquía de ese país ignorando la boda para la que había sido invitado especialmente.

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