Eduardo Duhalde y la institución de los indultos tienen una vieja relación. El último episodio que la fortaleció ocurrió el viernes, cuando volcó su clemencia sobre el abogado Amado Alejandro Vecchi, condenado por el Tribunal Oral Nº 6 de la Capital Federal y por la Sala II de la Cámara Nacional de Casación Penal en una causa por estafa. Vecchi tuvo siempre una relación estrechísima con Duhalde, como abogado de la familia de José Luis Cabezas en el caso del horrible asesinato del fotógrafo en Pinamar, del que el último viernes se cumplieron cinco años. Precisamente el día de ese aniversario se publicó el indulto en el Boletín Oficial.
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La condena, en doble instancia, que pesaba sobre Vecchi tenía que ver con acusaciones anteriores a su participación en el caso Cabezas. Sometía al abogado a la pena de dos años de prisión en suspenso con inhabilitación especial para el ejercicio de la abogacía por cuatro años.
Este castigo fue suspendido por Duhalde con argumentos inusuales, algunos de los cuales seguramente reclamarán para sí otros profesionales que resulten condenados por estafar a terceros a la hora de la sanción. Por ejemplo, Duhalde considera que para evaluar la situación de Vecchi no solamente habría que tomar en cuenta «los aspectos técnicos» (al parecer un eufemismo para referirse a la estafa). Habría que observar también «el superior objetivo de contribuir a la paz social y a la reconciliación de los argentinos con sus instituciones». Como se ve, una frase críptica, que enardecerá sin duda a quienes acusaron a Vecchi por estafa: ¿cómo contribuye la decisión de Duhalde a reconciliarlos con las instituciones? ¿O serán extranjeros? Sea como fuere, ahora les queda sólo el cacerolazo para aliviar su problema.
Otra afirmación de los considerandos del indulto que llama a curiosidad es que se perdona a Vecchi porque «la pena aplicada impide el ejercicio de la profesión a quien ha dado muestra de su abnegación y capacidad profesional en la investigación y esclarecimiento de casos judiciales de amplio dominio público». Además, habría que indultarlo porque la suspensión de la matrícula «coarta el derecho a trabajar consagrado por nuestra Constitución nacional y los tratados internacionales que nuestro país ha suscripto y que tienen rango supralegal». Siempre se pensó que, precisamente, el castigo de suspender la matrícula tenía por fin impedir por un tiempo el ejercicio de la profesión (el derecho a trabajar custodiado constitucionalmente es casi una ironía para un país con cerca de 20% de desocupación).
El presidente designado toma en cuenta también que, presumiblemente, Vecchi fue acosado judicialmente por su actuación en el caso Cabezas (seguramente la condena por estafa no entra en el rubro «acoso» porque la imputación es anterior al asesinato del periodista). Finalmente, Duhalde arguye que indulta al condenado Vecchi porque le consta el «patriotismo y la abnegación» con que se desempeñó en el caso Cabezas «pese a los peligros que ello implicaba».
• Sombra
Vecchi podrá seguir ejerciendo su profesión aunque el Decreto 181/2002 echará otra sombra sobre su figura, ya bastante vapuleada por versiones y penumbras: desde la que afirmaba que los honorarios por su «patriotismo y abnegación» los abonaba el erario bonaerense hasta las que afirmaban, con demasiados detalles, que había tenido más de un encuentro con Alfredo Yabrán en una quinta del conurbano, difíciles de explicar mientras se discutía la autoría del crimen de Cabezas.
A Duhalde tampoco lo enaltece esta tendencia a indultar que ya debió pagar cara ante la opinión pública en 1990. En noviembre de aquel año, aprovechó un interinato como presidente (entonces era el segundo de Carlos Menem) para indultar a dos procesados por la instigación al crimen del concejal de Chacabuco Máximo Gil, en 1975. En esa oportunidad se realizó una marcha en repudio a la medida, en Chacabuco, y los dos beneficiarios -el matrimonio de Luis Sffaeir y María Elena Nin Zarachaga- rechazaron el perdón considerando que no contribuía a la pacificación del país.
De nuevo echó mano de la figura del indulto Duhalde cuando se puso él mismo al frente de la investigación del caso Cabezas y ofreció perdón por adelantado a quienes se autoincriminaran. Después cambió de postura y promovió la figura del arrepentido, que no consiguió hacer aprobar en el Congreso por el temor a que la usara para exculpar a policías bonaerenses en la causa por el atentado a la AMIA.
Otras veces, en cambio, se opuso públicamente a la utilización de ese instituto. Sucedió eso, por ejemplo, cada vez que se rumoreaba que Menem podría beneficiar con el indulto a Mohamed Alí Seineldín o a Enrique Gorriarán Merlo.
Quienes conocen la relación estrecha entre Duhalde y Vecchi saben que la motivación para indultar al abogado condenado por estafa fue absolutamente individual por parte del Presidente. Jorge Vanossi, el ministro de Justicia que firmó el decreto con él, apenas habrá aportado los considerandos o ni siquiera eso, si se tiene en cuenta la debilidad de esas razones.
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