Washington y Kabul (AFP, ANSA, EFE) - Al cumplirse un mes del primer bombardeo de la operación Libertad Duradera sobre Afganistán, que hasta el momento parece arrojar magros resultados y una perspectiva también incierta, el Pentágono informó ayer que desde hace una semana se duplicó la cantidad de efectivos de elite enviados a la zona de conflicto, a la vez que se supo que las fuerzas estadounidenses utilizaron en dos ataques una poderosa bomba de casi 7 toneladas, con el máximo poder destructivo dentro del armamento convencional.
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El explosivo utilizado es el Blu-82 o «corta margaritas», ya utilizado en Vietnam y en la Guerra del Golfo, que puede reducir a cenizas un área de medio kilómetro cuadrado.
«La bomba llega en paracaídas y explota a un metro del piso», explicó Peter Pace, vicejefe del Estado Mayor Conjunto.
El lento avance de la opositora Alianza del Norte, a pesar de que los bombardeos están dirigidos principalmente a «limpiarle el terreno», además de lo dificultosas que se presentaron las operaciones para los cuerpos de elite de EE.UU., llevaron a que las autoridades militares impulsaran una nueva fase en la ofensiva. «Aumentó dos veces y media el número de las fuerzas especiales», indicó el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld.
Avance opositor
El Pentágono informó que ayer realizó 100 incursiones y dejó caer 34.000 raciones de alimentos. En tanto, la oposición armada afgana anunció haber logrado un importante avance hacia la estratégica ciudad de Mazar-i-Sharif y tomó los distritos de Zari, Keshende y Ap Kupruk, que a su vez había sido retomado en el fin de semana por los talibanes. «Nada puede detenernos ahora», agregó un vocero del comandante Atta Mohammad, aunque Rumsfeld se negó a confirmar esos avances. No es la primera vez que los opositores hacen anuncios de este tipo, al punto de que la prensa estadounidense ya ironiza sobre sus precarias condiciones de preparación. «Es inútil entrenarse bajo la lluvia», es una de las frases de un comandante de la milicia opositora recogida por «The New York Times».
El portavoz también precisó que la oposición hirió y capturó al mullah Qair, al que presentó como el comandante del norte de los talibanes, y agregó que 200 talibanes murieron. En tanto, se volvieron a producir versiones encontradas sobre supuestos helicópteros norteamericanos derribados. Los talibanes indicaron que una nave se estrelló en territorio paquistaní «tras ser alcanzada el lunes por disparos de mujaidines», explicó Abdul Henan Hemat, jefe de Bajtar, la agencia oficial talibán. «Cuatro soldados estadounidenses murieron y luego de estrellarse la nave, tres helicópteros más rescataron los cadáveres», explicó. Sin embargo, en Washington el general Pace desmintió enérgicamente la información. «No ni cuatro ni más militares muertos en esta nodestrucción», declaró. Además, el Pentágono desmintió que el cadáver de un supuesto espía que los talibanes estarían dispuestos a entregar a Pakistán corresponda a un estadounidense. Por su parte, la agencia afgana AIP comunicó su propio balance del mes de bombardeos estadounidenses: 633 civiles muertos. La cifra sorprendió porque la embajada de Afganistán en Islamabad denunció la semana pasada que los muertos eran más de mil. Al respecto, el diario «The Washington Post» indicó que los talibanes estarían utilizando aldeas enteras como escudos humanos. «Se están volviendo cada día más astutos. Los llevan allí a donde saben que nosotros jamás atacaríamos», relató una fuente militar.
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