La memoria no es, se sabe, un don preciado en la política. Más bien suele ser un tormento para aquéllos de principios gráciles, por no decir maleables, que saltan de barco en barco según cómo se mueva la marea, o cambian hábilmente de jefe y orador de turno.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Pero los hay más intrépidos: los que firman documentos como «pagaré» a su palabra de honor para, eventualmente, evitar un « rodrigazo» al valor de ese compromiso oral. De eso se trata lo que ocurre, por estas horas, en el radicalismo de Buenos Aires.
La historia es así: en diciembre de 2005, un puñado de dirigentes de la UCR acordaron que la vicepresidencia segunda de la Cámara de Diputados sería rotativa, un año -2006- la ocuparía Roberto Filpo y el siguiente, 2007, lo haría Silvia Crocco.
El diputado bahiense Jaime Linares, jefe del bloque UCR de la Cámara baja, salió como garante de ese pacto de caballeros -más allá de que participaba una dama- para que, llegado el momento el firmante Filpo ceda su sillón para que lo ocupe la firmante Crocco. Decidido a quemar los papeles viejos, Filpo se abrazó a la butaca y, aunque se trata de un acuerdo interno del radicalismo, el ex intendente de Ramallo arguye que permanecerá en la banca porque cuenta con el aval y la amistad de Ismael Passaglia, presidente de la Cámara.
A pesar de que nunca rompió sus enlaces con Leopoldo Moreau, Filpo usa la territorialidad que lo une a Passaglia -ambos son de la segunda sección- para mostrarse como un radical K y decir que su permanencia en la vicesegunda es, casi, un sacerdocio para defender al Presidente.
Creativo para los argumentos, blande otro: advierte que si la UCR somete a votación en el recinto la autoridad de la vice, el Peronismo Federal -digamos el PJ oficial que se alinea con Néstor Kirchner vía Díaz Bancalari- pujará para quedarse con el sillón.
Con esto, el radicalismo no para de partirse una y otra vez. De hecho, todavía está caliente el ruido por la división que generó la convención provincial que sesionó en Las Flores. Ahora, en tanto, se discute si se respetará -o no- el acuerdo de la vice rotativa.
Crocco, radical K con extensiones en Mario Meoni, intendente de Junín -uno de los primeros radicales en hablar de concertación- confía además que si sus propios correligionarios no honran lo escrito, sea el kirchnerista Fernando «Chino» Navarro quien lo haga.
Dejá tu comentario