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PRESENTE
Es cierto que en 1997, y justamente en ejercicio de su condición de convencional, usted se opuso a la coalición con el Frepaso y con otras fuerzas políticas. Pero en 1999 la Alianza ganó las elecciones de renovación presidencial, y usted fue ministro de ese gobierno, desde el primer día. En este caso y con más certeza todavía, su aceptación del ministerio implicó convalidar la decisión aliancista del radicalismo. Con todo respeto, señalamos que la utilización actual de ese argumento parece más bien un recurso justificatorio que una razón válida y atendible.
Usted afirma que al radicalismo le falta cultura de gobierno. Tal vez, porque -de acuerdo con la tradición Yrigoyeniana -la razón inicial de su creación no fue la de ocupar el gobierno, sino la de garantizar la soberanía popular y el sistema de valores en que se apoya. Tal vez, porque una parte sustancial de la vida partidaria transcurrió en la clandestinidad, la ilegalidad o la persecución.
Al analizar esta cuestión, es importante distinguir entre gobierno y poder.
Aun a pesar de las circunstancias que lo alejaron del gobierno, muchos de los cambios producidos en la estructura política, social y cultural de la Argentina del siglo XX sólo pueden explicarse a partir de la presencia de la UCR en el escenario nacional. Si definimos el poder como la capacidad de influir sobre las decisiones sociales, está claro que el radicalismo siempre fue un partido con poder, aun cuando no estuviera en el gobierno.
En ese sentido, no es legítimo imputarle la frustrante experiencia de los últimos dos años, porque fue la conducción política del Estado la que destruyó la coalición que la apoyaba, se alejó de su propio partido, y careció de capacidad intelectual y material para crear nuevas bases de consenso que le permitieran seguir gobernando. Sus "propias experiencias en el gabinete nacional" no fueron más que la manifestación visible de las actitudes de un poder político que adoptó un método de toma de decisiones errático, cerrado y excluyente, no tuvo capacidad para sostenerse a sí mismo, y de esa manera perdió la oportunidad de evitar -o por lo menos, disminuir- la terrible y dolorosa crisis actual. Porque usted coincidirá en que, cuando se trata de analizar los resultados de un gobierno determinado, el primer nivel de responsabilidad corresponde, clara y distintamente, a quienes lo condujeron y esa responsabilidad es histórica e intransferible.
Desde enero último, igual que siempre, el radicalismo intenta sostener las instituciones. Otra vez aparece la falta de distinción entre poder y gobierno. La UCR no está en el gobierno: procura utilizar lo que resta de su poder para completar el proceso de transición hasta el 2003, y evitar simultáneamente los riesgos de la anarquía y el autoritarismo. En ese marco, tratamos de contribuir desde el Congreso para que la Argentina conserve algún grado de orden institucional y preserve las bases del Estado de Derecho.
Por otra parte, parece inexacto, injusto y poco científico sostener que "la destrucción de las bases del sistema económico argentino" se produjo por las políticas ejecutadas entre enero y marzo de este año. Sabemos que no es su intención, pero esa frase podría entenderse como destinada a liberar de responsabilidad a quienes en los noventa multiplicaron el gasto público más allá de toda tasa de crecimiento, dislocaron el funcionamiento del Estado y nos endeudaron hasta colocarnos en situación de indefensión.
Ahora, usted ejerce el derecho de optar por otro camino que a partir de los mismos ideales democráticos, define como más serio, eficiente y disciplinado.
Desde un punto de vista especulativo, no hay dudas que este es un momento oportuno para irse del radicalismo. Nuestra relación con la sociedad está fuertemente deteriorada. Los dirigentes políticos estamos acusados de corrupción e ineficiencia, y la gente generaliza esa acusación, sin voluntad para distinguir entre calidades y comportamientos diferentes. Costará mucho superar esta etapa tan negativa. Habrá que hacerlo con imaginación, convicción y capacidad de renunciamiento. Es decir: tendremos que empezar de nuevo, impulsando el espíritu transformador de las nuevas generaciones y reconstruyendo los componentes morales de la democracia. Nosotros nos quedamos acá, asumiendo la cuota de responsabilidad que nos corresponde, con la esperanza- sólo la esperanza- de ayudar en esa tarea. Lo que nos queda de vida lo dedicaremos a ello, porque Yrigoyen nos enseñó que hay que ser radicales en todo y hasta el fin.
Por eso, lamentamos su alejamiento. Le deseamos suerte.
Angel Rozas
Presidente del Comité Nacional de la UCR
Juan Manuel Casella
Vicepresidente 1º del Comité Nacional de la UCR




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