18 de abril 2007 - 00:00

Brasil ofrece ayuda en bases de la Antártida

El vicecanciller, Roberto García Moritán, organizó un comité interministerial para analizar las alternativas políticas que permitan la ejecución de la campaña antártica de verano 2007-2008. La convocatoria surgió como consecuencia del siniestro que destruyó el rompehielos Almirante Irízar, única plataforma del país con capacidad para efectuar los relevos de las dotaciones de las bases antárticas. Hoy por la mañana se realizará el primer encuentro, al que acudirán funcionarios de Defensa, de la Dirección Nacional del Antártico (DNA), oficiales del Estado Mayor Conjunto (responsable operativo de las campañas antárticas) y miembros de la Armada. El tema ganó espacio en la agenda de la Cancillería tan pronto como corrió la noticia de que las reparaciones del Irízar demandarían al menos dos años de trabajo. Así lo había confirmado en público el jefe naval, Jorge Godoy. Eso siempre que las evaluaciones técnicas en el astillero de la Base Naval Puerto Belgrano indiquen que el casco de la nave no sufrió alteraciones por el intenso calor al que estuvo sometido por tres días.

Se sabe que la temperatura elevada cambia la estructura molecular de las chapas que forman el navío. La esencia de un rompehielos está en la potencia de sus motores y en la dureza y el diseño del casco (muy reforzado en la proa), pues es la parte que sufre las presiones del hielo. El buque literalmente se «monta» sobre el hielo y con su peso, más el impulso de los motores, quiebra las masas heladas.

García Moritán tiene una brasa caliente en sus manos; justo 2007 es el Año Polar Internacional y el país participa junto con la comunidad global de investigaciones científicas basadas en la Antártida y su influencia en el cambio climático. Demasiada vitrina para el gusto del diplomático medio que por manual abomina de la exposición pública.

  • Decisión difícil

  • Entre los asuntos más delicados está analizar si se recurrirá a un tercer país con rompehielos (Gran Bretaña, Estados Unidos, Rusia o Alemania) para efectuar el sostén logístico de la Base Belgrano II. Está ubicada en el extremo más austral de la península antártica, rodeada de masas heladas que pueden cerrar el paso a los buques aun en el verano.

    La decisión no es fácil, ¿cómo encuadrarlaen el marco de las idas y vueltas que dio el gobierno nacional con algunos de esos países? Hay alternativas que llevan alivio a la decisión; por caso, ayer se conoció un ofrecimiento de Brasil. La armada brasileña comunicóla disponibilidad del buque polar Ary Rongel para la campaña del verano entrante. No es rompehielos y fue adquirido en subasta internacional por la marina de Brasil, en 1994. Costó 15,9 millones de dólares y anteriormente era el buque polar noruego Polar Queen. Hizo su primera campaña antártica en 1994-95 y dio logística a la base antártica brasileña Comandante Ferraz.

    Rápido de reflejos, el socio mayor del Mercosur se adelantó a la casi segura cooperación trasandina que no tardaría en llegar. Ya existe un programa de colaboración entre marinos argentinos y chilenos, que comparten anualmente la Patrulla Naval Antártica. Pero los lazos científicos con Brasil en la Antártida son más fuertes por estos días; se comparte un ambicioso programa de estudio sobre las emanaciones del gas metano. Como se sabe, no tiene aplicación en el mercado, pero incide en el calentamiento global y es un indicador clave sobre la existencia de hidrocarburos. La oferta del gobierno de Lula da Silva disparó otra solución regional complementaria: recurrir a la solidaridad de los vecinos polares que agrupa la Reunión de Administradores de Programas Antárticos Latinoamericanos (RAPAL). Es un foro de coordinación a nivel latinoamericano de temas de orden científico, logístico y ambiental integrado por la Argentina, Brasil, Chile, Uruguay, Ecuador y Perú. Extraño sino el del país. Como ocurre en el escenario de la defensa, se recurre a las alianzas estratégicas cuando escasean los medios técnicos y los recursos presupuestarios.

    Tras el accidente del Irízar se desempolvaron carpetas de archivo con información relativa a presupuestos para poner en servicio los únicos helicópteros pesados que posee el inventario de material antártico. Son tres Super Puma pertenecientes al Estado Mayor Conjunto -fueron transferidos por un decreto de Eduardo Duhalde- que están consignados al Ejército Argentino. Esta fuerza se encarga del mantenimiento, pero el dinero dejó de aparecer hace ya siete años. No está claro por qué en sucesivos ejercicios ningún ministro de Defensa accedió al reclamo de partidas que efectuaron los jefes de Estado Mayor Conjunto para la puesta en servicio de las aeronaves. Dejaron de volar al término de la campaña de verano de 1999. Ahora cobran importancia, pues el incendio del Irízar se llevó dos Sea King. Tanto los Sea King como los Super Puma son esenciales para completar el combustible que se usa en la Base Marambio para calefacción y generación de energía eléctrica. Los cálculos optimistas hablan de 3,5 millones de dólares para poner en servicio los tres aparatos. Otras voces dicen que sólo pueden funcionar dos de ellos ya que el tercero se usó como fuente de repuestos.

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