15 de febrero 2002 - 00:00

Cacerolas y piquetes amenazan con unirse ahora en la Capital

Eduardo Duhalde
Eduardo Duhalde
El fin de semana le puede brindar al gobierno el peor escenario, el más temido: el encuentro del cacerolazo con los piqueteros. Evitarlo es clave no sólo para aliviar a los vecinos del agobio de otra jornada tensa, quizás violenta. Hoy sigue en Buenos Aires el premier alemán Gerhard Schröder; el domingo llega además Fernando Henrique Cardoso como adelantado de la cumbre de presidentes del Mercosur que comienza el lunes. Con todos ellos el gobierno quiere hablar todos los temas, menos de orden público.

Los piqueteros, pese a la tarea persuasiva explícita y subterránea del Presidente y sus funcionarios, amenazan mañana con llenar la Plaza de Mayo y los activistas de la cacerola se preparan esta noche a recibirlos en la Capital Federal.

La convocatoria de este sector de la militancia intermedia ligada a los sectores bajos del primer y segundo cordón industrial -un padrón tradicional del peronismo- se justifica en un extraño «congreso». Una manera de designar a la retahíla de discursos para animar las pantallas ociosas de la TV de sábado y llamar la atención sobre sus reclamos.

Para el gobierno es grave que los promotores en la Capital de los cacerolazos le preparen esta noche una bienvenida, produciendo el explosivo cóctel que hasta ahora ha logrado evitar, a costa de concesiones como permitir intolerables cortes a los accesos a la Capital Federal o la entrega de casi 90 mil planes Trabajar, que se suman a los 100 mil que, por su lado, aplica el gobierno de la provincia de Buenos Aires.

El cacerolismo es un fenómeno ligado más al padrón porteño que ha dedicado el voto centrista de izquierda y también de derecha, y reclama por consignas más elaboradas como devolución de depósitos del «corralito», rechazo del presupuesto, oposición a la licuopesificación de grandes deudores, renuncia del gobierno, de la Corte, de los legisladores. Una de las asambleas barriales (la de Parque Centenario) ha propuesto en un extremo de unitarismo que hubiera honrado a un Rivadavia, la eliminación del Senado por considerarlo un «bastión federal».

• Propuestas

Inspirados en la teoría de la multitud como actor de la revolución, los doctrinarios del cacerolismo proponen, entre otros reclamos, que funcione un «Canal 4» como emisora comunitaria, y que ocultar información en los medios sea castigado por el Código Penal.

Esos doctrinarios sueñan con que la promesa de su juventud cumpla este fin de semana la unión de clases
.

Es raro que pocos reclamos de este sector se proyecten sobre los gobernantes de la Ciudad de Buenos Aires,
cuyo jefe de gobierno y sus ministros han logrado hasta ahora que sus punteros infiltrados en las asambleas barriales los hayan sacado del bolillero del escrache. Las protestas porteñas prefieren, solidarias con la tradición de su voto, quejarse de que los gobierne un Duhalde al que nadie votó.

No es el esquema que llega con los piqueteros. Ligados históricamente al clientelismo duhaldista, sus dirigentes viven torturados por la pelea con competidores que emergen a cada rato de las bases y les disputan la conducción.
Mantienen acuerdos no escritos con el gobierno bonaerense y la Casa Rosada, que condiciona los favores a la orden del oficialismo de no provocar incidentes, salvo aquellos políticamente direccionados. Como cortar los accesos de la Capital pero en territorio provincial, de manera que la responsabilidad corra por parte de la administración de Felipe Solá. Algo que alegra a muchos despachos del gobierno nacional.

Cumplen en lograr que los piqueteros no repudien la figura de Duhalde (lo mismo que logra hasta ahora Ibarra de los caceroleros)
.

Duhalde
dedicó la jornada de ayer a desplegar todo su know how de puntero bonaerense a desmontar el escenario del fin de semana y tratar de evitar la unión del piquetero con la cacerola que puede arruinarle el panorama. Por la mañana dedicó al tema un párrafo poco feliz: desafió a los caceroleros mostrándolos como beneficiarios de la pesificación de deudas.

«
Hablan de 40 empresas -se quejó- y se olvidan de los cuatro millones y medio de personas que, silenciosamente, están contentas hoy, por eso baten menos cacerolas, porque realmente se nos ha interpretado

Hoy, los caceroleros porteños se empeñarán seguramente en demostrarle que lo interpretan bien y tratarán de redoblar el cacerolazo.

Oportuno como siempre para empeorar la situación que busca remediar, el presidente designado anunció que la Argentina vive
una etapa «preanárquica». Casi una invitación a la acción para quienes creen que lo mejor sería la anarquía total seguida de una purificación salvífera.

• Piqueteros

Por la tarde, Duhalde llamó a su despacho a los activistas de la otra franja de clase, los piqueteros Luis D'Elía y Juan Carlos Alderete y les anunció la cancelación de un pacto previo: paz a cambio de planes Trabajar (ver nota aparte). Estos reclaman que no pueden cumplir el pacto porque el gobierno no les da la exclusividad en el manejo de esas dádivas y los obliga a compartir la responsabilidad con los demás representantes sectoriales en los consejos sociales de los municipios.Ahora discuten una nueva alternativa.

Intentaron explicarle al presidente designado que cuando hay muchas manos en el reparto crece el malestar porque cada cacique mueve a gente para reclamar que le den más que a los otros.
Un mecanismo normal de mercado.

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