Indirectamente ayer Domingo Cavallo, a través de uno de sus principales colaboradores y seguidores, avaló el proyecto de profunda reforma política presentado por el justicialismo. El titular de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), Armando Caro Figueroa, incluso fue más allá y propuso que si la clase política no avanza en este tipo de proyectos se lance un plebiscito para que el público decida si quiere o no la reforma de la política. La consulta popular, según dijo Caro Figueroa durante un almuerzo organizado ayer por el Club de la Unión Nacional, debería implementarse si «están bloqueadas las líneas institucionales» para avanzar en la reforma.
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El proyecto que presentó el PJ, cuyo contenido adelantó este diario, incluye entre otras ideas la reducción en la cantidad de senadores y diputados, la asimilación por parte de esta última cámara de la Jefatura de Gabinete, la eliminación de organismos que cuestan $ 800 millones por año, como el Consejo de la Magistratura, y la concentración de los controles del Poder Ejecutivo en el Tribunal de Cuentas de la Nación, entre otros puntos que reducirían los gastos del Estado en más de 3.000 millones de pesos.
En concreto, Caro Figueroa afirmó que «llegó un momento en la Argentina donde necesitamos un nuevo sistema de toma de decisiones» en el que «los políticos cedan privilegios». Ante la pregunta de Ambito Financiero sobre si lo que defendía era similar a la propuesta que lanzó el PJ, Caro Figueroa dijo: «Efectivamente, coincido con ese proyecto», asegurando además que el resultado del proyecto «sería perfectamente asumible por el país».
Mientras tanto, la avanzada de Cavallo sobre estos temas la hizo ayer Armando Caro Figueroa con estos dichos: Es necesario modificar el sistema de toma de decisiones y reformar la estructura y el gasto de la política. El principio de esta reforma debe nacer e implementarse desde la propia clase dirigente, pero cuando un país está en una encrucijada como la actual, debe utilizar todos los instrumentos posibles y permitidos, incluso los de emergencia, para solucionar sus problemas.
* Generalmente los que intentaron una reforma de la política dentro de las mismas instituciones terminaron renunciando. Por eso sería positivo ahora estudiar una reforma política a través de un plebiscito si siguen bloqueadas las salidas institucionales. Hoy un plebiscito de este tipo se llevaría puesta a la clase dirigente.
* Coincido, en líneas generales, con esa propuesta (en relación con el proyecto del PJ). Este tipo de reformas es el que debe implementarse. El resultado de una modificación de las estructuras políticas de ese tipo traería un costo asumible para el país.
* El principal problema de la Argentina es que la toma de decisiones y los poderes están atomizados. Circulan demasiadas ideas y a algunas ni siquiera las podemos llamar de esa forma. Algunas directamente son exabruptos.
* En la Argentina tienen un peso excesivo las corporaciones, que a veces confunden al ciudadano, manipulan los acontecimientos y ponen el interés sectorial por encima del general.
* Ese mundo corporativo también está atomizado, tanto en los sectores sindicales como en los empresarios. Directamente no pudieron organizarse.
* Necesitamos avanzar en un nuevo sistema de toma de decisiones. Nos preguntamos: ¿cómo los políticos se van a hacer el harakiri? ¿Cómo van a ceder ante las presiones de eliminar sus privilegios? Simplemente lo van a tener que hacer.
* En la Argentina no hay dos partidos, hay un solo partido con diferentes siglas que funciona como el PRI mexicano. Este partido único de la Argentina tiene que asumir la condición de reformarse a sí mismo.
* En el país no hay política social porque ese partido único considera estas políticas como una herramienta más.
* El movimiento obrero no tuvo capacidad de definir su rol. Hoy defiende intereses que no son de los trabajadores. En el movimiento obrero reina la confusión total. Se reemplazó la representatividad por el que dice la frase más ingeniosa.
* El objetivo de las medidas que lanzó el gobierno es defender la renta y el ahorro de los argentinos.
* La convertibilidad debe seguir siendo la posibilidad de cambiar libremente un peso por un dólar. Hay muchas maneras de interpretar el déficit cero. Una es la antiestatista, que implica cortar gastos como una mortadela. Ese es el mal camino. La otra es administrar una reestructuración del gasto, sin abandonar las políticas activas.
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