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Excusa
La fractura partidaria le restará relacionistas públicos en el interior a Chacho, quien tratará de contener a los que todavía no se exiliaron. Los 4 diputados que armaron el bloque Frente para el Cambio por afuera de la Alianza -la jefa de las azafatas, Alicia Castro, el intransigente Gustavo Cardesa, el abogado Ramón Torres Molina y el auyerista Alfredo Villalba-militan en territorio bonaerense, aunque tienen sucursales de segundo nivel en otras regiones del país.
Salvo que se les sumara el entrerriano Federico Soñez (quien prometió marcharse de la bancada conducida por Darío Alessandro) o el cordobés Humberto Volando, es cierto que no se alistaron entre los «rebeldes» muchos caciques ajenos a la provincia de Buenos Aires.
La división doméstica podría traer aparejado otro conflicto, menos estratégico y casi espiritual, pero que podría terminar en Tribunales. Se trata de una disputa por el fallecido Auyero.Vi llalba, además de reivindicar la plataforma electoral de la Alianza, pretende recuperar la figura del desaparecido dirigente socialcristiano, cuyo nombre utiliza Alvarez para hacer política y organizar las discusiones provinciales.
Los «rebeldes» quisieran llevar ante los jueces esta pulseada de índole ética y hasta estética: a quién si no a ellos les corresponde administrar la herencia testimonial de Auyero, de la cual Alvarez ya no es digno, tras la mutación al pragmatismo aliancista. Están más que entusiasmados con la idea de «birlarle» los equipos técnicos, que quedaron sin destino hasta el desembarco de Mitre desde aquella noche en que Auyero polemizó con Eduardo Amadeo (demonizado como si fuera un involuntario «killer» mediático) en el programa «Hora Clave».
Quienes se reconocen discí-pulos fieles del fundador de Democracia Popular sueñan con tomar por la fuerza la fundación.
Si bien Villalba se conforma con resucitar el Centro de Estudios Programáticos que fundó Auyero y poner a trabajar a los especialistas «progre» en propuestas para el Frente para el Cambio. Este instituto dio origen a la Fundación Auyero que ahora, luego de haber sido reciclada, sirve de think tank del chachismo reformista.
Provocación
Obviamente que Alvarez use la figura de uno de los primeros aliados del Frente Grande suena a provocación para Castro, Cardesa y los demás que se fueron del oficialismo por cuestión de principios. También que el cavallista del Frepaso Marcos Makón sea uno de sus habituales conferencistas.
Villalba y compañía recuerdan que el mismo líder frepasista estuvo a punto de ponerle la faja de clausura a la fundación, después de que -dicen-se la empleó de pantalla para hacer «caja» durante la fallida campa-ña de Graciela Fernández Meijide a la gobernación de Buenos Aires. Antes de que acusaran al Frepaso de poner en práctica los peores vicios de la «vieja política», Chacho pudo sanearla.
Tras su eyección de la vice-presidencia, nominó a uno de sus hombres de confianza, Ricardo Mitre, para liderar el proceso de purificación. Mitre estaba disponible, pues había desertado junto a Alvarez del Senado, donde se desempeñó como secretario administrativo. Lo que no pudo hacer como «cleaner» en el Congreso, por culpa de la mayoría peronista --por supuesto-, lo logró en la Auyero que, a ojos chachistas, había llegado a convertirse en una versión en escala del ex Concejo Deliberante porteño que no denunciaban porque desnudaba las miserias de entrecasa.




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