Los dirigentes del PJ que se reunieron en San Vicente la semana pasada, con la coartada de diseñar un mausoleo peronista, decidieron formar un bloque interno y autónomo en el Congreso. Hoy lanzarán su primera iniciativa: una reforma electoral que no esperará el proyecto que promete y demora Aníbal Fernández. Son peronistas de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y Capital. Reúnen más de 50. Los coordinó la mano derecha de Duhalde: Alfredo Atanasof. Es obvio: habrá más tensión con la Casa Rosada.
Importa poco si lo llaman «grupo vagón», como quieren los duhaldistas, o «grupo mausoleo», como lo denominó Néstor Kirchner. Interesa más que la composición política interna que se expresó en el acto organizado por Eduardo Duhalde en la quinta de San Vicente, la semana pasada, tendrá hoy su primera expresión parlamentaria: los diputados de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Capital Federal presentarán su propio proyecto de reforma electoral, si no opuestopor lo menos competitivo con el que elabora lentamente Aníbal Fernández, el ministro del Interior (ver nota aparte). Se trata de un primer chispazo de autonomía del duhaldismo y sus aliados en el Parlamento. Un gesto que se vuelve más interesante si se destaca un dato principal de las relaciones entre Ejecutivo y Legislativo: el ex presidente controla la jefatura de ambas cámaras, a través de Eduardo Camaño y de Daniel Scioli (para destacar: el vicepresidente se exhibió en el vagón duhaldista de un modo desafiante, inimaginable hace apenas un par de meses, cuando Kirchner todavía no había pasado por una crisis de salud). Además de controlar estos recursos, los bonaerenses están en posesión de la presidencia del bloque de diputados del PJ. Nunca antes hubo semejante acumulación de posiciones parlamentarias para un solo distrito.
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El impulsor de la operación es Alfredo Atanasof, quien se ha convertido en el principal gestor de la política de Eduardo Duhalde.
En efecto, Atanasof visitó hace 15 días la provincia de Santa Fe, antes de que Jorge Obeid apareciera subido al vagón duhaldista. El fin de semana pasado el ex jefe de Gabinete visitó a José Manuel de la Sota en Córdoba y consiguió la adhesión del gobernador al proyecto de ley. A última hora, anteanoche, se sumó también Jorge Argüello, duhaldista de la Capital que milita en las filas de Mauricio Macri. El proyecto lleva las firmas de Atanasof, Argüello, Angel Baltuzzi, Fernando Montoya y Humberto Roggero. En total, el subloque que se formó suma más de 55 votos: sería, de hecho, la primera minoría de Diputados. Estará claro para quien observe los movimientos internos del PJ que, tras la saludable decisión de abrir el debate sobre la legislación electoral y la vilipendiada «lista sábana», se esconde mal una exhibición de poder crudo: estos cuatro distritos pueden amenazar al gobierno con una mayoría interna imposible de ser neutralizada por el kirchnerismo, que carece de fuerza propia en el Congreso. ¿Qué sucedería si, en vez de usar la legislación electoral -que requiere dos tercios de los votos-como excusa, estos distritos decidieran, por ejemplo, arrebatarle al Ejecutivo los ATN que maneja el Ministerio del Interior? La coartada podría ser sencilla: al aumentar los salarios del sector público Kirchner desató semejante presión en los tesoros provinciales que ahora se necesitaría una ayuda adicional para equiparar empleados nacionales con sus equivalentes del interior.
• Incomunicación
Si no se quiere ver en el proyecto que se presentará hoy una amenaza para la Casa Rosada, por lo menos se podrá advertir una señal de incomunicación entre el Ejecutivo y el peronismo. ¿Cómo explicar si no que buena parte del bloque de diputados del PJ proyecte una ley tan parecida a la que cocina en su despacho el ministro Fernández? ¿Se rompió la vieja sociedad entre ese funcionario y el jefe de bloque, José María Díaz Bancalari? ¿Regresó Díaz Bancalari al redil duhaldista y se muestra impedido de detener las maquinaciones que se generan en el seno de su bloque?
Son preguntas que Kirchner y sus colaboradores ya se habrán hecho. ¿O nadie les informó que, antes de este conato de autonomía legislativa, Chiche Duhalde emitió un dictamen pesificando las deudas municipales, en contra de la opinión de Roberto Lavagna? La ex primera dama fue más allá en el desafío: suscripto ese pronunciamiento, le pidió una audiencia al Presidente en su calidad de titular de la Comisión de Asuntos Municipales de Diputados. Kirchner todavía no se la concedió. Cuestiones de agenda.
Es cierto que la constitución de un frente federal, con los cuatro distritos principales como socios, cobija una agresividad inquietante para el gobierno. Pero también esconde otros detalles atendibles. Uno de ellos es el tema que eligieron los duhaldistas para mostrar las uñas: una cuestión electoral, materia de Aníbal Fernández.
El ministro del Interior sigue simulando ante los desinformados una armonía con sus antiguos patrones que hasta le hace creer que su candidatura a gobernador podría ser prenda de negociación entre Kirchner y Duhalde. Es cierto que mantiene una relación equidistante con ambos: ninguno de los dos le lleva demasiado el apunte. En el caso del jefe bonaerense, esto es evidente. En cuanto a la indiferencia presidencial, se encargó él mismo de confesarla delante de los expertos en reformapolítica con los que se reúne en la Casa de Gobierno: «El día que Néstor me atienda un rato veremos si aprueba todo lo que estamos planificando», le dijo a uno de sus auxiliares técnicos el martes que pasó.
Si los seguidores de Duhalde se burlan de Fernández, lanzando una ley propia sin esperar a que el ministro les haga conocer su proyecto, también hay una broma para Gustavo Béliz. El ministro de Justicia también pergeña una reforma política, ajena a la de su colega. Los bonaerenses se la tienen jurada: demasiadas agresiones contra la Policía del distrito para que lo esperen en sus proyectos legislativos. Si hasta resulta cada día más dudoso que las leyes sobre Seguridad que envió el Ejecutivo tengan algún día aprobación.
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