Bochornoso show de travestis frustró el debate en Capital
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En el centro, Juan Carlos López, secretario de Seguridad y Justicia de la Capital Federal, junto a los subsecretarios Enrique Carelli (izquierda) y Marcelo Antuña (derecha), ayer durante la audiencia pública por las reformas al código contravencional.
Le gritaron «que se vaya», le hacían sonar un adminículo que emite el cacareo de una gallina y con improperios y chanzas de fuerte tono lograron que nada se escuchara cuando proponía «zonas rojas» y que abandonara el palco en medio de insultos. Ningún fiscal porteño estuvo en el lugar labrando actas por esa contravención, como lo hizo Martín Lapadú el domingo en la cancha de Boca para castigar insultos a los árbitros.
Hubo también reto para otro ex legislador, Fernando Caeiro, también radical pero ahora aliado de Patricia Bullrich; recibió hasta el mote de «ladrón y delincuente» y ni siquiera conquistó a las revoltosas prostitutas cuando criticó a Aníbal Ibarra, algo que reiteraban los que pasaban al frente en igual proporción que a Mauricio Macri. Los travestis no sólo se oponen a penas más duras para las contravenciones como propone el bloque de Macri; también rechazan endurecer algo el Código de Convivencia como lo quiere el oficialismo, creando una figura de reiterancia para castigar la repetición de infracciones y hasta aseguraron que no respetarán el actual código.
La norma en vigencia prohíbe la «oferta de sexo» en la vía pública, pero encuadra el artículo dentro del capítulo de ruidos molestos o alteración del orden.
El propio dirigente de la Comunidad Sexual Argentina, César Cigliutti, pidió en el estrado «la derogación» de ese artículo, el 71, pero igual dijo que «no vamos aceptar», ni cumplir, vote lo que se vote en la Legislatura.
Los travestis se hacían tiempo en la platea para retocarla pintura de sus ojos y labios, mientras no prestaban atención a las exposiciones, salvo cuando acordaban cánticos entre el centenar que fueron: «Lopecito Lopecito, vos sos el cuñadito», aludieron a Juan Carlos López, ex concuñado de Aníbal Ibarra, quien con el rostro totalmente colorado hacía malabares para que el asunto terminara en orden.
• Cabizbajo
Más con la cabeza gacha que en toda la jornada, que comenzó a las 11 y terminó a las siete de la tarde, se la pasó cuando disertó María Angélica, madre de uno de los adolescentes asesinados tras el 20 de diciembre de 2001 cuando miraba con otros dos la televisión en un bar de Floresta.
«Quiero una Policía buena, no esta Policía de m...», fue una de las cosas que le dirigió a López la señora, quien también resaltó sus críticas a la gestión de Ibarra en una catarata en la que exceptuóa Carelli. Así fue el tono de noventa por ciento de los expositores, en contra de las modificaciones del nuevo código que impulsa Ibarra y también el que impulsa Macri, con alusiones especiales a la propuesta más dura, la del legislador Jorge Enríquez, a quien calificaron de «itinerante» y «policía».
Los escándalos se repitieron una y otra vez, «dónde está Ibarra, dónde está», repetía la tribuna y hasta provocó que la de defensora porteña, Alicia Pierini, optara por no hablar a su turno, lo mismo que representantes del Poder Judicial, ante esas condiciones.
La tertulia en el San Martín quedó así acotada a una platea semivacía que ocuparon travestis e izquierdistas, y, en menor medida, piqueteros y asambleístas de barrios, a quienes, sin más opción, se dirigían los expositores que en su gran mayoría se opusieron a figuras como merodeo o acecho, y a bajar la edad de imputabilidad como proponen los opositores a Ibarra.



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