Cambio, cambio... ¿Cambio?
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Graciela Camaño, Osvaldo Mércuri, Alfredo Atanasof, Eduardo Camaño, Juan J. Alvarez, Chiche Duhalde y Eduardo Duhalde.
La única distracción política del Presidente en su ensimismamiento antes del diálogo con George Bush fue para dar dos instrucciones: parar el canibalismo sobre el duhaldismo residual y reorganizar el justicialismo en Santa Fe. La primera es obvia porque no quiere incentivar el vuelco de los duhaldistas resentidos hacia Mauricio Macri. La segunda puede interpretarse que si no lo asocia quiere que Binner se intranquilice por la posibilidad de perder Santa Fe en 2007, donde con más seguridad podría ganar a gobernador que encarando la elección presidencial nacional.
El problema es que Binner está en la edad justa para aspirar al máximo nivel político nacional antes de madurar demasiado y que Lifschitz puede aspirar a Santa Fe con buena chance.
El «ser España hoy», fruto por partes de 8 años de centroderecha de José María Aznar y de un socialismo inteligente con 14 años de Felipe González y casi dos de Rodríguez Zapatero -con mucho menos brillo pero con economía controlada y con superávit pese a una terrible sequía de 6 meses- puede ser visto también como otra estrategia alternativa para sumar a Hermes Binner que precisamente parece estar en esa línea moderna española.
• Resguardo
Aun cuando el gobierno tenga que mantener resguardos hacia los progresistas que se le plegaron -aunque no aporten votos y en verdad se los espanten- si les inaugura «museos de la memoria», los deja mover algunos fondos o apoya detención de militares más silencios cómplices frente a Cuba, puede calmarlos mientras se autoimpone moderación y la refuerza con la esperanza de un eventual acuerdo con el socialismo. Por lo menos para que se circunscriba Binner a Santa Fe. Un acuerdo así le sumaría moderación al gobierno que perdió más al ser utilizado en Mar del Plata por Brasil para atacar a Bush y ellos llenarse después de abrazos con el norteamericano.
Binner inspira estabilidad emocional. Acaba de hablar bien de Jorge Sobisch, el gobernador triunfante de Neuquén, algo a lo que nunca Néstor Kirchner se prestaría por más disfraz de mesura que le aporte.
«Ser España», entonces, implica muchas adaptaciones sin que haya atrás un «pacto de La Moncloa» que cubra de piedad un cambio.
Por supuesto, si se define por este cambio lo encarará el matrimonio presidencial o planificará que algunos de su entorno -no muy incinerados por intemperancias pasadas- lo hagan como globo de ensayo ante un panorama nuevo que le surgió de los comicios. Puede ser prematuro desde una frase hablar del giro de un gobierno intrínsecamente agresivo hacia socialismos modernos calmos pero vienen dos años más de gestión de este Presidente -por lo menos- y el país necesita normalidad que no aliente violentos, ni trabadores del progreso como el actual sindicalismo exacerbado, ni que siga la inseguridad jurídica, ni continúe el aislamiento del mundo.
El gobierno también sabe que los últimos apoyos que sumó, en la mayoría de los casos con canjes y fórceps, tienen cierta endeblez. Le aseguran alguna fidelidad quizás entre 6 y 8 meses pero siempre le surgirán «minibloques» en el Congreso porque es el modo tradicional de hacer política en la Argentina. Están los que creen poder forjarse un destino político propio abriéndose; los que no reciben o reciben menos favores oficiales (Kirchner siempre ha rechazado esto pero aceptó negociar y canjear favores para la última elección en escala mayor a cualquiera de sus predecesores); están los apurados por necesidades provinciales, se encabritan y no entienden la necesidad de ajustar la economía frente al riesgo inflacionario.
En este Congreso habrá otro factor comprometedor para el oficialismo y la mayoría que logrará desde el 10 de diciembre: es el manejo de las «cajas» que casi seguro seguirán siendo abundantes por la demanda externa no circunstancial sino firme desde que China e India se decidieron a volcar parte de su población al bienestar. Del 2007 en adelante, en cambio, no se sabe quién las manejará y, eso variará adhesiones según se vaya perfilando quién triunfará en la próxima contienda presidencial. Ahora, en elecciones meramente legislativas, fue fácil acordar porque Kirchner aseguraba por dos años ese manejo de fondos ciertamente cuantiosos.




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