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Como ante otros auditorios, Kirchner será subliminalmente comparado con Lula Da Silva, quien estuvo con el presidente de los Estados Unidos durante una tarde, al cabo de la cual dijo que la relación bilateral con Brasil «sorprenderá al mundo». El presidente norteamericano lo calificó de «aliado estratégico para temas hemisféricos y globales». Kirchner se diferencia «ab initio» de su colega brasileño: visto desde la derecha, pretende una política fiscal menos estricta; visto desde la izquierda, tampoco incluyó en la agenda de la reunión la cuestión social, que en el caso de Lula fue la principal preocupación.
El Presidente podrá salir del encuentro con el respaldo político de Bush para sus tratativas con el Fondo. Pero la filigrana de esa discusión merecerá un capítulo especial: Lavagna gestionó hasta última hora un encuentro con Snow o con su segundo, John Taylor, para el jueves.
El interrogatorio a Kirchner no se agotará, claro, en cuestiones económicas. En la mesa estará, probablemente, la titular del Consejo Nacional de Seguridad, Condoleeza Rice, además de Colin Powell (los embajadores James Walsh y Lino Gutiérrez completarán la mesa local). Ellos querrán saber qué lleva Kirchner en la cabeza sobre la agenda crítica de la región: la Venezuela de Hugo Chávez, Colombia y su guerrilla (la participación norteamericana desató una crisis con la administración de Alvaro Uribe), la política de derechos humanos frente a Cuba (crucial por la campaña proselitista de Bush en Florida, lanzada esta semana). Como siempre les sucede a los presidentes latinoamericanos, Washington es el lugar de las definiciones, casi un «juicio final», y esto es tal vez lo más importante de la entrevista para el caso de Kirchner.
El gobierno argentino se propuso hacer también su aporte a la agenda antiterrorista de la Casa Blanca. Por eso, además de mencionar la política sobre la Triple Frontera, se hablará de los antecedentes de la investigación del atentado de la AMIA. Acevedo, que no participará del encuentro pero hará mañana visitas a la CIA y al FBI, acercó un par de carpetas con información que involucra a Hizbollah en la realización del atentado: esa organización terrorista tiene apoyo más o menos encubierto de Irán. Son datos que en Estados Unidos ya se conocen porque los comunicó la SIDE a la CIA durante la gestión de Miguel Angel Toma.
Sin embargo, Kirchner no tiene pensado detenerse en un aporte informativo. A su lado hay quienes aconsejaron anoche avanzar un paso más y, tal vez sirviéndose del escenario que le ofrecerán las organizaciones de la comunidad judía en Nueva York, reflotar la versión sobre presuntas connivencias entre el menemismo e Irán para encubrir el atentado contra la AMIA. «The New York Times» publicó hace un año y con gran estruendo esa teoría en su tapa, con información tomada de la causa judicial (declaración del controvertido «testigo C»), según la cual Carlos Menem habría recibido u$s 10 millones para proteger a los terroristas. Como es sabido, esa imagen de los hechos fue desmentida por distintas fuentes y la publicación quedó asociada a una interna feroz entre peronistas. Habrá que ver si Kirchner restaura esa imagen de los hechos y si llega al extremo de exigir al establishment de los Estados Unidos un arrepentimiento público por la simpatía que sintió en su momento por Menem. Suena insólito pero un reclamo como ése estaría en la línea de lo que hizo en España y de lo que musitaba su entorno en Buenos Aires antes de partir hacia Washington.




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